SILVERSUN PICKUPS



Hay fórmulas que, pese a no ser la más bonita, o la más perfecta, o la que más pasta tiene detrás, triunfan incontestable y justificadamente. Si es verdad que el ser humano es tan racional como irracional, se demuestra en este tipo de casos; en casos como Silversun pickups: la fórmula natural del exito.

(Y aclaremos una cosa fundamental antes de continuar posteando: cuando hablo de exito no me refiero al número de ventas, premios, o aceptación de crítica y público (que también). El mayor triunfo de un grupo de música es, para mí, la creación y el desarrollo de un estilo propio: alcanzar un dominio total sobre la propia creación artística. El exito de Van Gogh fue únicamente interno: perfeccionó su técnica, absorbió influencias, depuró su lenguaje y nunca cejó en su empeño. Alcanzó la excelencia artística, al margen de los demás (para su desespero, eso sí). Ese es el mayor triunfo de un artista, porque cualquier crítico puede encumbrar a cualquier mierda.)

No pretendo comparar Silversun pickups con Van Gogh, pero será gracioso buscarlo en google! El caso es que esta banda californiana tiene una fórmula que les ha permitido triunfar, porque tienen un sonido propio. Los fans sabemos muy bien lo que vamos a escuchar cuando ponemos el Carnavas (2006) o el SWOON (2009); sabemos perfectamente la sensación que producen todas sus canciones, lo que nos va a aportar, y el desahogo que vamos a sufrir. Porque, ante todo, son tremendamente coherentes, en sus dos Cds.

La comparación más repetida es con los Smashing pumpkins. SWOON podría estar repartido entre los más adornados Mellon Collie & the Infinite Sadness, Adore y Machina, y a nadie le extrañaría demasiado. Silversun pickups, al ser más pequeños que Smashing pumpkins, son más limitados pero también más compactos. Un rock oblícuo: entre la melancolía y la arrogancia y el orgullo despechados. Guitarras que, aunque abatidas en vuelo, siguen planeando esperanzadas. Una percusión laberíntica que nos recuerda que el Minotauro sigue suelto, y no solo en las peores pesadillas. Y los arreglos, el teclado y toda esa profunda ambientación, que hacen que los temas nunca te aburran...

SWOON es un disco de rock alternativo, cercano al noise, al space rock, con un sonido heredado del grunge y con pequeñas huellas de dreampop. Es una fórmula, a parte de muy personal (pese a las comparaciones), potente, un poco basada en la atractiva voz de Brian Aubert (muy coreada por Nikki Moninger), y muy directa, con estribillos y finales fuertes e hipnóticos.

Y por si a agluien le interesa, han vendido casi un millón de copias entre los dos Cds, han teloneado a Wolfmother, Snow patrol, Foo fighters, Kaiser Chiefs (presentando Carnavas), a Placebo y a Muse (tras el SWOON), y fueron nominados al Grammy 2009 como mejor artista revelación, aunque perdieron. Todo eso desde el modesto sello californiano Dangerbird Records.


Panic switch

Substitution

The royal we

HIDDEN ORCHESTRA



A priori, todos los géneros musicales pueden llegar a ser mezclados entre sí, ¿por qué no? Ahora, también es cierto que el que mucho abarca, poco aprieta. Partiendo de estas dos bases, escuchemos Hidden Orchestra, el proyecto de Joe Acheson donde pretende fusionar el jazz, post-rock, trip-hop, downtempo, electrónica y música clásica de cámara, y juzguemos si algo así es concebible. NIGHT WALKS es su primer trabajo, producido por el sello británico Tru Thoughts (que hicieron debutar a Bonobo con su Animal magic), y es algo que no se encuentra todos los días.

Hidden Orchestra son escoceses: Tim Lane y Jamie Graham tocan dos baterías a la vez (debido a la influencia de Gene Krupa, el primer batería superstar), Poppy Ackroyd se encarga de teclados y los violines y Joe Acheson, a parte de componerlo todo, toca el bajo y manipula samplers electrónicos. A esto hay que sumarle, para la grabación en estudio de NIGHT WALKS, el cello de Su-a Lee, la trompeta de Phil Cardwell, el corno francés de Marcus Britton, y un saxo soprano, una flauta travesera turca kaval, y una flauta dulce irlandesa low whistles, interpretadas por Fraser Fifield. Acheson, un auténtico hombre-orquesta, dirige todo esto de una manera impensable, aunque con una clara tendencia hacia la electrónica, el downtempo en concreto, y la constante presencia del concepto de grupo de cámara.

