AIR



Tal vez, a aquellos grupos o artistas que en su momento revolucionaron la música, o que aportaron algo nuevo a algún género o estilo, se les presuponga siempre una excelencia que, muchas veces, hace que seamos injustos con ellos. Es posible que por eso muchas de las mayores referencias de determinados movimientos musicales hayan sido de carrera corta: pienso en Nirvana, en los Sex Pistols y en Joy Division, por ejemplo, pero hay infinidad de casos más. Efímeros y fulgurantes como estrellas fugaces, no llegaron a probar las aguas estancadas del atasco creativo, del no poder superar sus pasadas obras maestras, o del sentir agotamiento en los filones y las fuentes inspiradoras que hacían, en otros tiempos, fluir su música ante el asombro de un público que, entonces, les daría la espalda. Pienso que muchas veces las expectativas, sobre todo aquellas creadas por pelotazos anteriores, son el mayor obstáculo al que tiene que enfrentarse una banda a la hora de editar un nuevo trabajo. Y creo también que Air, con el lanzamiento del que es su séptimo trabajo de estudio, LE VOYAGE DANS LA LUNE, es un poco víctima de esto mismo.

Porque, como se suele decir, si este álbum lo hubiera sacado un grupo debutante, otro gallo cantaría: las críticas y la aceptación habrían sido mucho más amistosas. Pero claro, Air no son, ni mucho menos, un grupo debutante; si lo fueran, de hecho, tampoco tendrían un público al que defraudar o satisfacer: no tendrían un público propio y fiel, su público. A un grupo consolidado, a alguien que es capaz de hacer, en un momento determinado, un Moon Safari o un Talkie Walkie, se le presuponen una categoría creativa, una calidad técnica y unas infraestructuras instrumentales y de producción por encima de la media; y claro, cuando de pronto sacan algo que no está la altura de sus mejores obras, el público se decepciona y le da la espalda. Pero claro, aquí no se trata de vivir de las rentas: muchas veces los fans preferimos largas etapas de silencio a la edición mecánica de material, como si el arte se pudiese adaptar a la insensible maquinaria fordiana. Y si no, al ejemplo de Portishead me remito.

ÓLAFUR ARNALDS. Barcelona, 11-03-2012.



El príncipe de los dedos de cristal helado.

Un proverbio islandés dice: “llegarás a tu destino aunque viajes muy despacio”, pero los músicos de allí deben hacer otra lectura, algo así como: “harás mucho ruido aunque toques con dulzura”. Eso, o es que la musicalidad que se cultiva en la isla tiene, de alguna manera, y en casi todas sus variantes y mejores ejemplos, las mismas raíces congeladas que dan flores y frutos de cristal. Se podía palpar el silencio ayer en Apolo durante el concierto de Ólafur Arnalds, mientras sus composiciones se derramaban sobre el público, cómodamente sentado, como si de una sigilosa e imparable nevada se tratara: poco a poco, el mínimal neoclasicista del joven compositor y pianista islandés fue cuajando en una sala en la que se podía oír hasta el crujir del suelo. Aunque, en realidad, desde el principio ya nos había conquistado.

Fueron sus modales impolutos, su derrotada timidez y, sobre todo, la simpatía y la interactuación con el público lo que nos hizo suyos en seguida. Antes de presentar a sus acompañantes, dos vientos de un extraordinario talento, Arnalds nos pidió que cantáramos una nota que él nos proponía; nos grabó, nos sampleó, y nos usó como base para una improvisación que sirvió de perfecta introducción. Porque por capacidad, pudo haber montado un espectáculo sin partitura previa, pues parece poseer una destreza especial para crear a partir de la nada; no obstante, repasó lo mejor de una carrera que, aunque todavía corta (cuenta con apenas 25 años), resulta ya fulgurante y tremendamente prometedora. Presentó su último trabajo, Another Happy Day, su primera BSO, entre pinceladas de lo mejor de su obra en una hora y media de concierto que dejó al descubierto su inconmensurable valor artístico, y su natural destreza para acercar lo clásico a lo moderno, y la electrónica al neo-clásico.

