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LOTUS PLAZA (Barcelona, 07-11-2012)



Como una fábrica de tejidos.

Resulta curioso lo poco identificables que son, por lo general, los componentes de los grupos, incluso los de los más icónicos, cuando no les vemos en su contexto habitual. Probablemente si nos cruzáramos por la calle a Robert Smith nos daríamos cuenta; pero la cosa cambia, y es normal, si se trata de, yo que sé, del batería de Sigur Rós, o del bajista de Radiohead, o del de Wilco. E incluso en su contexto natural, como un escenario, muchas veces ni siquiera nos vale con sus nombres de pila. Habría que tener mucha memoria, más allá de las fijaciones concretas, que existen. Por ejemplo, si nos dicen que Lockett Pundt da un concierto, es probable que nos quedemos igual que si nos dicen Fulanito Pérez; si te dicen Lotus Plaza, el nombre de su nuevo proyecto, ya puede que te suene un poco; pero ahora, si te dicen que es el otro guitarrista de Deerhunter, el que no es Bradford Cox, entonces vas corriendo porque piensas que se pueden acabar las entradas.

Pero no fue así. Tal vez por la concurrencia de conciertos (The Walkmen, Boys Noize, Blind Melon...), o quizá por lo extremadamente anti-mainstream del evento, recluido en la pequeña sala La[2] de Apolo, que ni siquiera dio visos de llenarse. Primavera Sound preparó esta noche íntima con Lockett Pundt, mientras mantiene el suspense sobre el substituto de Cat Power, cabeza de cartel retirada del mismo tras semanas de rumores, a un mes escaso del Primavera Club: fue sin duda el tema de conversación de todos los corrillos. Y así, en un ambiente extraño dentro del relax, tras la apertura de Gabriel y Vencerás, Lotus Plaza presentó ante el público barcelonés su segundo trabajo, Spooky Action At A Distance (Kranky, 2012), en un concierto denso y frágil a la vez.

Dicen que Pundt se ha quitado el miedo escénico, pero difícilmente podrá deshacerse de su aspecto de chico bueno: lidera un grupo de cinco que parece recién salido de la clase de química, con jersey de rayas, bien peinado, cara de no haber roto un plato en su vida; y anillo de casado a los 30. Es la parte pulcra y ordenada de Deerhunter. Anoche, en un directo pop-noise total, demostró cómo crea esa capa de espesa guitarra, translúcida y brillante, y cómo la deja crecer en la inercia, sin llegar a tocar ni un pelo la psicodelia, el caos o el desorden más mínimo. Domó un sonido que puede llegar a ahogarse en sí mismo, limó estridencias constantemente y completó el itinerario debido en cada canción, pero no logró imponerse sobre el escenario y las circunstancias. Resultó, pese a la condensación y al correcto funcionamiento de la música propiamente dicha, un directo un tanto frío, además de corto.

De su amigo Cox se le han pegado cosas. Coexisten en universos paralelos, afinados en la misma frecuencia, aunque Pundt no parece tan versátil a la hora de sumar notas y melodías a esas bases atmosféricas que tan plenamente domina. Reconocemos en Lotus Plaza el mismo discurrir que Deerhunter sí tiene y Atlas Sound no. Pero esa aceptación del feísmo y de la imperfección que se permite en Lotus Plaza, cantando como le viene, no casa con la imagen que da de chico bueno con pánico al ridículo. Es curiosa la especie de sana necesidad musical que se tienen el uno del otro, al rededor de la banda nodriza, sin que eso afecte a sus respectivas personalidades creativas; la de Pundt es innegable, pero le falta bastante carisma.

Lotus Plaza desplegó anoche toda la gama de materiales textiles en la textura de las capas resultantes de un bajo, un teclado, una guitarra que casi redobla al primero, y otra, la de Pundt, que planea con punteos básicos, repetitivos, y de pincelada gorda. Su destacada aportación al sonido de la banda consiste en ese firme discurrir sedoso, casi líquido, que puede ser concreto y directo como en White Galactic One o Stranger, o que puede alargarse diez minutos como en Come Back, temas con los que abrió el recital. Podría decirse que su música es la sonoridad pacífica de una corriente de agua, de un torrente que baja lento, en apariencia, pero que esconde fuertes mareas por debajo de la superficie. Tal vez apreciable solo por aquellos que perderían una tarde entera viendo transcurrir la vida en la orilla de una río.

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en Alta Fidelidad.

TWIN SHADOW. Barcelona, 29-10-2012



Cuestión de gustos.