Desde luego, el mayor logro en cuanto a fusión, es el temazo que abre el Cd: Antiphon. Sobre una base de trip-hop se desarrolla una estructura que, por momentos, recuerda a cosas de Red sparowes, de Godspeed you! Black Emperor o incluso de Mogwai. A partir de aquí, no hay ni rastro de rock. Acheson se declara fan de Radiohead para justificar su intento de fusión, pero para alcanzar el genuíno estilo de rock etéreo de los ingleses, ese rock elíptico que hasta puede carecer de guitarras, hace falta mucha experiencia en el rock 'n' roll convencional. A Acheson le falta, y se nota.

El rock fuera. El resto de elementos, sin embargo, sí que están más equilibradamente presentes a lo largo del disco. La métrica de sus canciones varía desde el trip-hop y el downtempo hasta algo cercano al drum & bass, pero siempre elegantemente adornada por un abanico instrumental considerable, samplers con sonidos naturales, y la ácida entonación del jazz vanguardista. El resultado es un sonido, por momentos, tremendamente cinematográfico, elegante por lo elevado de la conjunción intrumental y un ejemplo más de que, con el tiempo, sí puede llegar a existir una música clásica posmoderna.

NIGHT WALKS es un disco interesantísimo, sorprendente, refinado y de aire distinguido. Un sonido en la línea del Motion y del Every day de Cinematic Orchestra, y también, aunque con bastante menor habilidad para el jazz, cercano a la sublime propuesta de Portico Quartet, Knee-deep in the North Sea. ¿Electrónica elegante, o jazz modernista?


Dust

Footsteps

Strange

COCTEAU TWINS



Iniesta y yo somos coetáneos del Dream pop.

Cocteau twins
es un grupo de los '80, de los pies a la cabeza, y sin embargo me encanta. Buscando fotos suyas encuentras peinados cardados y alguna que otra hombrera, claroscuros pasados de moda y poses retro que ya nunca serán vintage. Su sonido, sin embargo, tiene mayor amplitud de fronteras temporales que su estética, porque en su día abrieron puertas que otros artistas no sabían ni que existían. Cocteau twins: Robin Guthrie y Elizabeth Fraser (y el bajista Simon Raymonde), los creadores del dream pop.

El exito de este trío escocés está íntimamente ligado a Ivo Watts-Russel (a quien dedican el tema Ivo) y al nacimiento del sello británico 4AD, una de las compañías independientes más importantes del Reino Unido. Cocteau twins, de hecho, es su primer gran producto. TREASURE es su mejor trabajo, el tercer disco de estudio, pero el primero donde exponen su doctrina musical, mucho más perdurable que las hombreras y la estética, en general, de los '80.

Lo que proponen Fraser-Guthrie-Raymonde a partir de este disco es bien sencillo. Sus primeros dos Cds, Garlands (1982) y Head over heels (1983) son claramente enmarcables entre el post-punk y el dark wave, un sonido algo gótico, oscuro y áspero, creado en base a la percusión de un equipo Roland 808, al marcadísimo bajo de Guthrie y a la extraña y adictiva forma de cantar de Liz Fraser. Pese a que Head over heels ya es un avance con respecto al sonido hueco de su primer trabajo, la auténtica revolución llegaría en 1984 con TREASURE: la creación de un decorado, de un ambiente. Cocteau twins encendió la luz en la habitación del post-punk, del rock crudo de principios de los '80. Otorgan tridimensionalidad a una línea musical, la que practicaban, carente de decorado, de espacio interior y de un "alrededor". Cocteau Twins rellena las estancias de diferentes luces y sombras, de texturas inimaginables, de un aire poroso y opaco que crea figuras de humo con el paso de la luz.

Con TREASURE nace el dream pop, algo que Mecano también hizo a su manera. Es la ensoñación del pop, porque toda imagen propuesta está extrañamente dilatada, destemplada caóticamente. Porque el decorado que montan es tan digno como inestable. Es pop, al fin y al cabo (el post-punk ha quedado muy atrás), con melodías abiertas y ritmos complacientes, pero un pop onírico e irreal, por lo que puede permitirse cierta dosis de oscuridad, de sombras abruptamente proyectadas, de reflejos escurridizos de fuentes nocturnas y de ecos tintinados que engalanan la increíble voz de Liz Fraser.