Entrevista a OSO LEONE

Oso Leone son la última joya del panorama independiente de nuestro país. Un proyecto que se fue gestando hace ya algunos años como dúo, el de Paco Colombás y Xavi Marín, en su Mallorca natal, bajo el aspecto de un rock acústico basado en la guitarra y el silencio, y que nació definitivamente hace poco más de un año, cuando se incorpora Jaime Roselló (Ruspell) al teclado y a la producción. Fruto de esa unión, y gracias al mecenazgo del sello barcelonés Fohen Records, en febrero de 2011 editaron su primer álbum, Oso Leone, con muy buena acogida entre el público y la crítica especializada. Su sonido cuidado y sensible, grandioso en la austeridad, sigue una linea ecléctica que configura un estilo que resulta tremendamente atractivo, hipnótico y muy personal. En febrero de este año lo presentaron en directo en el Emergència Festival que organiza el CCCB en su sede del barrio del Raval, en Barcelona, y el exito fue indiscutible. Tanto es así, que el recinto se quedó corto: la gente que no pudo entrar casi doblaba a los pocos privilegiados que sí tuvimos la suerte de asistir al corto pero intenso recital que dio el, ahora, quinteto mallorquín. Porque Eusebio Alomar al bajo, y Jonathan Mills a la batería, se han unido a la banda para una gira nacional que harán durante este mes de marzo, y quizá para otros proyectos en el futuro. Una gran oportunidad de redención para los que se lo perdieron el mes pasado en Barcelona, y mejor aún para aquellos que aún no conocen a Oso Leone.


P: Los medios nos empeñamos en etiquetar todo sonido que pasa por nuestros oídos, y en ocasiones se os ha definido como un grupo folk, aunque sin unas referencias geográficas especialmente concretas. Sin embargo, cuando habláis de vuestras referencias no podéis evitar mencionar vuestra isla: ¿acaso ese amor e influencia por lo local no es la base conceptual del folk? ¿Qué relación hay para vosotros entre vuestra isla y vuestra música?

R: Creemos que la influencia del espacio que nos rodea es parte del sonido resultante. Nuestra isla y sus parajes nos inspiran. Tenemos la suerte de poder ensayar en Valldemossa, un pueblo precioso a pie de montaña. Respiramos aire puro, las estrellas a tiro de piedra, puestas de sol increíbles que se funden en el mar. Hay quien dice que nuestra música le lleva a todo lo dicho. Pura casualidad, también somos gente de ciudad, que ha vivido toda su vida en ella y también nos ha inspirado al escribir canciones. Aun así, el entorno que nos rodea es tan solo una parte, el arte, la música que bebemos, la gente que nos rodea, hasta lo que comemos… todo está relacionado con nuestra música.

P: Creo que si vuestra intención, como buenos artistas, es huir de las etiquetas (no por hacernos la puñeta a críticos y periodistas sino por el bien de vuestra evolución intelectual) y de la comodidad y el estancamiento estético y estilístico, he de decir que en mi opinión lo lográis. ¿Me equivoco?

R: Bueno, no sé si conseguimos huir de las etiquetas, tal vez no dar las referencias nosotros es un buen comienzo. Cuando nos comparan o relacionan con otras bandas, efectivamente nos están etiquetando. Y sí es verdad que a algunas de ellas las sentimos como referentes musicales pero hay muchas otras que nos quedan bastante lejos. Nos sorprende y halaga que digas que logramos huir de las etiquetas aún habiendo escuchado el álbum y visto nuestro directo. Muchas gracias Pablo.

P: ¿Qué significa para vosotros el silencio?

R: El significado del silencio viene dado por lo que le precede, por ejemplo, el silencio que se genera después de una explosión puede estar cargado de fuerza y no es el mismo que el silencio generado después del cantar de un pájaro. Utilizamos el silencio de esta manera, pudiendo crear esa mayor o menor fuerza. Es un elemento muy bonito, que da calma y hace respirar a una canción, hipnótico a veces, capaz de calmar hasta a unos niños muy inquietos en un pasado concierto. Apreciamos el silencio y la contención, muy importantes al generar nuestra música.

P: Oso Leone hace una música poco convencional si tenemos en cuenta el panorama indie nacional. Fohen Records, sin embargo, parece apostar por propuestas musicales distintas y arriesgadas como la vuestra: ¿cómo empezó vuestra relación? ¿Quién encontró a quién?

R: Ya conocíamos el sello antes de entrar en contacto con Foehn. Fue a raíz del primer, y esperamos que único, concurso al que nos presentamos que nos pusieron el ojo encima. Antes de salir al escenario en nuestro estreno como banda en el Museo de Arte Contemporáneo de Mallorca "Es Baluard" dirigido por Cristina Ros, un "ojeador" de Foehn se acercó a nuestro teclista y productor, Ruspell, y le comentó que venía al concierto de parte de Foehn. Unos días más tarde recibimos un mensaje en MySpace y ahí empezó todo. Estamos encantados y nos sentimos privilegiados de formar parte de la familia Foehn.

