THE MARS VOLTA



Entre la salvación y el manicomio.

La potencia de Mars Volta no parece tener control. Rompen una y otra vez con su propio eje, giran y giran, revolucionados, amenazando siempre con desatar la tormenta, con la explosión nuclear. Dominan el fuego, el terror, y todo lo primario. Dominan la carne, y electrifican el alma. The Mars Volta, para mí, son un grupo de culto. ¿Por qué? Porque experimentan con dinamita, porque no han salido de la típica cadena de montaje del rock, porque su valentía se tradujo, en su día, en una auténtica maravilla de Cd: DE-LOUSED IN THE COMATORIUM, y porque técnicamente son asombrosos. Puede que no a todo el mundo le guste este álbum, pero es un sonido tan irrepetible, que ni ellos mismos han podido nunca igualarlo, ni mucho menos superarlo.

Por dónde empezar...Son de Tejas, y los líderes, Omar Rodríguez y Cedric Bixler-Zavala, tienen origen hispano. Ambos formaban parte de dos interesantes precedentes de The Mars Volta: At The Drive-in y De Facto. Y le agradeceré de por vida a Dios(=Messi) el hecho de que en 2003, tras un tímido Ep, viera la luz este inmenso trabajo de debut. DE-LOUSED IN THE COMATORIUM se sale por los cuatro costados. Es desquiciantemente potente, la prueba viva de que, aunque la energía y el control no casen bien, hay genios y valientes dispuestos a intentar rebatirlo. Mars Volta es un grupo de rock progresivo y experimental. Y este primer Cd lo que hace es abrir una auténtica autopista de fuego, una vía circular tipo Nascar que bordea el infierno, rozándolo de tanto en tanto.

El problema, para ellos, es que han corrido una carrera sin rivales. Nadie se ha atrevido a transitar las vías de Mars Volta, nadie aceptó el reto (o nadie estuvo a la altura). Su motor, tras miles y millones de vueltas, se ha desgastado. DE-LOUSED IN THE COMATORIUM y Frances The Mute (2005), aunque en mucha menor medida, son su legado, para mí, más preciado.

Cada canción de este primer álbum contiene unas notas más de psicodelia que la anterior, unos minutos más; va de lo concreto a lo indefinible, pero siempre con subidas y bajadas vertiginosas. La comprensión de este Cd puede tener efectos secundarios: desde la locura, hasta la más absoluta necesidad de dominarlos. En cualquier caso, se termina haciendo adictivo. Cicatriz Esp, de 12 minutos, puede resultar el mejor de los ejemplos: empiezan ordenados, relativamente formales, unos segundos de incertidumbre, y explota el estribillo. Transición increíble. Otra estrofa, otro estribillo, y se van. Un punteo y un ritmo enloquecedor nos zambullen de cabeza en un paréntesis de calma y experimentación pausada, que dura unos 6 minutos. Cuando otros ya habrían dado el trabajo por finalizado, Mars Volta se adentra en su propia música. Por unos instantes, casi todo yace apagado, y hasta se oyen caer las lágrimas de sudor de estos domadores de la perfección.

Y cuando todo vestigio de energía y potencia parecía perdido, la revientan con un tímido redoble, y un ritmo imparable, como una carroza en pleno Carnaval, que nos devuelve al puro rock de eléctricas de The Mars Volta; rematando el tema, como si no hubiera pasado gran cosa, rememorando la original estructura (aunque con impagables y pequeñas variaciones).

Salvo Televators, todas las canciones auguran mal presagio. O será que mi oído los transforma en síntoma del más cercano apocalipsis. El sonido de DE-LOUSED IN THE COMATORIUM es desgarrado (en las partes que no son experimentación, jazz-rock, o electro-psicodelia) en Take The Veil Cerpin Taxt, en Inertiatic Esp, en Roulette Dares y en Eriatarka; This Apparatus Must Be Unearth y Drunkship Of Lanterns ya rozan la rabia divina. La voz a Cedric le sale de más allá de las entrañas: ese hilillo agudo, elástico y desvergonzado tiene su origen en ese lado del cerebro que no atiende a razones. Además, la perfecta técnica de Omar, a la guitarra, y la de una batería que golpea con fiereza y precisión, engalanan de un aparente absurdo controlado la angustiosa letra de todo el Cd.

Creo que Mars Volta nunca podrá superar este Cd. DE-LOUSED IN THE COMATORIUM está tan fresco como el primer día que se pudo escuchar. Es la imagen inmóvil de una descarga eléctrica, la foto finish de la potencia, del descontrol dominado. Es un disco con impulsos de vida siempre latentes.