No sabría cuantificar la influencia de este grupo en la cultura musical de los últimos 25 años, pero la técnica de canto de Fraser, envidiada e imitada hasta la saciedad, y las originales composiciones y atmósferas creadas por el trío, fueron una auténtica referencia en su sector musical durante el resto de la década. Lo que siguió al TREASURE es mucho menos impactante, son tímidas réplicas del terremoto del '84. Sacados de la década que les vio nacer, su fuerza decae definitivamente, pero siempre serán una parada irrechazable cuando volvamos a los '80.


Cicely

Amelia

Persephone

ARCADE FIRE. Madrid, 20-11-2010.



Arcade Fire: el mejor directo del mundo.

Eran las 9 de la noche, y el Palacio de los Deportes de Madrid, ya casi al completo, esperaba ansioso la aparición de uno de los grupos de rock más aclamados del momento. Faltaba aún media hora, pero nadie quería perderse ni un acorde; la expectación se respiraba en un ambiente de comprensible sobreexcitación. Normal, pues finalmente nadie saldría defraudado, nadie saldría sin el rastro de una sonrisa, sin el ritmo sin tregua integrado en sus andares, sin un coro celestial de rock independiente pegado a su memoria. Por fin, a las 21:45, con algo de retraso y un pabellón totalmente abarrotado y preparado solo para lo mejor, dio comienzo el impresionante recital de Arcade Fire: la banda más en forma del momento.

Lo de la otra anoche fue una auténtica avalancha de música indie, de principio a fin; de rock barroco, de talento, vitalidad y energía; un despliegue de lo mejor y más deseado de esta formación orquestal y coral fundada por el matrimonio Butler-Chassagne. Desde la publicación de su tercer álbum, The Suburbs, el 2 de agosto, Arcade Fire no han parado. Recorrieron los festivales de verano en Europa y Norteamérica, y tras un mes de descanso, vuelven en otoño a nuestro continente para una corta gira que comenzó ayer en Madrid. Como viene siendo habitual, dieron comienzo al show con 'Ready To Start', y ya desde entonces se metieron al público en el bolsillo.


Un comienzo arrollador donde también sonó 'Month Of May', 'Laika' y la deliciosa 'No Cars Go', coreada por los 15.000 asistentes. Los ocho componentes del grupo llenaban el escenario con absoluta comodidad, y el Palacio de los Deportes se les quedó pequeño. El intercambio de instrumentos, las bromas y guiños a Monthy Pyton y el delicado bailoteo de Regine Chassagne, protagonista en 'Haití' y 'Sprawl II', fueron, de nuevo, santo y seña de esta banda de Montreal. El ritmo se calmaba, y la puesta en escena, limpia y cálida, creó un ambiente de absoluta comunión. Tras 'Modern Man' y 'Rococó', Win Butler retomó las riendas interpretando al piano 'The Suburbs', elegante y de impecable sonido. La conjunción instrumental de este grupo es algo insuperable, sublime.

Es una banda muy unida, donde reinan la alegría y la espontaneidad al servicio del talento. Tras una hora de concierto, y después de 'Crown Of Love', ese talento se descubriría en toda su grandilocuencia. 'Neighborhood #1 (Tunnels)' volvió a levantar al público como si fuera un enorme manto movido por el viento. Empezaba un proceso catártico: la gente coreaba encandilada, y ellos se lo pasaban en grande. 'Keep The Car Running' puso en pie hasta a los asientos; nadie olvida una zanfona en directo. Habían decidido acabar pronto, pero hacerlo a lo grande: 'We Used To Wait', 'Power Out' y 'Rebellion' como falsa despedida. Pocas veces he visto a un público tan unánimemente entregado, tan empapado de energía y felicidad como durante ese falso último tema.

ara el bis solo dejaron 'Intervention' y, cómo no, 'Wake Up', su último gran himno. El público, elevando al unísono los brazos, parecía una inmensa pradera en movimiento, cebada agitada por el viento, por una ráfaga impagable de extraordinario y glorioso rock. Arcade Fire son ya un grupo de culto, élite musical de esta década; noches como la del otro día así lo corroboran, porque dejan huella. Prácticamente inclasificables pero inconfundibles.