P: ¿Y cómo fueron esos primeros momentos en que teníais que buscaros vosotros solos la vida? ¿Un grupo de vuestras características tiene más opciones de triunfar fuera que dentro de nuestra geografía nacional?

R: Antes de contactar con Foehn, trabajamos mucho a través de las redes sociales y montando conciertos pequeñitos en la casa de nuestro productor, el boca a boca fue nuestro mejor aliado. Aunque lo que nos dio el empujón de cara a los medios fue el concierto de Es Baluard. Este concierto despertó el interés de la prensa local y de esta manera pudimos llegar a un público más amplio a nivel local.

En cuanto a tu segunda pregunta, la verdad es que nos hemos sentido muy bien acogidos por el público al que hemos podido llegar hasta ahora en España, y no hemos sentido la necesidad de salir. Estamos trabajando 'poc a poc' como se dice en Mallorca, y recibiendo frutos. Recientemente tuvimos el placer de tocar en un festival que apuesta por música emergente (Emergència Festival) lo que nos sirvió para presentarnos dentro del panorama independiente defendiendo nuestro sonido en directo. Si hemos logrado dejar huella, vendrán cosas bonitas después. Por otro lado, se nos acaba de confirmar que estaremos tocando en el festival The Great Escape en Brighton en Mayo, gracias al Institut Ramón Llull quien está colaborando directamente con el festival en esta edición. Compartiremos cartel con otras 7 bandas nacionales como Mujeres o Me and The Bees. Esta será una gran oportunidad para ampliar fronteras y transmitir música fuera de casa. Es más, ¡aprovecharemos el viaje para organizar una mini gira en Inglaterra!

P: Con el sistema de producción y distribución antigua, el que dependía casi únicamente del marketing de las grandes discográficas, el público prácticamente escuchaba solo lo que le dejaban escuchar. Con internet se ha democratizado el acceso a la música tanto de oyentes como de autores. ¿Qué opináis de este fenómeno? ¿Qué ha significado en el nacimiento de Oso Leone? Y ya de paso: ¿qué opinión os merece el cierre de Megaupload?

R: Ahora todo es más accesible. También más efímero. Se asimila más música más rápido, es diferente. Por otro lado se retiene poco. Puedes gustar mucho por un tiempo pero no te asegura estar ahí durante mucho. Es la misma rueda que ahora gira más rápido. En tal caso lo que prima es, generalmente, la originalidad. Es un reto y un gran momento para demostrar que existen cosas diferentes a los cánones establecidos. La música, al ser tan accesible ahora, nos ayuda a culturizarnos más rápido, conocer a muchos más autores de música independiente, aprender a conocernos más a nosotros mismos. El cierre de Megaupload (el cabeza de turco en esta trama) ha sido un golpe desesperado de los grandes comerciantes y discográficas, agónicos, que se niegan a aceptar la realidad, la realidad de la libre difusión de información. Se hacen llamar los defensores de la cultura y no miran más allá de sus intereses económicos. El cierre de Megaupload no logrará detener el libre intercambio de información.

P: Pese a esa democratización, hoy en día sigue triunfando más la música mediática. El otro día en los Grammy, entre el recuerdo de Whitney Houston y el paseo de Adele, me sorprendió ver en twitter que la gran mayoría de comentarios se preguntaban quién era ese tal Bonny Bear (Bon Iver). Aunque solo se llevó el premio a mejor artista revelación, y a mejor álbum de música alternativa, en mi opinión, ha sido, junto a PJ Harvey, el auténtico triunfador del año. ¿Creéis que sigue habiendo mucha diferencia entre la música mediática o comercial, y el panorama independiente? ¿Y por qué hay artistas y público que se siente atraído por éste último? ¿Qué creéis que aporta de bueno?

R: Quizás no haya tanta diferencia como pensamos. Dentro del panorama independiente también hay fórmulas, en nuestra opinión. Música hecha para gustar al momento. Fíjate que lo bueno prevalece, lo otro se asimila rápido, te lo comes y se fue. Cae en el olvido. Aunque generalmente el panorama comercial, promocionado mucho más que el otro independiente, viene acompañado del poseo, abanderada por el capitalismo rabioso, la provocación gratuita en muchas ocasiones. Pero tal vez lo mejor de la música comercial es que revaloriza aun más la música que vale la pena, la que es tratada como un arte, la que innova, la libre, la más subjetiva, la que da un soplo de aire fresco.

P: ¿Qué esperáis de esta gira que empezáis ahora, y de este primer álbum ahora que casi se cumple un año de su lanzamiento?

