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TWIN SHADOW. Barcelona, 29-10-2012



Cuestión de gustos.

Una de las virtudes que más admiro del arte, y de la música en particular, es la inmensa diversidad de gustos que permiten. Cualquier razonamiento crítico o pretendidamente académico puede quedar desarticulado o invalidado con la simple frase “ya, pero me gusta/ya, pero no me gusta”, en sus dos vertientes aceptadas. Y punto. Porque aunque se agradezca una explicación argumentada, viene a ser como el “porque no” de las madres: categórico, algo que hay que respetar sí o sí, aunque no estemos de acuerdo. Luego lo que hacemos los que tratamos de transmitir objetivamente lo visto u oído en palabras, puede estar en sintonía o no con las opiniones de los demás, aunque en el fondo no deje de ser otra más; argumentada, en el mejor de los casos. 

Digo esto porque en ocasiones reseñamos conciertos donde notamos unanimidad en la valoración que el público asistente hace del mismo, y en otras, constatamos cómo a unos les ha gustado y a otros no. Y el concierto que dio ayer en la sala Apolo Twin Shadow, pertenece al segundo grupo. Aunque no deja de ser algo normal, algo que puede pasar, creo que sucede más, por ejemplo, cuando la banda o el sonido no están del todo cuajados o definidos: cuando parte del público, quizá, espera una cosa, y los demás otra. O cuando unos advierten carencias o insuficiencias, y otros las pasan por alto porque simplemente disfrutan con la música. Creo que las hubo, pero no contradeciré a aquél que se lo haya pasado bien.

El concierto lo organizaba Primavera Sound, tras haberlos traído ya a la edición del festival de hace dos años. Muchos venían a refrescar el buen recuerdo que dejó aquí entonces (yo, por el que me dejó ese mismo verano en el Paredes de Coura), y animados por el atractivo continuista de la fórmula de su segundo Cd, Confess (4AD, 2012). Twin Shadow gira en torno al guitarrista y vocalista dominicano (solo de nacimiento) George Lewis Jr., pero tras el pararrayos mediático que es su frontman, hay un grupo bastante interesante, aunque no peguen demasiado entre ellos. Y el tema funcionaba cuando Lewis interaccionaba bien con alguno o con todos los demás de la banda; cuando no quedaban huecos vacíos entre instrumento e instrumento.

Porque por momentos me pareció que el sonido estaba descompensado, que pesaban demasiado la guitarra, el bajo o la batería, y que en varias ocasiones, sobre todo en algunas de las canciones más destacables (como Slow o Castles In The Snow), la propia voz de Lewis quedaba sepultada por alguno de éstos. Increíblemente, ya que resulta quizá el elemento bandera de Twin Shadow. Cuando se le oyó cantar estuvo bien; y a la guitarra también; pero Andy Bauer, a la batería, estuvo sencillamente alucinante. Creativo, flexible y contundente, a la par que sutil y detallista, su aportación al sonido de la banda en directo solo es comparable a la labor estructural de las paredes de un templo como el Taj Mahal o la Basílica de Santa Sofía de Constantinopla. Más allá del magnetismo y la fotogenia de Lewis, mi concierto estuvo allá atrás.

Así que creo que en cierto modo adolecen de una ligera indefinición básica sobre si son un grupo de verdad, o solo una banda que acompaña a un tío con nombre de grupo. La personalidad de Lewis en el centro del escenario, cometarios y engreimiento a parte, es evidente, pero no me ha convencido como líder que favorece la cohesión de su banda: si los demás dan lo mejor de sí mismo, no parece que sea 100% en beneficio del colectivo. Falta compromiso; o eso me pareció leer entre los renglones mudos del pentagrama.

No obstante, como he dicho al principio, creo que esta no es la única lectura posible de la noche. En general, al margen de meticulosidades que pueden olvidarse con un punteo acertado (que los hubo, y muchos) o un tema bien entonado, resultó un concierto intenso y vistoso. Su dream pop sintético sonó duro y fuerte, resultón para un baile entre la pose pseudo-rapera y el romanticón tipo latino norteamericano (Weeknd es el modelo canadiense, con mejor planta), que tan bien representa este George Lewis Jr., que aunque se permite poner en duda prematuramente la nacionalidad compatriota de un asistente, no tiene ni papa de castellano.

Fotos de Pablo Luna Chao.

Versión de Joan Carles Isern en Alta Fidelidad.

Escucha el setlist del concierto en Spotify.
O míralo aquí!)

DJANGO DJANGO




¡Welcome to the jungle!