Lo único malo del concierto fue el sonido, que no satisfizo a todos por igual, la escasa aunque intensa hora y media que duró el recital, y el hecho de que el final, dado el ritmo que adquirió el espectáculo, no acabara de manera más mágica: esperaba que el grupo se elevara durante 'Intervention', y desapareciera en un brillante chasquido, en un éxtasis explosivo del mejor rock en directo del mundo. Madrid elevó, anoche, a Arcade Fire al Olimpo de la música; un éxito sin precedentes, previsible, eso sí, desde que en agosto se agotaran las entradas. Compadezco al que se lo haya perdido.


AFGHAN WHIGS



De pioneros y visionarios.

En todos los movimientos sociales, incluídos los culturales y, dentro de ellos, en todos los movimientos musicales, podemos identificar a una serie de pioneros que, con el tiempo y cierto éxito, han acabado siendo considerados visionarios. El grunge, por ejemplo, no habría sido el fenómenos que fue sin la apuesta que en su día realizó el sello Sub pop. Fundado en 1986 en Seattle, sus primeros años se caracterizaron por lanzar al mercado a artistas como Mudhoney, Soundgarden o Nirvana: la florinata de la escena local. Ninguno duró demasiado de todas formas, en un sello que nunca pasó de modesto.

Pues bien, Afghan wighs fue la primera banda de fuera de Seattle que fichaba por esta discográfica impulsora del grunge. Procedentes de Cincinnati, Ohio, y con galopantes problemas internos, Afghan whigs, que no fueron excesivamente apreciados en su momento, han ido acrecentando la concepción que se tiene de ellos como un grupo de culto del rock americano. Se separaron en 2001, tras un largo período de decadencia interna. No obstante, nos dejaron dos discos maravillosos: GENTLEMEN (1993) y Black love (1996), una vez que Sub pop cedió al ya maduro grupo a una discográfica grande como era entonces Elektra.

El sonido de Afghan whigs, por lo tanto, debería ser fácilmente enmarcable, con claras coordenadar geográficas y temporales. Sin embargo, no es un grupo 100% grunge, ni mucho menos. Lo que más me gusta del GENTLEMEN es que detrás de cada canción se esconde una balada; los ritmos son mucho más delicados y la textura infinitamente más suave, limpia y cuidada que las de cualquier banda genuinamente grunge. En cierto modo anticiparon, antes de su defunción definitiva, la evolución de la escena: hacia ese pesado y sentido rock alternativo, de profundos orígenes enraizados en Seattle, en la maravillosa Era Nirvana (1987-94). Una evolución que Chris Cornell (Soundgarden, Temple of the dog y Audioslave), por ejemplo, completó el 1999, con su interesantísimo Euphoria morning.

When we two parted, Be sweet o Now you know, por ejemplo, combinan a la perfección ese comedido desgarro de la voz, y el rasgueo de guitarra deambulante, callejera, nocturna, rechazada y herida. Que Debonair fuese su primer single denota la intención de un sello, Elektra, que fichaba a una banda grunge, que no se sentía cómoda siéndolo, sonando así. El segundo single, What jail is like, caracteriza mucho mejor a Afghan whigs.

Coros y voces femeninas, esporádicos arreglos de piano, ritmos variados y coherentes y una técnica envidiable hacen del GENTLEMEN una referencia, hoy en día, dentro del rock alternativo americano. Como pasa con el buen vino, el sonido de Afghan whigs ha reposado durante años para convertirse ahora en algo paradigmático.


Debonair (live)

Be sweet

What jail is like

EARLY DAY MINERS



El lento transcurrir.

La zona de los Grandes Lagos pasa por ser, actualmente, uno de los epicentros más activos de la música independiente, tanto a un lado como al otro de la frontera. En concreto, en Bloomington, Indiana, se concentra un importante número de sedes de sellos, entre los que destacan Jagjaguwar y Secretly Canadian. Precisamente con esta última discográfica, los también nativos de esta pequeña cuidad, de menos de 80.000 personas, Early day miners, han hecho carrera dentro de la esccena slowcore en esta última década.

Hablar de este colectivo musical (así se definen ellos mismos) es hablar de un concepto sonoro relativamente poco conocido y, en general, poco valorado por la crítica. El slowcore o softrock se define con su propio nombre. Melodías lentas, guitarras sutiles, voces susurrantes, y capas y capas de texturas delicadas, suaves y tímidamente melancólicas. ALL HARMS ENDS HERE es, de entre sus seis discos de estudio, el mejor trabajo de esta banda norteamericana. En cierto modo, es el menos previsible de todos, el menos "paisajístico". El ambiente creado en él es más dinámico, profundo, real y es, seguramente, el álbum más narrativo. El ritmo, en general, sigue imitando el tik-tak de un gran reloj de pared, el latir pausado del corazón, el lento transcurrir de la vida misma.