R: Es nuestra primera gira y estamos seguros de que será una gran experiencia. Lo que más nos motiva, aparte de viajar juntos, es el poder tocar durante varios días seguidos. Será como engrasar la máquina, ya que durante el año los miembros de Oso Leone vivimos desperdigados por Europa. Somos un grupo de amigos, muchos conocidos de toda la vida y otros no tanto, nos llevamos de puta madre y seguro que será un viaje largo, pero lleno de risas, situaciones peculiares, buena comida y bonitos paisajes y lo afrontamos con mucha energía. Será divertido. Es ir de gira.

P: Una de las cosas buenas que yo creo que ha traído la revolución del contenido cultural “gratis” en internet es que ahora parece que las bandas, consagradas o no, tocan más. Nacen festivales como setas en un otoño lluvioso, y da la sensación de que cada vez más gente va a los conciertos. Ahora que tenemos acceso a casi todas las grabaciones, el directo, que es algo totalmente irrepetible, gana fuerza en la redefinición de la expresión musical. ¿Qué significa para vosotros una y otra cosa? Buscáis un sonido distinto en los directos, ¿en qué se basa esa diferencia?

R: Es una gran noticia que se inauguren más festivales. Ahí se vive la música en su esencia, la música en directo está viva y llena de emociones, por lo que cada directo es único. Oso Leone en directo es nuestro estado más puro. En nuestro directo buscamos la precisión, la delicadeza. Consideramos que componemos una música muy sensible más allá de las intensidades y por ello cuidamos sobretodo las dinámicas. Nuestras grabaciones han pasado por muchos procesos, se han cocinado a fuego lento y es un resultado más conceptual, más tranquilo. Al interpretar nuestras grabaciones en directo, se le suma nuestra alma.

P: ¿Cuál es el futuro de la banda en lo que respecta a su formación? ¿Y en cuanto al lanzamiento de un segundo Cd?

R: Oso Leone ahora es un colectivo. Nos sentimos muy capacitados para no estancarnos y poder aportar algo nuevo a nuestro sonido ya sea con nuevas ideas, componentes o nuevos elementos o tecnologías. La riqueza de Oso Leone es que sus miembros somos versátiles y podemos ofrecer diferentes formatos. Todo según las necesidades de la música. Al fin y al cabo es ella quien rige las pautas.

P: ¿Qué tal la experiencia de tocar en el Emergència Festiva 2012, en un emplazamiento como el CCCB de Barcelona? ¿Dónde os veis, u os gustaría veros tocando dentro de dos años?


R: Ha sido un placer tocar en el festival. No esperábamos tan buena aceptación por parte del público en un concierto de poco más de 35'. La organización nos cuidó muy bien. La única nota no tan buena fue que bastante gente se quedó fuera del Auditori donde solo cabían unas 200 personas. Una lástima por la gente que venía al festival por nosotros y por aquella gente que no nos conocía y podría habernos descubierto en directo. No sabemos dónde estaremos tocando de aquí unos años, pero nos gustan desde los conciertos íntimos y familiares en alguna de nuestras casas, por ejemplo, hasta los festivales. Aunque lo dicho, con calma y buen trabajo vendrá lo que tenga que venir. A veces la ambición no es buena compañera y procuramos centramos en el día a día.

P: ¿Qué otros grupos os llamaron la atención? Y a parte del Festival, ¿qué grupos nacionales os resultan atractivos o interesantes?

R: Mursego fue una gran sorpresa y Las buenas noches era una de las bandas que más nos había llamado la atención y lamentablemente no pudimos disfrutar de su concierto porque éramos los siguientes en los horarios y ya estábamos montando el escenario en el Auditori. A nivel nacional nos gustan, por citar algunos, GAF, Pony Bravo, Standstill, John Talabot, Marina Gallardo, I Am Dive, Santiago Latorre, Guadalupe Plata, Antònia Font...


Gira de Oso Leone.

10-03    Mallorca (Es Gremi, antigua Sala Assaig).
13-03    Zaragoza (La lata de bombillas).
14-03    Huesca (El 21).
15-03    Bilbao (Azkena); con GAF.
16-03    Toledo (Garcilaso); con Marina Gallardo.
17-03    Madrid (Taboo); con Marina Gallardo.
19-03    Salamanca (El corrillo).
22-03    Valencia (Matisse); con I am Drive.
23-03    Granollers (por confirmar).
24-03    Bacelona (por confirmar).


ZEBDA. Barcelona, 06-03-2012



Los tiempos de la canción protesta han vuelto; y con ellos, Zebda.

