LOS MEJORES DISCOS INTERNACIONALES DE 2011



Del 50 al 41:

50. VERONICA FALLS. Veronica Falls

49. NEON INDIAN. Era Extraña

48. PATRICK WOLF. Lupercalia

47. PS I LOVE YOU. Meet Me At The Muster Station

46. BATTLES. Gloss Drop

45. PURE X. Pleasure

44. LITTLE BARRIE. King Of The Waves

43. RADIOHEAD. The King Of Limbs

42. WHITE DENIM. D

41. WU LYF. Go Tell Fire To The Mountain

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Del 40 al 31:

40. UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA. Unknown Mortal Orchestra

39. JUSTICE. Audio, Video, Disco

38. DESTROYER. Kaputt

37. FLORENCE + THE MACHINE. Ceremonials

36. I BREAK HORSES. Hearts

35. THE WAR ON DRUGS. Slave Ambient

34. YOUTH LAGOON. The Year Of Hibernation

33. EXPLOSIONS IN THE SKY. Take Care, Take Care, Take Care

32. GIVERS. In Light

31. FINK. Perfect Darkness

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Del 30 al 21:

30. ESBEN AND THE WITCH. Violet Cries

29. LOW. C'mon

28. NICOLAS JAAR. Space Is Only Noise

27. KATE BUSH. 50 Words For Snow

26. STILL CORNERS. Creatures Of An Hour

25. REAL ESTATE. Days

24. WASHED OUT. Within And Without

23. THE RAPTURE. In The Grace Of Your Love

22. THE VACCINES. What Did You Expect From The Vaccines?

 21. JAMES BLAKE. James Blake

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Del 20 al 11:

20. THE HORRORS. Skying

19. THE DECEMBERISTS. The King Is Dead

18. EMA. Past Life MArtyred Saints

17. MY MORNING JACKET. Circuital

16. FEIST. Metals

15. YUCK. Yuck

14. THE JOY FORMIDABLE. The Big Roar

13. GIRLS. Father, Son, Holy Ghost

12. M83. Hurry Up, We're Dreaming

11. ATLAS SOUND. Parallax

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CANDIDATOS A MEJOR DISCO NACIONAL E INTERNACIONAL DE 2011



Después de darle muchas vueltas, de escuchar y reescuchar discos y canciones, aquí os presento las listas de candidatos al mejor disco nacional e internacional del año 2011! Podéis votar si os apetece, vuestra opinión será tenida en cuenta, pero en mi mente ya voy vislumbrando la clasificación definitiva...!

MIS 10 CANDIDATOS AL MEJOR DISCO NACIONAL DEL AÑO:

- AMARAL 
- ANTÒNIA FONT
- DISCO LAS PALMERAS!
- EL COLUMPIO ASESINO
- EXTREMODURO
- LOS ETERNO
- MANEL
- NUDOZURDO
- ODIO PARÍS
- OSO LEONE

MIS 50 CANDIDATOS AL MEJOR DISCO INTERNACIONAL DEL AÑO:

- ANNA CALVI
- THE ANTLERS
- ATLAS SOUND
- BATTLES
- THE BLACK KEYS
- BON IVER
- THE DECEMBERISTS
- DESTROYER
- EMA
- ESBEN AND THE WITCH
- EXPLOSIONS IN THE SKY
- FEIST
- FINK
- FLEET FOXES
- FLORENCE + THE MACHINE
- GIRLS
- GIVERS
- THE HORRORS
- I BREAK HORSES
- JAMES BLAKE
- THE JOY FORMIDABLE
- JUSTICE
- KATE BUSH
- LITTLE BARRIE
- LOW
- M83
- MOGWAI
- MY MORNING JACKET
- NEON INDIAN
- NICOLAS JAAR
- THE PAINS OF BEING PURE AT HEART
- PATRICK WOLF
- PJ HARVEY
- PS I LOVE YOU
- PURE X
- RADIOHEAD
- THE RAPTURE
- REAL ESTATE
- ST. VINCENT
- STILL CORNERS
- TV ON THE RADIO
- UNKNOWN MORTAL ORCHESTRA
- THE VACCINES
- VERONICA FALLS
- THE WAR ON DRUGS
- WASHED OUT
- WHITE DENIM
- WU LYF
- YOUTH LAGOON
- YUCK

THE ANTLERS



Miradas de amor desde la distancia.