Sin embargo, casi todos los temas se reservan para el final una variación, un solo flotando, lleno de dignidad y emoción, o un amargo requiebro hacia lados más oscuros donde, con la mirada y desde lejos, desmadejan el nudo del shoegaze. ALL HARMS ENDS HERE, junto con su siguiente Cd, Offshore, representan el punto cumbre de Early day miners. Éste último, coqueteando, sin salirse del slowcore, con formas muy originales de pop-rock progresivo. No obstante, precisamente al no tener ese leitmotiv recurrente, ALL HARMS ENDS HERE, acentúa e individualiza más cada canción. Éstas denotan mucha más personalidad, se notan más cuidadas, con texturas impregnadas de deliciosos arreglos florales, rebosantes de armonía: son un derroche de paz traducido en música.

Se trata de un Cd que irrevocablemente nos sugiere soledad. Tal vez sea por esa hipnótica capacidad que tiene para aislarnos del resto del planeta. O tal vez sea porque su sonido nos conecta directamente con la parte más dolida de nuestro ser, con la más vulnerable. Y porque la suave caricia, las sutiles pinceladas, y la envultura, tupida y tierna de su música nos basta para arroparno, precisa y solamente en soledad.

Cualquier parentesco con grupos como The american analog set, Low o los Arab strap del Philophobia son meras coincidencias. Coincidencia, eso sí, basada en la defensa y práctica de un mismo concepto musical: un rock introspectivo, que crece hacia dentro, pero que nos puede hacer viajar, con la mente y la evasión, exactamente a dónde queramos.


We know in part

Townes

All harms

LUSH



El efímero paso por el punto medio.

En 1996, en pleno apogeo del britpop, apareció el cuerpo de Chris Acland, batería de Lush, ahorcado en casa de su madre, último escondite de retiro y pozo de la depresión. Año y medio después la banda murió con él. Desaparecía así uno de los eslabones más importantes del puente, colgante, desenfocado y tenso, que unía el shoegaze con el pop (en la Era Nirvana, 1987-1994). Nos dejaron tres LPs, digna muestra de una clara evolución, y testigos clave del poder de influencia que el britpop, poco a poco, fue ganando en los primeros '90, fundamentalmente en Reino Unido. Las inofensivas sombras van desapareciendo de Lush, y el muro de sonido áspero (aunque nunca lo fue demasiado) va cediendo.

SPLIT, editado en 1994, es su segundo Cd: el poso necesario, el interfaz ineludible (si se me permite la terminología arqueológica). Porque, pese a la soberbia producción de Robin Guthrie (Cocteau twins), el sonido de Lush en Spooky, su primer LP, aún no está del todo definido. Es un compendio de buenas intenciones, pero de exagerada idolatría de calzador. Se nota que no desarrollan del todo su propia música: son el producto de la producción. SPLIT, sin embargo, concreta el medio-proyecto de Lush, asienta su propio concepto musical, convirtiendo su sonido en algo categóricamente bien definido: el perfecto axioma del dreampop.

El dúo de voces de Miki Berenyi y Emma Anderson (tras la marcha de Meriel Barham a Pale saints) sigue en el centro de la composición, en la que ambas se alternan, pero la relación entre melodía instrumental y vocal ha mejorado claramente. En el SPLIT, la larga sombra de Liz Fraser (cantante de Cocteau twins) se ha disipado. Ahora Berenyi y Anderson, como también venía haciendo Dolores O'Riordan, provocan una sensación bien distinta: son el sonido de una actitud más amarga, del conocimiento de un miedo ya irreductible hacia el abismo de la modernidad. Recordarían más al primer Cranberries, al del Everybody else is doing it, so why can't we?, si los de Limerick no padecieran tanto la anestésica influencia de U2, si no fueran tan irlandeses. Lush mantiene un suspense mucho mayor en el SPLIT. Y, fundamentalmente, aun siendo de los mejores ejemplos de dremapop, de pre-britpop, hace gala de ser un disco bastante rockero (sobre todo en Blackout y Undertow); potente y delicado, pesimista y luminoso: una música lúgubre y abovedada.