Tras casi 8 años alejados de los escenarios, y sin haber anunciado todavía su intención de lanzar al mercado nuevo material, los Zebda volvieron a hacer lo que más les gusta en el mundo hace unos meses: tocar, cantar y bailar sobre las tablas para un montón de gente animadísima. Fue a mediados de octubre del año pasado, en la localidad francesa de Cahors. Poco después, en enero, vio la luz el quinto álbum de estudio de la banda, Second Tour, y ayer, 6 de marzo, dieron en Barcelona el pistoletazo de salida a una larga e íntegramente francesa gira. Un regreso celebrado, y más cuando parece que los tiempos de la canción protesta han vuelto también: Zebda despierta conciencias, alimenta luchas justas, aunque sean interiores, y exterioriza la rabia, el humor y las ganas de pelea y de vida que todos nosotros llevamos dentro. Porque este colectivo sabe que la más importante de las contiendas que el hombre ha de librar en su vida es contra sí mismo, contra la rendición frente a la muerte y/o la quietud. Y por eso no paran de moverse: porque mientras siga la música, seguiremos estando vivos.

Los 8 integrantes de este nuevo Capricho de Apolo provienen todos de Toulousse, y varios de ellos son de procedencia magrebí. Los hermanos Hakim y Mustapha Amokrane, junto a Magyd Cherfi, hacen del juego multi-vocal un arte: con un estilo que va de la chanson hasta la dinámica y el flow del más melódico de los Mc, pero con un plus de motivación e interactuación (entre ellos y con el público). Como base: dos guitarras, un bajo, teclado y programación, y una batería de fábula; por momentos, además, un acordeón, una española, y hasta un laúd. Todo compacto y bien armado, con una producción brillante y precisa, bien limpio y definido: porque lo de Zebda es la extraña y perfecta mezcla triangular de exotismo, cercanía y de la celebración del underground; y no es fácil mostrarlo como un todo de buen cuerpo.

GOD IS AN ASTRONAUT. Barcelona, 02-03-2012



Y el horizonte se tiñó de piedra negra.

No hay duda de que el post-rock instrumental progresivo es uno de los géneros musicales contemporáneos más emocionantes y sobrecogedores. Es un género que hipnotiza por su intensidad; y, porque muchas veces, el callado estruendo desahoga más que la verborrea de pastel de muchas otras músicas, llamémoslas emotivas. Parece, en los mejores casos, que guitarras, baterías y bajos son la musculatura en tensión de la rabia heroica personificada. Pero también parece ser un género acotado para pocas bandas: terreno limitado, un mundo demasiado pequeño para la excesiva repetición y las largas progresiones que le son características. God Is An Astronaut, en el concierto que dieron ayer noche en la sala City Hall, demostraron un poco las dos cosas en mi opinión. A saber: que si es la primera banda de post-rock instrumental progresivo que conoces, muy bien; pero si es la undécima, ya no te llegan tan adentro.

Se mostraron muy capaces de controlar y manejar la atmósfera escatológica que reina en sus discos encima de un escenario, pero a diferencia de otros ilustres del género, su estética parece más fruto de la pose que de un auténtico espíritu post-rockero: eso, o es que los horizontes de God Is An Astronaut son más heavy de lo que muestran en las grabaciones. Desde luego, a juzgar por la vestimenta de sus miembros, por el aspecto de los hermanos Kinsella (guitarra y bajo), y por ese repertorio de gestos y escorzos propios de los iconos del metal, se diría de los irlandeses que no provienen del grunge y del shoegaze, sino de un rock algo más duro, de cuero y de melenas oscuras. Tal vez por eso, sus melodías y progresiones parecen más mecánicas y monolíticas, menos naturales y aparentemente libres.

NEUMAN



Genética pop-rock; disfraz de post-rock.

¡Vaya sorpresón me he llevado con Neuman! Desde que escuché las primeras notas de su álbum de debut, PLASTIC HEAVEN, he pensado que tal vez haya cometido un grave error al no incluir su segundo Lp, The Family Plot, en la lista de lo mejor de 2011. Digo tal vez porque aún no le he escuchado. Porque un grupo así se merece la atención adecuada, y se merece que le haga justicia escuchando las veces que sean necesarias su primer trabajo antes de pasar al segundo. Merecen un número de escuchas suficiente, para así tener la noción justa de la espera, y poder entonces regodearme y rebozarme a gusto cuando llegue a lo realmente nuevo. Siento una deuda con Neuman, y pienso recuperar el tiempo perdido. Solo entonces pasaré a su siguiente Cd.