ARIEL PINK'S HAUNTED GRAFFITI



Ariel Pink es un curiosísimo personaje de Los Ángeles que, tras bastantes años de carrera en solitario, de autoproducción casera y casi para sí mismo, parece haber encontrado un segmento de mercado y de público capaz de hacerle pasar por el nuevo genio de la miscelánea y el eclecticismo del siglo XXI. Ariel Pink's Haunted Graffiti es la especie de banda resultante, y BEFORE TODAY, su flamante nuevo trabajo.

Con Ariel Pink's Haunted Graffiti nada es fácil. Es complicado entender de qué rollo va, casi imposible definirlos dentro de un estilo normal de música y, aunque agradable y rebosante de calidad y momentos brillantes, no es fácil de escuchar. En cualquier caso, mucho más tangible y serio que todo su anterior trabajo.

En 2003 Josh Dibb, de Animal Collective, conoció a Pink tras uno de sus 'recitales', y gracias a un amigo en común, Ariel Pink se convirtió en el primer fichaje de Paw Tracks, el sello de la banda de Baltimore. 7 años más tarde, y tras probar con varias producciones, Ariel Pink's Haunted Graffiti ha editado su primer trabajo verdaderamente importante con 4AD. BEFORE TODAY es un disco lleno de sorpresas; nos asombra en cada esquina, en cada rincón, con cada cambio de decorado (prácticamente a cada canción) y con las infinitas ramificaciones y combinaciones de su sonido.

Se ha definido a Ariel Pink como freak-folk, debido a su excentricidad, a su curioso aspecto, y a la rareza de sus 'conciertos'. Lo que es innegable es que se ha abierto paso por el mundo de la música con una independencia apabullante, hasta hacerse un hueco en los oídos de medio mundo gracias a BEFORE TODAY (9º mejor álbum de 2010 para Pitchfork). Estamos ante un auténtico jugador: la psicodelia y la experimentación llegan a cotas de gran sofisticación en este Cd. Ariel Pink se aburriría enclaustrado en un solo estilo musical, y por eso utiliza cuantos más mejor para crear su propio sonido, tan lleno de personalidad que parece mostrarnos claramente la alterada psique de este personaje.

Hay, como mucho, cuatro canciones que podríamos clasificar como rock: Bright Lit Blue Skies, un líquido y manejable indiepop; Butt-House Blondies, que es como una agradable pedrada de distorsión, entre tanta miscelánea; Little Wig, que bien podría haberse oído en Woodstock, entre ácidos y pioneros del rock duro; y Revolution's A Lie, con un bajo marcado a lo post-punk. El resto del Cd, que rebosa frescura, energía y esa pacífica fuerza del hippie, se mueve entre melodías semiaéreas (L'estac), de entre las nubes, y ritmos que, cuando se disipan los humos de la experimentación más pura, van desde el mismo rock variado que mencionaba antes, hasta una especie de acid soul (Beveryl Kills o Can't Hear My Eyes), pasando por algo que suena, de reojo, a funkypop difuminado y mal pinchado (Round and Round, el temazo del año para Pitchfork), y con un ligero trasfondo de electrónica básica que, por momentos, nos transporta a sus albores, a finales de los '70, principios de los '80 (Fright Night, Menopause Man o las mismas Revolution's A Lie y Round And Round) .

Pero es tratar de clasificar lo indefinible. Todo se mezcla, todo suena indirectamente a varias cosas. Ariel Pink's Haunted Graffiti se escucha, divierte, sorprende y, si nos gusta, simplemente repetimos. Teclado y bajo hacen constantemente el amor; la voz es cortejada, sin tregua, por la percusión, y los arreglos y ese sinfín de incursiones instrumentales llaman, una y otra vez, a una sensualidad implícita. Y cuando los diversos elementos de un sonido se aman tanto, y de una manera tan libre y desinhibida, salen cosas como el BEFORE TODAY de Ariel Pink's Haunted Graffiti. Quizá no vaya a ser el disco de cabecera de nadie medianamente cuerdo, pero es un ejercicio genial de apertura mental; un ejemplo interesantísimo de cuánto puede llegar a caber en una docena de temas.

RADIOHEAD



El rock sin el rock.

Son el sonido de una era, la desmaterialización en notas, efectos, y átomos de música de museo, de una realidad en la que vivimos varios millones de personas de mi generación. Radiohead, sin duda, es el grupo más importante de los últimos 15 años, por esa extraña capacidad de reinventar todo aquello que tocan, por haber abierto caminos de experimentación jamás vistos hasta ahora, y por hacerlo con esa increíble naturalidad, por haber inspirado a cientos de bandas de todo el mundo y, sobre todo, porque nunca, nunca defraudan.