Una de las virtudes que más admiro del arte, y de la música en particular, es la inmensa diversidad de gustos que permiten. Cualquier razonamiento crítico o pretendidamente académico puede quedar desarticulado o invalidado con la simple frase “ya, pero me gusta/ya, pero no me gusta”, en sus dos vertientes aceptadas. Y punto. Porque aunque se agradezca una explicación argumentada, viene a ser como el “porque no” de las madres: categórico, algo que hay que respetar sí o sí, aunque no estemos de acuerdo. Luego lo que hacemos los que tratamos de transmitir objetivamente lo visto u oído en palabras, puede estar en sintonía o no con las opiniones de los demás, aunque en el fondo no deje de ser otra más; argumentada, en el mejor de los casos. 

Digo esto porque en ocasiones reseñamos conciertos donde notamos unanimidad en la valoración que el público asistente hace del mismo, y en otras, constatamos cómo a unos les ha gustado y a otros no. Y el concierto que dio ayer en la sala Apolo Twin Shadow, pertenece al segundo grupo. Aunque no deja de ser algo normal, algo que puede pasar, creo que sucede más, por ejemplo, cuando la banda o el sonido no están del todo cuajados o definidos: cuando parte del público, quizá, espera una cosa, y los demás otra. O cuando unos advierten carencias o insuficiencias, y otros las pasan por alto porque simplemente disfrutan con la música. Creo que las hubo, pero no contradeciré a aquél que se lo haya pasado bien.

El concierto lo organizaba Primavera Sound, tras haberlos traído ya a la edición del festival de hace dos años. Muchos venían a refrescar el buen recuerdo que dejó aquí entonces (yo, por el que me dejó ese mismo verano en el Paredes de Coura), y animados por el atractivo continuista de la fórmula de su segundo Cd, Confess (4AD, 2012). Twin Shadow gira en torno al guitarrista y vocalista dominicano (solo de nacimiento) George Lewis Jr., pero tras el pararrayos mediático que es su frontman, hay un grupo bastante interesante, aunque no peguen demasiado entre ellos. Y el tema funcionaba cuando Lewis interaccionaba bien con alguno o con todos los demás de la banda; cuando no quedaban huecos vacíos entre instrumento e instrumento.

Porque por momentos me pareció que el sonido estaba descompensado, que pesaban demasiado la guitarra, el bajo o la batería, y que en varias ocasiones, sobre todo en algunas de las canciones más destacables (como Slow o Castles In The Snow), la propia voz de Lewis quedaba sepultada por alguno de éstos. Increíblemente, ya que resulta quizá el elemento bandera de Twin Shadow. Cuando se le oyó cantar estuvo bien; y a la guitarra también; pero Andy Bauer, a la batería, estuvo sencillamente alucinante. Creativo, flexible y contundente, a la par que sutil y detallista, su aportación al sonido de la banda en directo solo es comparable a la labor estructural de las paredes de un templo como el Taj Mahal o la Basílica de Santa Sofía de Constantinopla. Más allá del magnetismo y la fotogenia de Lewis, mi concierto estuvo allá atrás.

Así que creo que en cierto modo adolecen de una ligera indefinición básica sobre si son un grupo de verdad, o solo una banda que acompaña a un tío con nombre de grupo. La personalidad de Lewis en el centro del escenario, cometarios y engreimiento a parte, es evidente, pero no me ha convencido como líder que favorece la cohesión de su banda: si los demás dan lo mejor de sí mismo, no parece que sea 100% en beneficio del colectivo. Falta compromiso; o eso me pareció leer entre los renglones mudos del pentagrama.

No obstante, como he dicho al principio, creo que esta no es la única lectura posible de la noche. En general, al margen de meticulosidades que pueden olvidarse con un punteo acertado (que los hubo, y muchos) o un tema bien entonado, resultó un concierto intenso y vistoso. Su dream pop sintético sonó duro y fuerte, resultón para un baile entre la pose pseudo-rapera y el romanticón tipo latino norteamericano (Weeknd es el modelo canadiense, con mejor planta), que tan bien representa este George Lewis Jr., que aunque se permite poner en duda prematuramente la nacionalidad compatriota de un asistente, no tiene ni papa de castellano.

Fotos de Pablo Luna Chao.

Versión de Joan Carles Isern en Alta Fidelidad.

Escucha el setlist del concierto en Spotify.
O míralo aquí!)

DJ SHADOW. Barcelona, 27-10-2012



En la noche, el fin justifica los medios.