Son curiosos los razonamientos automáticos que procesa nuestra mente a veces. Como las que genera la mía cuando escucha algo nuevo, relacionando al grupo con el sello y viceversa. En ocasiones (luego generalmente voy descubriendo que no tengo razón), como en el caso de Matador y Esben and The Witch, me pregunto por qué una grande le da esa oportunidad a unos raros desconocidos; y en otras, como en el caso de The Antlers y Frenchkiss Prod., no puedo evitar pensar que es como cuando un equipo pequeño ficha a un genio del fútbol, hasta ahora desconocido, y lo da a conocer al mundo, disfrutando de su presencia mientras aguarda el inevitable momento en que venga uno grande y se lo lleve. Porque esta banda, después del BURST APART, ya no puede pasar más desapercibida.

Peter Silberman es el responsable directo de este proyecto de Broocklyn que a mí, personalmente, me tiene loquito últimamente. Practican un delicado pop-rock independiente, ligeramente alternativo, y un poquito post-algo: una música muy identificable (me niego a decir catalogable, aunque lo sean), pero con una personalidad clara y bastante particular. Recuerdan un poco a Piano Magic y a The National, pero en general, y pese a no resultar en absoluto inclasificables, a quien recuerdan en todo momento es a ellos mismos. The Antlers es de esas bandas que mientras las oyes eres, en todo momento, plenamente consciente de a quién estás escuchando y por qué. Pero no busques motivos de escaparate, no muestran a gritos o con luces de neon su bandera: te van conquistando con la insistencia de las caricias que siempre son bien recibidas. Hay mucho amor en la voz herida de Silberman.


JAMES BLAKE + JAMIE WOON + JAMIE XX. Barcelona, 8-12-11.



La Jaime's Nuit.

“Házmelo duro, James. Como a ti te gusta: seco, intenso y sin dilaciones; pero házmelo con amor”. Eso pensé anoche durante el concierto del señor Blake, mientras entendía, con la clarividencia de quienes asisten a una revelación sagradas, por qué este chico es uno de los personajes musicales del año. Es la electrónica del sentimiento, la sesión sentimental. La apuesta de Razzmatazz para su 11º aniversario fue de repóquer en la noche de ayer: reunió, en un show dinámico y amistoso, a Jamie Woon, James Blake y a Jamie XX, miembro de The XX, que actuó solo como Dj ya pasadas las 2am. Tres de los productores más influyentes de la electrónica del momento: lo mejor del panorama post-dubstep actual.

Con gente así el éxito estaba asegurado: crearon un espectáculo musical, calculado al milímetro, que medía las pulsaciones del público, y las traducía en rítmica aplicada amplificada. El plan era el de un concierto de endurecimiento paulatino, con repechos contundentes de subidas inesperadas, y preciosos valles, creados por el ritmo de la electrónica blanca, iluminados para las preciosas voces de Woon y Blake. Pero cuando nos quisimos dar cuenta aquello había dejado de ser un concierto, se activó la estética Dj y Blake, de nuevo, pinchó durante una hora larga. Dudo que la causa fuera el leve retraso que todo el show llevó, pero el caso es Jamie XX se incorporó al espectáculo antes de tiempo para hacer una impresionante batalla de Djs con el protagonista de la fiesta. Un colofón que aún le dejó margen para aventurarse por la electrónica más dura.

Pero aunque la tendencia estuviera clara desde el principio, pudimos los menos fiesteros disfrutar de la calidez asombrosa de Jamie Woon. El gran atractivo del post-dubstep radica en que ahora toda la rítmica y el método se sintetiza (de síntesis), y se pone al servicio de otros estilos que entran en el dubstep como una daga ardiendo en mantequilla. Se limpian sus estructuras, se derrite lo innecesario, y solo queda un pop, un soul, un R&B profundísimos, movidos por la métrica electrónica intuitiva, blanca y silenciosa que practican y dominan estos jóvenes británicos. Woon es el más soulero, se siente muy cómodo con una guitarra entre manos, usando su voz como si fuera en volandas sobre esa tela magnética y suave que crea con las bases.

Porque lo de James Blake va más allá. ¿Es la electrónica sentimentalista del británico una rara avis en el panorama musical posmoderno, o es el nacimiento del suelo que pisará el soul del siglo XXI? Entendiendo el género ya no solo como un estilo musical, sino como esa capacidad de crear música con alma, música libre, y hacer que brote como de forma natural. El soul de los ’60 tuvo el entorno adecuado, su momento de liberación, y ahora, con la revolución electrónica, parece que la música ha encontrado otro hábitat apropiado para desarrollarse sin barreras ni ataduras.