El pasado lunes anunciaban por sorpresa el inminente lanzamiento de su octavo trabajo de estudio, THE KING OF LIMBS, que pudo adquirirse ya el viernes (con un día de adelanto) directamente desde su página web. El quinteto de Oxfordshire ya colgó su anterior trabajo, In Raimbows (2007), para la libre descarga, previo pago, o no, de un donativo de cuantía indefinida. No obstante, este hecho no les impidió liderar las listas de venta ordinaria durante varias semanas. En esta ocasión, sin embargo, el precio sí es fijo. Duro no, durísimo golpe a toda pieza intermediaria prescindible entre ellos y su público.

THE KING OF LIMBS es muy bueno en sí, vale. Pero hay una cosa que no suelen tener los grandísimos discos, y que este sí lo tiene: resulta tan claro en su discurso que aporta una nueva visión sobre el resto de su trabajo anterior. De pronto, sin otro motivo aparente, tengo la necesidad de re-escuchar In Rainbows, que en su día no me convenció al 100%, y ahora le veo todo el sentido. Posados los pies del arcoiris, podemos ya observar el precioso desarrollo de su arco, en todo su esplendor. Toda la evolución desde el Kid A (2000) se nos aparece, como una visión ultraterrenal, entre la inmensa luminosidad de esta octava maravilla.

Pero Radiohead se nos va, han trascendido; levitan, se elevan, y su música ya no está posada en la tierra, sino construída en el aire. Apenas se intuyen, levemente, las sutiles conexiones que, como raíces finas y electricas, unen su electrónica al rock que les amamantó durante sus comienzos. Es la metonimia máxima. El rock sin el rock. O tal vez no se vayan ellos, sino nosotros mismos: nuestra vida, nuestro tiempo. Radiohead es la banda sonora de esos cambios que no se esperan, que no se advierten hasta que se han cumplido. Es el sonido íntimo de nuestra propia nostalgia, un bramido interior que ellos universalizan. Escuchando THE KING OF LIMBS, y siendo consciente de lo que ellos han dejado atrás, entiendes lo que tú has dejado atrás.

Es un disco deslumbrante, sorprendente, como siempre, con una luz palpable, delicada y precisa, con un tono contundente pero amable, y una voz, la de Thom Yorke, que lejos de aceptar unos límites normales, planea de manera majestuosa sobre cualquier tipo de terreno. Por momentos, como en Morning Mr. Magpie o en Little By Little, se aprecia claramente el rock deformado, el abobinable y experimental trabajo de bajo, guitarra y batería que, milagrosamente, ha derivado en la creación, no de un monstruo, sino en la de un ser superior.

Pero el concepto de rock electrónico se les queda corto. Feral, por ejemplo, carece que cualquier tipo de elemento de rock, en Bloom el bajo tan solo marca, y levemente, una mínima estructura, y, en general, la percusión está tan afinada que cuesta distinguir cuando es real y cuando no. Pero el eco y la dulce ambientación de Lotus Flower, Codex y Give Up The Ghost (casi acúsitca), nos remiten tan directamente a los clásicos de Radiohead, que nuestra mente puede recorrer, planeando a lomos de la voz, las finas y robotizadas raíces de su sonido, desangeladas, pero con alguna esporádica corriente de flujo sanguíneo, todavía un poco humano. Y Separator, como colofón de un disco partido en dos, tiene el bajo sutil que marca la estructura, el eco del Radiohead atemporal, el rock deformado, pero la batería (aunque igualmente afinadísima) más creíble de todo el Cd.

Radiohead, ahora más que nunca, se ha transformado en Marvin, aquel angustiado robot de la saga de Douglas Adams al que dedicaron Paranoid Android: una máquina con sentimientos humanos; electrónica con vestigios de rock. El sello personal que nunca perderán, y que también tenía el proyecto en solitario de Thom Yorke, The Eraser, es esa capacidad de crear momentos y sonidos instantámeos, que se dilaten en sí mismos. Canciones que son cuadros, cuyos bordes se deforman y entremezclan, ante el vertido voluntario de gotas de electrónica. THE KING OF LIMBS es un disco entre dos propuestas, pero con un abanico tan rico de sonidos, que Radiohead demuestra en él, una vez más, que son capaces de abarcar, con las dos manos, todo el universo (musical) conocido.