SPLIT es una foto fija, colgada en la pared de la nostalgia, que muestra uno de esos estilos que, en la antesala de los '90, comenzó la dilatación de las fronteras del pop y del rock. Poco más tarde volvería la contracción. De hecho Lovelife, su siguiente y último trabajo, se mueve por un terreno mucho mas angosto, reduciendo y subordinando la amplitud conceptual de su estilo al fuerte oleaje del britpop.

7 meses después del lanzamiento de su último álbum sobrevino la desgracia. Lush, paradigma de ese delicado dreampop, siempre en peligro de extinción.


Light from a dead star

Hypocrite

Undertow

STEREOLAB



Esta atractiva francesa de ojos oscuros es Laetitia Sadier. Cansada del rock producido en su país, y ansiosa por musicalizar sus comprometidas letras, acudió, allá por el final de los '80 a un recital de rock en París, donde enamoró al lider de una banda inglesa underground llamada McCarthy. De esa relación amorosa y musical, nació Stereolab.

Y es que la personalidad de este grupazo de post-rock(pop) depende mucho de la voz de esta reina del noise. TRANSIENT RANDOM-NOISE BURSTS WITH ANNOUNCEMENTS, su tercer álbum (el segundo editado en 1993), el primero con sello importante, en una buena muestra de hasta dónde llegó el grunge británico (si es que eso existe...) a principios de los '90. Lo cierto es que hay un punto de inflexión en la ya dilatada carrera de esta banda (que nunca fue un dúo): la inmparable marea eléctrica de los 4 primeros Cd desaparece con el aclamadísimo Emperor tomato ketchup (1996), dando inicio a una etapa más ecléctica y electrónica, y menos desquiciantemente postrockera. A mí, personalmente, me gusta más su primera etapa, y este TRANSIENT RANDOM-NOISE BURSTS WITH ANNOUNCEMENTS, el auténtico paradigma de un sonido, tan inconfundible como inclasificable.

Stereolab, en 1993, estaba muy cerca de muchas cosas. Su guitarra tensionada, cuyo rasgueo notas en la piel, estaba cerca de Sonic youth; su incansable dostorsión y su ritmo seco y abrasivo, cerca de los míticos My bloody Valentine; su ambientación de pop desafinado y transochado cerca de aquel maravilloso Darklands de The Jesus and Mary Chain; y su sonido lineal, repetitivo y tendente al trance, cerca del efecto shoegaze de bandas como Ride, Pale saints o Slowdive. Sin embargo, una de las particularidades que hacen de Stereolab uno de los grupos europeos más interesantes de los '90, es la utilización que hacen de teclados y órganos analógicos, algo anticuados pero, según ellos, más controlables. Sintetizadores Moog, órganos electrónicos Farisa y Vox (wikipedia) serán, sobre todo desde 1996, los elementos más definitorios del sonido de Stereolab. En TRANSIENT RANDOM-NOISE BURSTS WITH ANNOUNCEMENTS son tan solo un instrumento más que apoya sus melodías planas, solo aderezadas con las dulces subidas de tono de Laetitia.

No es un disco que se le pueda recomendar a todo el mundo. Es un sonido desgastado, repetitivo y, en casos extremos como Jenny Ondioline, realmente agotador. A excepción de Pack yr romantic mind, Pause y del tema que cierra el disco, Lock-groove lullaby, el resto de canciones son un derroche de electricidad, un infinito galopar sobre alambradas puntiagudas y algo oxidadas; una experiencia, por momentos casi catártica, pero por lo general, bastante perturbadora. En cualquier caso, una auténtica y genuina joya del rock underground británico de principios de los '90.


I'm going out of my way

Crest

Pack yr romantic mind

FILM SCHOOL



Temas que bien valen un disco.

Film school
es una banda californiana de rock alternativo que gira entorno a Greg Bertens. Al principio, de hecho, el grupo era solo él, contando con la colaboración esporádica de miembros de Pavement y del grupo Fuck. De este modo, en 2001, salió a la luz el Brillant career, su primer album. A partir de entonces, la banda se conformó de manera definitiva, pero siempre alrededor de Bertens.