PLASTIC HEAVEN es un disco largo y generoso: casi 2 horas, 14 canciones, la mayoría de ellas de más de 4 minutos, y casi todas con mucho contenido y un gran valor ambiental. Mediante este trabajo Neuman se postula como una banda nacida para despejar las fronteras del pop con el post-rock, como Nudozurdo, por ejemplo. Su sonido se basa en elementos de ambos estilos, aunque también podría decirse de ellos que hacen un pop oscuro con un fantástico disfraz de post-rock. Si entendiéramos el post-rock en su definición más amplia diríamos que Neuman tiene esa facilidad genérica para hacer de la variación el centro de sus mejores canciones, esa inercia característica del sonido post-rockero que tiende a dar mayor importancia a una textura, a un punteo o a un fraseo insospechado, que surge de la propia canción y no de las partituras (en apariencia), a esa especie de creación progresiva que se enarbola siempre hacia arriba, ganando en complejidad y, a la vez, en profundidad. Diríamos que Neuman tiene claramente el color azul oscuro del post-rock, ese que cambia en el cielo, lenta pero implacablemente, todas las tardes al anochecer. Pero hay más suavidad en sus notas que en la mayoría de las composiciones del género. Por eso tal vez ellos, por fin, sean capaces de popularizar las bases del post-rock en nuestro país.

PORTICO QUARTET. Barcelona, 23-02-2012.



Alta arquitectura musical.

Creo que hay músicos que, además de intérpretes y geniales compositores, son ante todo auténticos ingenieros del sonido. Personas que cuando hacen música, ven matrix. Yo cuando oigo lo que hacen, hago eso: oírlo, y gracias. Pero ellos la ven; ven la música físicamente ante sus ojos, la tienen ahí, la observan, la palpan, la manipulan y la transforman a su antojo. Duncan Bellamy, batería de los Portico Quartet es una de esas personas. Tal vez hasta ahora había pesado menos su tendencia electrónico-sintética en el sonido global de la banda, en los dos primeros álbumes, Knee-Deep In The North See e Isla, pero ayer noche en La [2] de Apolo demostró ser él quien está detrás de la apertura y el cambio de sonido que ha registrado el cuarteto en su último homónimo trabajo. Un material más electrónico y menos jazzístico, pero igualmente asombroso en cuanto a la capacidad que les caracteriza de crear espacios habitables y a la vez artísticos: como los mejores arquitectos.

Porque yo, desde luego, si la música fuera arquitectura, y tuviese que construirme una casa, le daría el proyecto a estos chicos de East London. Es cierto que han dado un paso adelante hacia terrenos más electrónicos, hacia un lacado y fastuoso terreno ambiental basado en el ritmo y en la repetición, pero no por ello han dejado atrás ese acento tan característico que le ha dado siempre el sonido del hang de Keir Vine (antes Nick Mulvey) y el de los saxos de Jack Wyllie. Hay menos inocencia en el sonido de Portico Quartet, y a la hora de ponerla en escena son quizá más libres de expresar sus obsesiones y su permeabilidad a todo tipo de influencias. En acción, Bellamy parece haberse comido a John Steiner y a Dave Konopka, de los Battles, y haber hecho de ellos una síntesis perfecta, elegante y totalmente adaptada para servir de base a tres músicos de auténtico jazz. Su batería es híbrida, medio instrumento medio máquina, y compagina la pegada propia de un duro percusionista ajado, con los parches y la programación rítmica. Pero su electrónica de interior sigue creando espacios hermosos donde yo, al menos, viviría plácidamente: acogedores y con luz tenue; cómodos, atractivos y sugerentes.


EMERGÈNCIA FESTIVAL: OSO LEONE. Barcelona, 18-02-2012.



Emergència Festival, parte 4: la consagración.

No es lo mismo un país en vías de desarrollo que un país emergente. Tal vez me equivoque, pero pienso que los segundos, a diferencia de los primeros, no necesitan ya la ayuda de terceros para evolucionar y seguir desarrollándose de manera correcta: han dado con la tecla, con la fórmula adecuada del crecimiento, y parecen ir por el camino que recorrieron otros que hoy en día son grandes y ejemplares. De los primeros se dice que están arrancando; de los emergentes, sin embargo, que ya están en marcha. Podemos extrapolar esta teoría a la música, pero ya no se tratará de una cuestión numérica; porque aunque todos los artistas estén, o deban estar siempre en vías de evolución, lo cierto es que se nota cuando a un grupo le queda aún camino por recorrer, y cuando ya están verdaderamente en marcha.