Pero lo que hace Blake, subido a un escenario, es follar con casi toda la historia de la música moderna. A modo grupo, acompañado de una batería y un guitarrista y asistente rítmico, el menor de los tres Jaimes cantó, tocó el teclado, jugó con su voz y los samplers y, en general, con el libido de los asistentes. Hay una evidente carga erótica en su música, y más si la interpreta en directo: la hay en sus silencios cantados, en sus intensidades y contundencias, y en la sensibilidad manifiesta que hubo en todo momento, incluso en los más duros. “Házmelo fuerte, James, pero con amor”.

Es su versión live Blake compaginó la pasión de la música viva, con la fría precisión del amante implacable, el alma soulera, popera y glamurosa de la música de intérprete y micro, con la mortífera puntería digital de la base electrónica. Acabó como lo haría el mismísimo Elthon John, solo frente al piano, en la intimidad de una sala repleta de fans. Pero un minuto antes había empezado a anticipar la sesión que tenía preparada para su versión Dj. Dejó claro que desde cualquier esquina de su disco, desde cualquier pasaje, es capaz de escaparse, ya sea en dirección al tecno y al dubstep más puro, o hacia géneros más melódicos y tradicionales, aunque en su boca suenen a total renovación.

Después, cuando se puso a los platos la cosa ya cambió. Fue una de las sesiones de electrónica más espectaculares y limpias que he escuchado: desde una inspiración más bien rapera y basada en el R&B, Blake Dj movió a la sala al ritmo que exhala el último trabajo de Jamie XX, pero a golpe de pedrada pulida. Y cuando éste subió al escenario, compartieron mesa durante una gloriosa hora en la que volaron los vinilos (Cds en el caso de Blake) a modo de improvisación. La calidez del menor de los Jaimes, tendente siempre al recurso vocal, contrastó al principio con lo que hacía el mayor; pero tras unos estiramientos, de texturas firmes e incontestables, el señor  Smith procuró dar un pasito más allá hacia el profundo abismo de la electrónica de garito. Cualquier atisbo de soul se extinguió con el avanzar del metrónomo.

Me fui de Razzmatazz hacia las 3:30, dejando a Jamie XX a los mandos de todo el asunto. La Noche de los Jamies seguía, y el 11º aniversario de la sala parecía, más que nunca, una gran fiesta. Un cumpleaños que ha tenido durante este último mes a invitados tan de excepción como The Horrors, Washed Out, The Drums, James Holden, The Rapture o los mismos Smashing Pumpkins: un lujazo de cartel que solo nos lleva a una conclusión: ¡Larga vida a Razzmatazz!

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en Alta Fidelidad.

MY MORNING JACKET


Empieza a ser habitual que grandes bandas consolidadas compren iglesias en sus pueblos para convertirlas en estudios de grabación. No creo que el oído humano esté preparado para apreciarlo de primeras, pero lo cierto es que las casas de Dios han sido siempre lugares donde la música se manifiesta de manera especialmente sobrecogedora, grandiosa, y tremendamente poderosa. Los últimos en seguir esta extraña costumbre han sido los norteamericanos My Morning Jacket. Se podría pensar que la voz de Jim James solo cabe en edificios de ese calado, de tan imponente porte como el que tienen las iglesias; pero en realidad es en la voz de Jim James donde cabe todo Dios.

CIRCUITALS es el sexto álbum de la banda de Kentucky, y con cada disco llegan más alto en las listas de venta de todo el mundo. Poco a poco van enamorando, con ese estilo de rock sano, vigoroso e íntimo a la vez, colorido y lleno de vida: un rock con los ojos bien abiertos, capaces de apreciar todo lo bello que el mundo nos ofrece cada día. My Morning Jacket es como un buen tipo, como un gran tipo; sería de esas personas llenas de bondad, absolutamente incapaces de la más mínima maldad, que solo reparten buenas intenciones; de las que te fías conociéndolas de un día.