Hay discos que son como un veneno con efecto retardado. Cuando en abril escuché por primera vez el Django Django de Django Django, poco antes de emprender un largo viaje de un mes por Mozambique, me gustó bastante, aunque ya estaba distraído e impermeable ante la música nueva. Pero lo que no sabía es que me habían picado, y su efecto, aunque a largo plazo, ya estaba en marcha. A mi regreso, fue el primer disco que escuché; y a medida que ha avanzado el verano, un deseo creciente dentro de mí ha hecho que acudiera de nuevo, una y otra vez, al entramado rítmico y sonoro de esta ópera prima, como si fuera extendiéndose por mi cuerpo, como hace el veneno de los mosquitos más evolucionados, un picor sano a medida que me rasco, a medida que me introduzco más y más en el fascinante mundo de Django Django: una especie de Jumanji musical, extremadamente original, que rebosa calidad y frescura compositiva.

Algunos han clasificado a este cuarteto británico como art-rock, y aunque realmente se conocieron en la Escuela de Arte de Edimburgo, ellos mismos afirman desconocer el significado de esa etiqueta. Tal vez, puestos a inventar géneros, podrían englobarse en una escena ciertamente psicodélica, naturalista, con formato de synth-pop y ritmo electrónico de inspiración étnico-tribal de lo más colorista. Pero en lo referente al estilo, lo mejor será dejar la descripción en un simple eclecticismo de influencias claras, pasado por una batidora muy personal, y transformado en un engendro experimental con cara de pop, movimientos de electrónica básica, y cuerpo formado por elementos de todo tipo de músicas, como si la bestia se compusiera de partes de los cientos de animales que conforman la fauna de una jungla. Django Django es un coctel explosivo, con sabores del mundo entero, de hoy, de ayer y de mañana.

Se trata de un sonido verdaderamente arriesgado, donde los instrumentos se disfrazan de lo que no son, y los ritmos, aunque no en exceso acelerados, resultan siempre frenéticos y un pequeño acto de locura. Destaca, por encima de otras características, la preponderancia rítmica sobre unas melodías que, de sencillistas, pasan casi por infantiloides, inocentes, con un punto de ingenuidad que puede recordar desde a Pink Floyd, a la excentricidad casi dadaísta de Ariel Pink. Pero el ritmo es prioritario, básico (en ambos sentidos), primario y primitivo. Tribal, pero en el sentido tarzanesco de unos tipos siendo naturales, y un poquito selváticos y salvajes, haciendo música en bolas con lo que les ofrece la jungla. Y usan de todo: desde los famosos cocos, a un bombo, hondo y redondo, pasando por varios aparatos electrónicos, y teclados, bajos y guitarras, que muchas veces prestan más servicio al ritmo que a la melodía. Dicen que al principio apenas tenían con qué marcarlo, que incluso una vez perdieron los cocos y casi tienen que suspender el concierto, buscando la fruta por los markets de todo el pueblo. Pero la carencia, tal vez, proporcionó la riqueza.

Lo cierto es que el Django Django es un disco intrincado, con gran cantidad de recovecos y esquinas que conducen a lugares insospechados, con quiasmos y retruécanos musicales por doquier. Pero también es verdad que resulta, bien escuchado, un tanto irregular. Tal vez se deba a la esencia caótica de su espíritu musical. Pueden mantener nuestra atención activa durante los 48 minutos y 13 canciones, a través del sinfín de sonidos que surgen de la selva, pero cuando bajan el ritmo, en ciertas canciones centrales, su intensidad también se resiente. No obstante, nos regalan un inicio de Cd realmente acojonante. Introduction, con ese primer teclado básico que da inicio al ritmo, antes de que el bombo entre, y con ese segundo, bien encajadito en las cuadrículas rítmicas, como buenos británicos que son, anticipan lo que va a ser este viaje, ligeramante psicodélico.

Toda esa promesa se desata en Hail Bop y Default. En la primera, ácida y fresca a más no poder, aparecen también las voces en coro, que es otras de las particularidades de Django Django, recordándonos a la época de los cuartetos vocales (bom, boM, bOM, BOM), y el beat se abre en un horizonte ancho y muy bien iluminado. El track 3, Default, soltado a las primeras de cambio, enlaza con el cabalgar decidido del principio, completando un inicio para enmarcar. Una guitarra cruda comanda el ritmo, a base de rasgadas contundentes hacia arriba y abajo, y en el estribillo, voces mezcladas casi como si fuera beatbox, el tema se convierte en temazo.