Film school, tal como se presentan en su segundo álbum (de mismo nombre), es un grupo a medio camino entre el grunge de los años '90, y el rock-indie alternativo de los '00. Evidentemente, son mucho más enmarcables en la segunda etiqueta. El Cd se abre con una buena muestra: el single On & on, probablemente el mejor tema del FILM SCHOOL. Esta muestra de sonido envolvente es mayoritaria durante el resto del disco. Aunque no falta el exceso de distorsión, o momentos de cuasi desnudo de bajo y batería (Harmed, Pitfalls o 11:11); eso sí, sin el tono autenticamente grunge, ese constante tono de amenaza del Sonic youth de 1990. El FILM SCHOOL es una dulcificación de ese sonido, con texturas más cálidas, y guitarras tendidas en la noche oscura como las de Breet. Aquí, como en otras canciones, la voz hace un enorme esfuerzo por salir de su apatía.

Film school es una producción Baggers Banquet, un sello británico que en los '80 producía a Bauhaus y a jóvenes promesas del punk nacional, y que en esta última década y media ha apostado por bandas como The National, Calla, iLiKETRAiNS, Bowery electric o los siempre infravalorados Dream city film club. Hoy por hoy, es uno de los sellos más importantes e influyentes de la música indie, siendo además inspiradores del Beggars Group, donde también se cobijan XL Recording, 4AD, la filial adulta, y la norteamericana Matador. Una banda, por tanto, de buena familia.

El disco se cierra con tres temas relativamente convencionales. Un sonido entre los Pavement y I love you but I've chosen darkness, con ritmos y efectos propios del pop-rock alternativo de Twilight sad, Future of forestry o Turn off the stars. No obstante, bajo mi punto de vista, FILM SCHOOL es su álbum más auténtico y genuíno, quizá debido al constante cambio de músicos que se produciría a continuación. Un buen Cd.


On & On

Pitfalls

Breet

THE NATIONAL



No puedo evitar la comparación con Interpol, así que mejor será que empiece con eso. The National es una banda creada en NY por dos parejas de hermanos y un cantante con voz de barítono, originarios todos de Ohio. Su música me recuerda mucho a Interpol, es más, me recuerda al mejor Interpol de todos (según mi gusto y opinión): a ese oscuro sonido del Turn on the bright lights, al de temas como NYC, Hands away o Stella was a driver and she was always down. The National, en general, es un sonido mucho más cálido, tanto por la encantadora voz de Matt Berninger, como por la profundidad y el eco de sus instrumentos.

Me ha pasado que, con el paso de los discos, Interpol ha dejado de interesarme. Como grata consolación, me asombra ver la evolución de The National, y confieso que su HIGH VIOLET me ha convencido del todo a pasarme de bando. En realidad se trata de su 5º Cd, el tercero producido a lo grande, demostrando que, ahora sí, van en serio. Creo que, hoy por hoy, se trata de uno de los mayores referentes de un estilo que podríamos definir como rock indie americano altamente influído por el brit-pop: un sonido que Arab Strap regaló al mundo en su despedida, en ese increíble The last romance. The National es el mas digno heredero de ese concreto sonido, pausado y grave, melancólico, que llama a la reflexión.

HIGH VIOLET es un disco sin demasiados sobresaltos, mantiene un tono constante, con una batería bastante plana, unas guitarras muy bien educadas, y una sorprendente escasez de estribillos melódicos. Quizá esto último sea lo que resulta atractivo de The National: da igual como sea el ritmo de la canción, da igual que sea más o menos triste, la voz de Matt Berninger va a su ritmo, declamando poco a poco su discurso, evitando ostentaciones innecesarias, canta despacio, sin prisa. Y eso me encanta. Como ver la lluvia de esta tarde.

The National es un grupo muy recomendable para todos los amantes del poprock y de la música independiente; también para quienes hayan quedado decepcionados ante la evolución de Interpol, también para sus fans, claro. Alligator (2005), Boxer (2007) y este HIGH VIOLET (2010) se han convertido, para mí, en discos de referencia; y The National, en una de las bandas del momento. Lamentaría que su gira no les trajese por aquí.


Bloodbuzz Ohio

Sorrow

Converstion 16

TOKYO POLICE CLUB



Ya no nos resulta demasiado sorprendente que las nuevas promesas del rock independiente surjan de Canadá, un país que ha experimentado una auténtica eclosión de bandas de gran interés y aceptación en los últimos años. Hoy por hoy, y según Wikipedia, es uno de los países más activos dentro de la escena del rock alternativo. Digamos que la zona de los Grandes Lagos sigue siendo uno de los centros más importantes de producción de música rock. Desde Bloomington, Indiana, hasta Montreal o Toronto, al otro lado de la frontera, la música independiente tiene un buen terreno abonado donde desarrollarse plenamente, y con buenas perspectivas de exito comercial y de público.