Z es, seguramente, su mejor disco hasta la fecha. Ningún otro me parece tan completo y equilibrado. Este CIRCUITALS, pese a ser, como siempre, un trabajo muy correcto de la banda de James, no me parece de esos discos que los dejas correr en tu reproductor: sobresalen temazos, y corre el riesgo de acabar siendo recordado simplemente por haberlos contenido, y no por formar parte de un todo imparable, coherente y firme. En general, opino que el disco se sustenta en dos piezas iniciales gloriosas, Victory Dance y Circuitals, y un par de temas hacia la mitad que hacen que el descenso hacia el final no sea una cuesta en picado: Holding On The Black Metal y First Light. Curiosamente, es ese hasta ahora inédito deje soulero de hombretón negro el que termina por salvar el Cd. Pero claro, ¿quién es el iluso que aún espera encontrar un disco de folk cuando abre la caja de My Morning Jacket?

No sería justo decir que el resto de las canciones son malas. Todo lo que hace esta banda es envolvente, detallista y cálido, como un salón con chimenea, alfombras gruesas, madera y mantas; como un fuego que chisporrotea mientras el otoño avanza tras los fuertes muros de piedra. You Wanna Freak Out tiene, además, el brillo colorido de la luz pasando pura por las cristaleras de su iglesia; Slow Slow Tune y Movin' Away esa calma nostálgica de los viajes de vuelta. Y no digamos Wonderful (The Way I Feel), que nace de un arpegio cantado en soledad, para acabar siendo, esta vez sí, un pequeño hit de granero. The Day Is Coming y Outta My System, para mi gusto, encajan un poco peor: prometen más de lo que luego dan (o quizá es la injusta maldición de las canciones que van después de los temazos).

Merece mención especial, de todas maneras, el espectacular inicio del CIRCUITALS. Son 13 minutos exactos de tremendo rock: de ese que no tiene apellidos, pero que es capaz de detener unos segundos el movimiento de La Tierra cuando suena en directo en algún punto del planeta. Dondante seguirá siendo indiscutiblemente la mejor canción de My Morning Jacket, pero Victory Dance y Circuitals se le han acercado bastante.

La primera tiene un poquito de lo mejor de Pearl Jam y bastante de esa capacidad que tiene Coldplay para emocionar explícitamente. Empieza extraña, con el canto de dos pájaros (JJ y una guitarra), y un teclado que comienza marcando el camino. Al poco entran la batería y el bajo para poner orden, y conducir el tema siempre hacia arriba, siempre hacia adelante. La guitara empieza a lijar sobre el insistente carril del teclado, cada vez más fuerte, más profundo, y pronto romperá el huevo y saldrá a volar, en un punteo que llega ya cuando el tema ruge y alcanza su nivel de progresión más elevado. Miento, porque después aún queda ese tremendo redoble que en directo debe poner patas arriba toda la santísima creación del Señor.

Circuitals, la canción que da título al álbum, aunque me guste unas décimas menos que la anterior, es una de esas pistas que se rayan en pocos días, un hit indiscutible. Teniendo en cuenta de donde viene, es como el triunfo de la primavera sobre el duro invierno; es la delicia de ver una flor naciente abriéndose poco a poco, creciendo hasta llegar sana a su máximo esplendor. Es una oda a esa fuerza de la vida que es capaz de abrirse paso siempre entre la muerte.

Con tan tremendos chutes al principio es normal que el resto del disco no parezca estar a la altura. Y no está, desde luego, a la altura de estas dos piezas iniciales, pero sí con respecto a su evolución discográfica en los doce o trece años que llevan tocando. Con CIRCUITALS debe pasar como con la heroína, que nunca un viaje será igual que el primero: siempre andarás buscando, como el pobre yonki de las esquinas, tu Riding The Dragon particular. Pero ni Victory Dance ni Circuitals vuelven a sonar.

BATTLES. Barcelona, 30-11-2011



Creo que mis tímpanos se han declarado en rebeldía; mis oídos no me hablan, y todo por culpa del concierto de ayer de Battles. Hubo momentos en los que estuve tan pegado a la batería de John Stainer que la caja de resonancia era mi propia gran boca abierta; y hubo otros en los que estaba tan cerca del teclista y guitarrista Ian Williams que me cayó alguna de las cientos de miles de millones de gotas de sudor que saltaron de su cabeza al ritmo del impecable sonido de la banda. También pude observar la magia constructiva de Dave Konopka, el otro guitarrista, mientras no paraba de mezclar y samplear sus propias notas.