Firewater es la primera tregua: asoma la acústica, las pulsaciones bajan, y la melódica manda, relajada, liviana y blusera, porque lleva el ritmo implícito. Acaba, en cierto modo, el hechizo del inicio. Waveforms retoma el ritmo medular del Django Django, con el aroma de siempre, y aunque de manera aislada podría resultar, probablemente, el otro hit del Cd, tras la tregua pierde capacidad de impacto. Zum Zum, sin embargo, sí logra llamarnos más la atención, con esa disparatada composición instrumental, el sencillismo exacerbado de la composición, y la franqueza de su estructura: una divertida pantalla del Donkey Kong Country 3. Justo en el ecuador del álbum, Hand Of Man hace de segunda tregua, acústica y pacífica, pero el álbum ya no se levantará nunca como antes.

La segunda mitad del Django Django de Django Django no está a la altura de la primera, pero demuestran que, pese a ser religionarios de una caja de ritmos bien acelerada, son capaces de dilatar y estirar la superficie melódica de sus composiciones, como si fuera una tela de licra ajustable, para adaptarla a diversas velocidades. Así, Love’s Dart y WOR, por ejemplo, aunque sobradamente contrarias en tempo, comparten la misma urgencia sedada. Ésta última, más en la línea regular, encajaría junto con las demás destacables, en una atolondrada banda sonora de peli de persecuciones de coches, tipo El mundo está loco loco. Storm y Life’s A Beach son otros ejercicios vocales y rítmicos, porque aunque lo mejor esté al principio, todo el Cd está impregnado con las mismas virtudes y características de riqueza decorativa.

El último tema de la línea más combativa de Django Django es Skies Over Cairo, con esa tópica melodía egipcia, y un teclado en su misma sintonía. Pero lo que realmente destaca es, nuevamente, esa rítmica tarzanesca: de pirámide a pirámide en liana, mientras los tambores resuenan al ritmo de un baile entorno a una olla con seres humanos que se salvan en el último momento, porque irrumpe Silver Rays, como si de una nave intergaláctica se tratara, para transformar el final de la historia en una imagen de depurada y cuidada jungla espacial, psicoactiva y tremendamente rítmica, que seguramente acabará entre lo mejor del 2012. Default, al menos para mí, es uno de los hits más grandes y pegadizos que se han visto en lo que va de año. La cita en directo: Dcode Festival; Madrid, mediados del próximo mes.


AIR



Tal vez, a aquellos grupos o artistas que en su momento revolucionaron la música, o que aportaron algo nuevo a algún género o estilo, se les presuponga siempre una excelencia que, muchas veces, hace que seamos injustos con ellos. Es posible que por eso muchas de las mayores referencias de determinados movimientos musicales hayan sido de carrera corta: pienso en Nirvana, en los Sex Pistols y en Joy Division, por ejemplo, pero hay infinidad de casos más. Efímeros y fulgurantes como estrellas fugaces, no llegaron a probar las aguas estancadas del atasco creativo, del no poder superar sus pasadas obras maestras, o del sentir agotamiento en los filones y las fuentes inspiradoras que hacían, en otros tiempos, fluir su música ante el asombro de un público que, entonces, les daría la espalda. Pienso que muchas veces las expectativas, sobre todo aquellas creadas por pelotazos anteriores, son el mayor obstáculo al que tiene que enfrentarse una banda a la hora de editar un nuevo trabajo. Y creo también que Air, con el lanzamiento del que es su séptimo trabajo de estudio, LE VOYAGE DANS LA LUNE, es un poco víctima de esto mismo.

Porque, como se suele decir, si este álbum lo hubiera sacado un grupo debutante, otro gallo cantaría: las críticas y la aceptación habrían sido mucho más amistosas. Pero claro, Air no son, ni mucho menos, un grupo debutante; si lo fueran, de hecho, tampoco tendrían un público al que defraudar o satisfacer: no tendrían un público propio y fiel, su público. A un grupo consolidado, a alguien que es capaz de hacer, en un momento determinado, un Moon Safari o un Talkie Walkie, se le presuponen una categoría creativa, una calidad técnica y unas infraestructuras instrumentales y de producción por encima de la media; y claro, cuando de pronto sacan algo que no está la altura de sus mejores obras, el público se decepciona y le da la espalda. Pero claro, aquí no se trata de vivir de las rentas: muchas veces los fans preferimos largas etapas de silencio a la edición mecánica de material, como si el arte se pudiese adaptar a la insensible maquinaria fordiana. Y si no, al ejemplo de Portishead me remito.

WASHED OUT




Cuando el pop encontró a la electrónica.

La mayoría de la gente cree, en mi opinión erróneamente, que está ya todo inventado, sobre todo en el campo del arte. ¡Qué arrogancia presentecentrista! ¿Qué sentido tendría seguir aquí, creando y reflexionando? Lo que pasa es que la gente espera ver lo nuevo, lo innovador, saliendo de debajo de una sábana, en la camilla de algún inventor chiflado y mediático. El Renacimiento no surgió al descorrer un telón, sino a través de pequeños y encadenados avances, muchos de ellos inadvertidos, protagonizados por diversos genios a lo largo de muchos años.