El único consuelo que suele quedarnos cuando cambian el horario en octubre, dando carpetazo a todo lo que pueda recordarnos que un día hubo calor, playas abarrotadas y el rico dolce far niente del verano, es que, en verdad, aún no ha llegado el invierno. Pero es la confirmación del otoño: la puñetera lógica energética que hará que despidamos al día, a partir de ahora, y hasta finales de marzo, insoportablemente pronto. Y si además, como pasó ayer, resulta que sí hace una noche auténticamente invernal, el ultimísimo consuelo que puede ya quedarnos es el tener un gran plan (porque siempre es sábado) para sacarle partido a esa miserable hora de noche que ganamos. Por suerte, así era; y en Barcelona nos despedimos del verano como se merece: bailando en una sesión de excepción del mismísimo Josh Davis, más conocido como Dj Shadow.

El productor californiano es una eminencia en lo suyo, y la apuesta de Primavera Sound, como siempre, no podía apuntar más abajo. Pero ha pasado quizás demasiado tiempo desde que Davis pariera el Cd que le dio la vuelta a todo el panorama de la electrónica a mediados de los ’90, como para que alguien sea lo suficientemente iluso para creer que un concierto suyo puede sonar a algo parecido. Desde luego conserva muchas cosas, y por momentos se hizo bastante reconocible su sello durante el set, pero aquella etapa acabó hace años. Entroducing..... (Mo Wax, 1996) quedará como un hito, un referente: un punto de partida que tal vez se olvide cuando el hombre se retire. Pero con un material discográfico en clara recesión, por lo menos en cuanto a interés suscitado, y una mentalidad siempre abierta, innovadora y auto-reciclable, la única finalidad que parece que le queda a la música que crea en directo Dj Shadow es casi 100% el baile.

Entonces podríamos pensar que qué maquiavélico es este músico, porque en verdad el fin justificó los medios. El Dj Set que venía a presentar, 'All Basses Covered', pretendía ser un compendio de géneros musicales, confluyentes en las manos y el estilo de Dj Shadow, y con un nexo de unión: los bajos. De modo que durante más de una hora pinchó el californiano, y por sus platos y aparatos de producción pasaron, en efecto, desde el tance al hip-hop instrumental old-school, tocando muchos de los palos de la electrónica, y acabando incluso con unos minutos de drum'n'bass. Pero todo estaba enfocado al movimiento, al beat roto que evita la monotonía en el baile. Nadie esperaba menos, y el público estuvo efervescente durante toda la noche, excitado, y consciente del privilegio que es tener a uno de los mejores y más afamados Djs del mundo pinchando para ti.

Es difícil valorar musicalmente la ejecución del Set que propuso Davis al margen del efecto motor que obviamente provocó. Tal vez ocurra esto en la mayoría de las sesiones, pero en mi opinión es importante que podamos alcanzar a discernir entre lo que es material musical neto y el efectismo que nos invade en una pista de baile, como fue la sala Apolo anoche, cuando un experimentado Dj quiere enloquecer a su público. En este sentido, el concierto de Dj Shadow tuvo altibajos. Fue de menos a más, y pienso que solo impuso claramente su impronta en la última media hora. Tal vez me lo pareció porque Organ Donor, la única canción original, dejó un aroma clásico en es resto de la sesión; o tal vez fue porque, poco a poco, nos íbamos enterando del leitmotiv en que se basaba su Set.

Lo cierto es que puestos a buscarle coherencia interna al desarrollo que propuso Davis ayer en la sala Apolo, la encontrabas. No obstante, es probable que haya que ser un verdadero amante de la electrónica para entender esos matices, porque aunque formalmente resulte contundente, Dj Shadow es un productor muy sutil; adulto: no hace nada de manera explícita aunque lo parezca. En cualquier caso, su sesión empezó y acabó siendo dura, aunque cambiara la densidad por el ritmo; no mostró excesiva riqueza en el uso de la métrica del beat, y en general, dio la sensación de tener más recursos de los que estaba utilizando (abusó, en ocasiones, de la reiteración del mismo efecto o sonido). Fue siempre punzante, incisivo y directo, aunque por momentos (escasos) también plomizo.

Pero todo disgusto es solo porque de Dj Shadow esperamos, sencillamente, lo mejor. En el fondo, al margen de quién fuera el artista que había detrás del sonido que hacía enloquecer, por momentos, al público de Apolo, lo cierto es que fue una hora y media de música electrónica en directo de altísima envergadura. Aunque muchas veces para entenderlo haya que fijarse en la reacción colectiva. Davis, además, estuvo agradecido, hablador y se notó la dedicación que le estaba poniendo a un Set calculado y bien montado. Por momentos, entendíamos que el mismísimo Dj Shadow estaba ahí, esforzándose de manera sincera y comprometida con la única finalidad importaba en aquel momento: bailar, disfrutar, y olvidarse durante unas horas de que el invierno ha llegado.

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en Alta Fidelidad.