Porque lo de Battles es pura frontalidad musical, un implacable muro de contundencia incansable, en absoluto monolítico, que parece el resultado plástico de una colorista y speedica fórmula matemática loca. Aunque la música en el fondo siempre sea eso, geometría de notas, tonos y ritmos, lo que me apasiona de Battles es que, con su descaro, transforman ese lenguaje cuasi aritmético, mientras le brindan un poderoso homenaje, en otro mucho más sencillo, casi diría que primario; instintivo, animal, brutal.

No especulan un solo instante ni con el tiempo ni con la distancia: son aquí y ahora, y mientras están, lo son con una intensidad que asusta. Stainer golpea su batería como si dependiera de su fuerza que el universo no se despegase por los bordes. Usando y destrozando sus baquetas por los dos lados, el de Baltimore es un verdadero espectáculo: empapado en sudor, y encogiendo su enorme figura frente a su instrumento, parece el ser humano más concentrado y entregado a algo que pueda existir jamás. No parece una máquina, da la razón a los luddistas: un ser humano al 100% siempre será mejor.

En la disposición frontal que adoptan en directos como el de ayer de la sala Apolo, destaca que Stainer esté en el medio, flanqueado por dos personajes (antes fueron un cuarteto) que se dedican a colorear la barbarie de ritmo que él plantea. A su derecha Williams, un personaje bailongo de bigotes americanos, de esos que se precipitan comisuras abajo, que es capaz de tocar dos teclados a la vez, mientras puntea una guitarra muy elástica. Y a su izquierda Konopka, un hombre que hace del concepto de guitarra rítmica un arte de la mecánica y el ensayo. Hacen un trío de atropellada perfección: el cerebro debe ser Konopka, Stainer es el brazo ejecutor, y el bueno de Williams, el más hablador, ha de ser las piernas de este organismo bailable que es Battles.

No es una banda que se caracterice por la sutileza, pero sí hay sitio para exuberantes matices, dado que los espacios creados por la estructura son amplios, y las pinceladas que componen sus melodías de vertiginosa escalinata son cortas y rápidas. Por eso el público disfruta toquen lo que toquen, porque no hay desperdicio en todo el rato que dura su recital: lo llenan todo, y ni siquiera crees que te dé tiempo a asimilarlo todo, ni en su conjunto, ni al detalle. Pero ha sido tal la avalancha, que sales tú igual de empapado de Battles, que los Battles de su propio sudor. No obstante, sí se notó una efervescencia especial cuando sonó Atlas, seguramente su tema más emblemático.

Pero tampoco va a ser grupo de un solo tema, es más: sus directos son tan compactos que, aunque haya pasajes más reconocibles o admirados que otros, sea el setlist que sea, parece todo compuesto de seguido, como si en una sola tarde, de una sentada, atropelladamente pero de manera precisa, hubieran compuesto todos los temas; enlazados entre sí uno detrás de otro, como si fueran un todo radical de sonido, matemáticas y ritmo. Es la fórmula de Battles.

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en Alta Fidelidad.

PRIMAVERA CLUB (Barcelona). DÍA 4 Y FINAL



SÁBADO 26 DE NOVIEMBRE. DÍA 4 Y FINAL.

Desde el principio sabíamos que el día más duro iba a ser el viernes, y que una vez pasada la etapa reina, el final del Festival ya sería mucho más tranquilo y sosegado. No obstante, aún quedaba buenas excusas para acercarse a alguno de los recintos, pero ante la (bendita) sobredosis de música en directo que sufrí la noche del viernes, opté por asistir solo a la sesión nocturna de la Sala Apolo. El menú: Superchunk, Com Truise y James Lavelle. Ignoraba entonces que ese, el del genio creador del selo Mo’ Wax, iba a ser mi último concierto en esta edición del Primavera Club, pues ayer domingo finalmente no pude asistir a ninguno por fuerzas mayores; lo siento fundamentalmente por los Autumn Comets y por EMA, pero otra vez será: uno de los atractivos de este festival, de hecho, radica en saber que los grupos que ves, seguramente, darán tanto de que hablar que puedes contar con la certeza de volver a verlos pronto, y probablemente en escenarios aún más grandes.