Xavi Martín y Paco Colombás, de Oso Leone.
En ese sentido, la cuarta edición del Festival Emergència, celebrado el sábado pasado en la sede del CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona), será recordada por muchos como el día en el que Oso Leone cayó del cielo y reivindicó su lugar en la tierra, y en el panorama musical nacional. Luego es verdad que detrás de su aparición estelar del sábado hay meses y meses de intenso trabajo, pero tanto para quienes no les conocían, como para aquello que aún no les habíamos visto en directo, lo que hicieron estos mallorquines en el Auditori del Centre fue una auténtica revelación. Después hubo alguna que otra buena noticia más, e incluso ligeras decepciones, pero sin duda alguna el concierto de Oso Leone hizo que mereciera la pena la noche entera.

NADA SURF. Barcelona, 19-02-2012.



No solo de carisma vive el rock.

Hay sonidos que nunca pasarán de moda, y grupos que parecen impermeables al envejecimiento y al olvido. 20 años contemplan a Nada Surf y, aunque ya no sean unos chavales, mantienen incólumes aquellos atributos musicales que les llevaron al estrellato, allá por los años ’90, dentro de un panorama grunge ya en plena extinción. Nadie ignora el hecho de que en su evolución han ido dejando atrás parte del escozor que caracterizó sus inicios: la aspereza en la distorsión y, sobre todo, esa actitud levemente torva y sesgada de la que hacen gala en High/Low, se rebajaron hace ya un tiempo en favor de un cromatismo mucho más amplio y lozano. Hoy en día puede que no hagan nada especialmente nuevo en cuanto a la composición, pero al menos en directo demuestran tener, aparte de mucho oficio y simpatía, un gran control sobre la producción de su propia música.

El gancho que siempre han tenido en nuestro país se debe, probablemente, a que Dani Lorca, el bajista, es originario de Vigo; pero luego se han ganado el favor del público local tocando innumerables veces aquí, haciendo siempre gala de una humildad y una cercanía que nos hacía pensar que eran uno de los nuestros. El éxito en Santiago de Compostela, Madrid, y el de ayer noche en Barcelona atestigua, una vez más, que para mucha gente Nada Surf sigue siendo un icono sano del buen rock. Porque aunque pasen los años, y aunque traten de no vivir de las rentas sin fracasar del todo, siguen siendo ellos mismos: siguen transmitiendo con sus temas emblemáticos sensaciones que la gente guarda en su imaginario personal, como oro en paño, a modo de banda sonora de los buenos momentos. Anoche en Apolo se veían los días de verano a través de los ojos del público.

THE BLACK KEYS



La eterna reproducción.

Lo han vuelto a hacer. The Black Keys no fallan. Cuando todo el pescado parecía vendido en 2011, en diciembre, y casi sin tiempo para degustarlo antes de Navidad, este dúo guitarra-batería reventó la lista de lo mejor del año. Pero claro, de esta manera no podemos decir que la banda haya caracterizado el año que recientemente hemos despedido: PJ Harvey y Bon Iver, en cambio, sí lo han hecho porque sus discos, editados el 11 de febrero y el 21 de junio respectivamente, han caminado, majestuosos, a lo largo y ancho de todo 2011. Polly Jean y Justin Vernon han sido, con todos los honores y la legitimidad, la reina y el rey del año pasado. Sin embargo, EL CAMINO de The Black Keys es, irónica y curiosamente, 2012.

Dan Auerbach y Patrick Carney son The Black Keys, una banda de blues-rock y rock garage que nació en 2001 en Akron, Ohio, y que están partiendo cada vez más la pana. Y no es que al principio no fuesen buenos y hayan ido mejorando, es que al principio ya eran la reostia, y aún así cada disco suyo es como una enorme zancada hacia adelante. The Big Come Up (2002), su primer Cd, sonaba tan americano que hasta parecía que ayer mismo era 1970, y que Jimi Hendrix seguía vivo. A partir de ahí, con el paso firme de 7 discos en apenas 9 años, han dejado evolucionar su propia música; la han escuchado, como nunca un creador omnipotente había escuchado antes a su obra viva; la han dejado desarrollarse de forma natural, sin forzar una sola nota, sin imposición alguna. Y el resultado es que hoy en día hacen una música limada, pulida y poderosa: The Black Keys son un monumento musical reconocible desde el espacio, pero además, su sonido tiene ese halo de libertad y magia creativa que muy pocos tienen. Porque se nota cuando alguien está contento con lo que hace, cuando sus manos son un manantial de creación, un torrente puro y directo desde sus entrañas, y cuando su música es la perfecta traducción de un eterno proceso interior. Y se nota también cuando fluye todo eso entre dos o más personas: en este caso entre la voz y la guitarra de Auerbach y la batería de Carney.