Lo mismo ha pasado con muchos de los estilos musicales que ahora se practican, o que se han practicado en el último medio siglo. Algunos, sí, han sugido de un pionero icónico, rompedor y referencial, de alguien que, en efecto, hizo lo que nadie antes había hecho. Pero por lo general, los estilos brotan donde el caldo de cultivo está poblado de pequeños inventores, más o menos cuerdos, autoinfluenciándose con cercanas referencias que, con el paso del tiempo, generan un corpus musical reconocible y caracterizable. En ese sentido, el panorama musical se parece a esos mapas del mundo de noche, donde no hay fronteras, y solo vemos las diversas aglomeraciones humanas por los puntos de luz que marcan las ciudades. Ahí donde acude más gente, donde haya unión entre los puntos de luz, habrá un estilo de música.




Washed Out (Ernest Greene) es uno de los referentes indispensables del chillwave, una tendencia enmarcada en el electropop, que trataré de traducir en base al WITHIN AND WITHOUT, el primer Cd de Greene. Neon Indian, que acaba de editar un brillantísimo segundo álbum, Toro Y Moi, MGMT, incluso Animal Collective, Four Tet o Caribou, y en otro lenguaje un poco distinto, The Rapture, Unknown Mortal Orchestra o el propio Ariel Pink, son algunas de las demás referencias imprescindibles de un estilo que, aunque incipiente, ya tiene grandes iconos mediáticos (Of Montreal o Architecture in Helsinki, por ejemplo). Es como una ciudad creciendo en la noche en medio de la nada, a medio camino entre muchas cosas, creciendo sin tener en cuenta las fronteras.

Son muy distintos entre sí todos estos grupos: hablando del WITHIN AND WITHOUT no explico nada de Caribou, por ejmplo; pero me parece un Cd bastante paradigmático de una tendencia muy nueva: lleno de elementos que la definen y la caracterizan.

Para empezar, el disco se mueve siempre en un ritmo electrónico de downtempo, donde la ambientación está por encima de la percusión, que es de garito, ritmo de música de noche, de baile, de pista, de contoneos de evasión con los ojos cerrados, suaves y armónicos. Un ritmo que, si se me permite, entró en el panorama indie de mano de Arcade Fire: es aquel que prevalece en el Funeral, aquel con el que termina toda celebración humana, ya sea de la vida que de la muerte. Es el ritmo de Wake Up, de Haití y, sobre todo, de Rebellion. El que retoman luego en The Suburbs con Half Light II y Sprawl II. Los canadienses, entre otras cosas, son los porteros que abrieron la puerta del indie a la fiesta. Como si hubieran dado permiso a todos para meter el garito en la música y no al revés, donde muchas veces entrea con calzador.

Pero nada tiene que ver Washed Out con Arcade Fire. Solo es un tío con buen gusto que hace una electrónica muy soft; tiene un punto de velocidad más que el downtempo, pero lo compensa su enorme capacidad ambiental: en ningún caso el ritmo desborda la melodía, que es dulce, elegante y enternecedoramente pop. Washed Out, más en este Cd que en su primer trabajo, el Ep Life Of Leisure, dibuja unas canciones sencillas, sin acidez alguna, poperas, revestidas de esa electrónica new wave de paredes blancas soleadas. En el Ep, si acaso, ese pop es algo más alternativo, psycho y synth popero, y hasta post-algo.

WITHIN AND WITHOUT es un sonido ya trabajado, preparado para gustar a más gente, con influencias y recuerdos a otros sonidos mucho menos evidentes que en el Ep, con aspecto de producto pulido, terminado y compacto. Da la impresión de que necesita menos ornamentos de sonido para expresar algo que, además, está más claro. No es una electrónica instrumental, y de hecho las voces tienen una presencia mucho más central y melódica. Se respira todo el rato una atmósfera un tanto mágica y elegante, como de pausado hedonismo. La atmósfera propia del dreampop.

El disco ha sido unánimemente bien recibido por la crítica, incluso muy bien diría yo. Me resisto a infravalorar lo sencillo; y en este caso, la fórmula de Washed Out me parede una vitrina bien limpita donde apreciar algunos de los elemento sonoros, y todas las buenas intenciones de los músicos del chillwave. Greene se aleja mucho de la electrónica al uso, pero forma parte del núcleo que está dando corpus a un estilo nuevo: quizá el primero que realmente ha hecho posible la unión entre la electrónica y los estilos generacionales (léase en este caso, pop). Soft, Far Away y Before, mis temas favoritos.