Con todo, mi última jornada en el Primavera Club no fue en absoluto decepcionante. Era difícil, si no imposible, superar en calidad y cantidad a la anterior noche, pero aún quedaban algunas sorpresas por darse a conocer. No fueron, obviamente, los veteranos Superchunk, que dieron un concierto de esos en los que la tregua está vetada, y el decaimiento proscrito. La banda de Mac McCaughan repitió su fórmula de guitarreos incesantes y ritmos calientes con ciertas inercias que limitan su abanico de sonidos. De todas formas, el público disfrutó de lo lindo en las primeras filas, porque todas las canciones aportan la misma cantidad de adrenalina vitaminada a quien se acerque lo suficiente. El problema es que da la sensación de que en pocos minutos lo han mostrado ya todo, cuando en otros conciertos cortos parece que apenas ha dado tiempo a vislumbrar la punta del iceberg del sonido de bandas más interesantes. Pienso en Sleep ∞ Over, Still Corners y Unknown Mortal Orchestra fundamentalmente.

El descubrimiento fue otro, y tiene nombre de celebridad: Com Truise. He de reconocer que iba sin tener absolutamente ninguna idea de lo que era esto, pero cuando te fías de una productora, o de una promotora como Primavera Sound, puedes ir tranquilo a casi cualquier cosa. El escenario lo ocupaba una extraña pareja: un hombre pinchando a la derecha, mezclando y haciendo electrónica, y otro al fondo tocando la batería. La propuesta estaba clara: electrónica con base instrumental. Después me enteré que la pareja era en realidad un solo tío, Seth Hayle, el que pinchaba, y que el batería debía acompañarle en las giras. Lástima, porque creo que es el mejor batería que he visto en mi vida; al menos técnicamente. Una batería tipo Battles. Su pegada, seca y aritmética, casi informática, era milimétricamente igual una a la otra. Digo que Com Truise es un solo tío porque ese batería no era humano.

Después, su música tiene algo inusual y atractivo, pero no sabría decir el qué. Visto en directo, su aspecto transmitía lo mismo que Jay y Bob el Silencioso: la capacidad de dibujar con pinceladas aparentemente absurdas, un universo entero lleno de jugo y juego. La música de Hayle tiene el sello de sus ideas imprimida en cada nota. Ideas sencillas, con un punto infantil ochentero, pero con coherencia y empaque, y articuladas con la laboriosidad del artesano. La electrónica de Com Truise parece incluso analógica, es una mecánica abierta en la que uno entra sin dificultad, y se mueve como si caminara a través de esas ruedecitas que hay dentro de los relojes. Es como la música mejorada de un videojuego retro. Pero todo un descubrimiento, y una experiencia en directo.

Mi último objetivo del sábado era comprobar qué iba a sonar exactamente de UNKLE. El representante era célebre, nada menos que James Lavalle, creador del sello Mo’ Wax con tan solo 18 años, y productor de joyas como el …Entroducing de Dj Shadow. Pero quien esperase, como yo, algo de aquel fantástico Psyence Fiction, que editó en 1998, saldría decepcionado. No hay duda que el gusto musical de este productor ha dado importantes frutos a la música electrónica, y era evidente también que el hombre es un profesional de la marcha, de las sesiones y del rollo electrónica-garito. Pero su repertorio se hizo entrecortado, con demasiados momentos de inesperados frenazos y subidones algo descafeinados. Tampoco el público parecía responder como era debido. Más allá de las primeras filas, donde el panorama no era mucho más alentador, se generalizaba el murmullo de las conversaciones. Las copas le empezaban a ganar la partida a la cerveza, y el ambiente, de pronto, dejó de ser el de un concierto.

Me fui de Apolo más que satisfecho el sábado noche. Saciadas con creces todas mis expectativas, y sabiendo por seguro que ya nada me seguiría sumando en calidad, di por cerrada la cuarta jornada. Sin saberlo había dado por cerrado el Festival entero, pero en realidad desde el viernes noche esta en paz conmigo mismo. Conocía a pocos grupos antes de que comenzara, y ninguna me ha decepcionado lo más mínimo; es más, sigo opinando que muchos van a dar el pelotazo en breve. Pero lo mejor, como en cada edición que organiza Primavera, es que sales con el bolsón lleno de nuevos sonidos que antes no podías ni imaginar, nuevos grupos que te han conquistado donde más lo valoramos los buenos consumidores de música: en el escenario, donde se forjan las verdaderas leyendas.

Fotos de Pablo Luna Chao.

También disponible en Alta Fidelidad.

Playlist del Primavera Club 2011 en Spotify.