Tokyo police club no es la recomendación del año, ni el grupo revelación, ni una promesa a tener en cuenta. Son simplemente una banda de pop-rock con un disco capaz de animarnos en momentos delicados. El CHAMP no pasará a la historia como un disco inolvidable, pero sí creo que (a quien le guste) recurriremos a él en alguna de esas situaciones de cambio, de nostalgia no invitada; en esos momentos tan contradictorios en los que se mezclan la alegría y la tristeza de la vida, del seguir caminando. En ese sentido, y salvando las diferencias, es comparable al genial Inside in/Inside out de The kooks. También me han recordado un poco, en Breakneck speed, al tono de Placebo, aunque sin esa malicia y acidez que siempre ha caracterizado a los de Londres.

CHAMP está compuesto a base de frases musicales muy sencillas y directas, donde algunos temas podrían servir perfectamente de himno para la banda sonora de una peli de vidas universitarias (canadienses, eso sí). Es un sonido muy juvenil, incluso en determinados momentos casi demasiado adolescente, infantil. Pero en la superficialidad de su música descansa gran parte de su atractivo. Como pasa con The kooks, Val Emmich, Wilco o Chavez (en un tono ya más grunge). Tokyo police club demuestra en este disco una clara evolución con respecto a su debut, demuestra una mayor claridad de ideas, un concepto musical más concreto, un sonido situado entre los Artic monkeys, Blonde redhead y 30 seconds to Mars. Más entretenido que interesante, de todas maneras.




THE TALLEST MAN ON THE EARTH



Aquellos extraños e intolerantes fans de Bob Dylan, aquellos que le abuchearon, que le negaron el aplauso, y que le tildaron de traidor (a ellos, a sí mismo y a la música) concierto tras concierto, seguramente habrían entregado sus corazones a este joven sueco (de estatura media-baja) que tan bien está interpretando la música folk. Sin embargo, aunque bien podría provenir de la más profunda América, The tallest man on the Earth es, sobre todo, un sonido universal.

Cargado tan solo con una guitarra, un banjo y una voz alucinante, este chico desarrolla una música sencilla, intimista y dulce: hace del folk una experiencia tierna, un apacible viaje, al aterdecer, a través de interminables y suavizadas explanadas. THE WILD HUNT, su segundo Cd, refleja eso hasta en la portada. Sin embargo, he elegido la de su primer EP, pues describe más al artista que al sonido: un hombre medio desnudo, sencillo, sin complejos, que toca, nace y crece junto a la tierra y la naturaleza.

Es inevitable la comparación. Pero en este caso, es también un placer y una gran riqueza. The tallest man on the Earth, como decía antes, enlaza con la tradición musical en la que nació el gran mito americano de Bob Dylan, con la de los fieles herederos de Woody Guthrie. Su concepto rítmico (creado, cómo mandan los cánones, solo en base a guitarra y banjo) y estético son el 'abc' del folk del suroeste norteamericano, sin adornos ni florituras insustanciales. Tan solo suma la virtud de la juventud y de la vitalidad, el desahogo de un sonido puro y natural; la delicadeza y la frescura de sus composiciones.

Y, claro está, una voz especial. Lo bueno, en este caso, es que pese al tremendo parecido, THE WILD HUNT es un disco que no podría ser de Dylan. Entre otras muchas cosas, porque es mucho más clásico que cualquiera de los suyos, porque es amigo de los finales felices, porque la disciplina de su forma de cantar le resta ese punto de genialidad, y porque este pequeño gran chico sueco apenas ha empezado a caminar. Kristian Matsson ha demostrado que domina un determinado estilo de música. Su apuesta, pese a ser clasicista, es arriesgada (por la evidente comparación). El futuro dirá si es capaz de evolucionar esa estética y perfilar aun más su personalidad musical. Por lo menos esa es la apuesta del joven sello independiente Dead Oceans (hermano pequeño de Secretly Canadian y Jagjaguwar). Otra prueba de la buena salud del indie americano.


You're going back

The wild hunt (en intimidad)

Burden of tomorrow