LOW

 


Música para contar, una a una, todas las estrellas del cielo.

Parece que todo marcha bien en el matrimonio Sparhawk-Parker. Low, tras casi 20 años de carrera y 9 discos, muestra una salud envidiable. C'MON probablemente no sea su mejor disco, pero sí que se sitúa entre los tres o cuatro imprescindibles de esta pequeña gran banda de Minnesota. Muchos de nosotros entramos en contacto con ellos cuando firmaron con SubPop, cuando editaron de su disco más emblemático, The Great Destroyer, allá por 2005. No obstante, y aunque resulte curioso e incluso paradójico, opino que éste no sería tan buen Cd si no se caracterizaran los Low por un sonido algo diferente. Aquél fue, y sigue siendo, la nota de excepción en la trayectoria de un grupo que encarna mejor que nadie la etiqueta slowcore: más apertura y efectos, mucha más distorsión y, sobre todo, más materia y substancia. Y este C'MON es, probablemente, el disco que más se acerca a aquel hito, pero esta vez sin salirse de sus propios cauces.

Al decir materia y substancia, entiéndaseme, me refiero a contenido musical real y físico. No quiero decir que los demás Cds estén vacíos de contenido de calidad, ni que sean superficiales; todo lo contrario. Si por algo destaca Low es por la gran capacidad de concentración minimalista que tienen. Solo ellos saben verter tanta intensidad, tanta tensión y pasión en tan pocos movimientos instrumentales; a veces en un solo fraseo de guitarra, repetido carnalmente hasta la saciedad. Los Low nunca tienen prisa, parece la música más apropiada para contar, una a una, todas las estrellas del firmamento. Nunca se aceleran, ni se precipitan; a veces ni siquiera parece que estén contando gran cosa, o que lo que dicen, lo dicen usando poquísimas palabras, como un discurso claro y básico, planteado de la manera más firme, y a la vez tranquila, sosegada. The Great Destroyer, sencillamente, parece tener más amplitud narrativa, pero a la vez, parece indistinguiblemente más enrevesada que de costumbre.

THE HERBALISER. Barcelona, 01-02-2012.



Nada salió ayer como yo pensaba, pero tal vez fue mejor así. El plan era ver a The Herbaliser, acompañados por Mucho Muchacho (de los desaparecidos 7 Notas 7 Colores), que teloneaban a Le Peuple de l’Herbe, quienes daban comienzo en la Sala Apolo a la gira española de presentación de su decimocuarto álbum, A Matter Of Time. El mismo concierto, de hecho, podrá verse hoy en la Sala Rock Kitchen de Madrid. Sin embargo, por motivos ajenos a esta redacción, solo pudimos asistir a los primeros, pero fue más que suficiente para salir de allí henchidos de buenas sensaciones. El dúo británico, convertido hace tiempo en numerosa banda, hacen del hip-hop un estilo casi erudito, de diseño, tan cercano a veces al jazz que uno se pregunta cómo es que han pasado tantos años separados. Pero lo cierto es que es comprensible: no es nada fácil desplegar tamaña calidad instrumental, y tener tanto flow al mismo tiempo.

Adivinar quiénes eran los dos raperos entre tanto buen músico me llevó casi todo el concierto; y aún tengo mis dudas. En el escenario de Apolo se congregaron un batería, un bajista, un teclista, un señor que pinchaba y tres tíos haciendo las delicias con un buen número de vientos: había trompeta, saxo alto, saxo tenor y otro barítono, y una travesera; estos tres últimos en manos del mismo músico, un espectacular Andy Ross, a la izquierda del escenario. Protagonizó, por ejemplo, un sobrecogedor solo constante de saxo barítono, una bestia preciosa e inmensa, en Another Mother. Primer descarte, por excesiva excelencia. Un candidato perfecto era James Morton, a la derecha del primero. Saltaba y bailaba sobre sus bambas rojas, esgrimiendo rítmica callejera, mientras intercalaba solos de saxo y tríos que engordaban y fortalecían el sonido de Herbaliser. No obstante, y pese a la robustez de su música, demuestran una portentosa agilidad. Completando el trío de vientos, a la derecha de Morton, Ralph Lamb, otro posible candidato, aunque más entrado en años. Era el otro maestro de ceremonia, el que nos pedía más entusiasmo desde la calentura de su cuerpo festivo. Además, su trompeta sonaba siempre la primera, como la lanza desafiante del hip-hop electrónico-jazzístico que hace la banda británica.