También disponible en Fanzine Radar.es

Cuadros de Minako Abe, expuesto en ARCO 2011.

TOOL



Llevo una década pensando que Tool es la mejor banda de rock de nuestra generación, pero como tardan de media 4 años entre Cd y Cd, en ese lapso de tiempo, puedo llegar a olvidarlo. Todo elogio que haya vertido antes sobre otros grupos quedará aquí empequeñecido hasta niveles atómicos, porque Tool es el cánon de la perfección. El rock progresivo de los ángeles caídos.

Son californianos, pero están hechos de energía pura y de geometría espiritual. Empezaron a tocar hace ya 20 años, en un ambiente donde se codearon con Pearl Jam, Red Hot Chili Peppers y Rage Against The Machine, pero no tiene nada que ver con ellos. No tienen más que cuatro álbumes de estudio (y dos o tres Eps), pero fundamentalmente son dos los que han hecho de Tool un grupo de culto: Aenima (1996) y Lateralus (2001). Demuestran, no solo una técnica increíblemente perfecta, sino también una capacidad de ambientación extrema: tiñen la mente de sus devotos con el oscuro perfume de la fatalidad, siembran en toda alma espectante el don incalculable y cruel de la duda existencial. Lo llamaban magia negra en el Medioevo.

La complejidad del sonido de Tool hace que, de primeras, no se capten todos los infinitos detalles que componen sus enormes canciones. Rara es la que dura menos de 5 minutos, y en todas se repite el mismo esquema portentoso: Tool crea una monumental estructura arquitectónica de música y moral, cargada de simbolismos y profundas reflexiones, que luego destruye sin contemplaciones, en una escalada de relativismo posmoderno y encerrada impotencia. La progresión de sus temas, aunque hayan bebido de King Crimson y Cream, se aventuran mucho más allá: "to swim on the spiral of our divinity/and still be a human" (Lateralus), porque: "high is the way but our eyes are up on the ground" (10.000 Days). La espiritualidad es un ingrediente fundamental en Tool: la redención mediante el dolor, la resurrección del alma tras la ruptura del espejo en mil pedazos.

Aenima fue un duro golpe sobre la mesa, en pleno apogeo del Brit-pop, que impulsó el éxito de bandas que dieron un corpus a eso que llamamos Nu metal (a Deftones y Korn, los llamados fundadores, se unieron Slipknot, Limp Bizkit, Linkin Park, System Of A Down, etc). Crearon para otros un mundo que ni quisieron explotar. Como tampoco hizo Trent Reznor (NIN). Pero lo del Lateralus ya es otra historia. Más que una obra maestra, es un magistral guiño a la mente humana: 13 piezas que, eso sí, ordenadas de manera correcta, describen un recorrido y una historia personal de muerte y resurrección. Una ordenación de la que no dijeron palabra, y que un público friki y con avanzados conocimientos matemáticos sacó a la luz, meses después de su publicación. Porque la reordenación correcta de temas, partiendo del medio, responde al patrón de sucesión de Fibonacci, una de las claves interpretativas del número áureo. (orden correcto: 6,7,5,8,4,9,3,10,2,11,1,12,13). Si os fijáis, de dos en dos, siempre suman 13. ¿No asusta un poco?

Parabol + Parabola anuncia la dirección y el vértigo del camino que vamos a tomar. Un viaje, universalmente descrito, a través de un estado de consciencia alterada, hacia el interior de uno mismo. Schism preconiza la caída, y en Ticks & Leeches, un grito a la desesperanza, nos vemos planear, como Dave en 2001, sobre el oscuro pozo de nuestro aciago destino. La clave del renacimiento descansa en lo que ahora es el epicentro espiritual del disco, Lateralus. Una canción que reproduce también el código de Fibonacci, en la batería y en las sílabas de las primeras estrofas. Se ha creado una estructura, un cánon, uno molde geométrico perfecto que debemos saber cómo y cuándo hacer añicos. Y eso es Tool: ingeniería musical destinada a perecer en la tarea más loable de la mente humana: intentar dominar el caos (o la naturaleza, que viene a ser lo mismo) que nos rodea, fundiéndonos en él (o en ella).

A partir de The Grudge, la parábola es ascendente, y la geometría aún más evidente. Porque lo de Danny Carey, el batería, no es normal. Puede ser el mejor o no, pero nunca nadie compuso algo parecido. Tool, para él y para nosotros, es un instrumento, un ritual de salvación; como también lo es para 'Maynard' James Keenan, emblemático y arcano vocalista, de textura aterciopelada, oscura y mesiánica. Con Eon Blue Apocalypse empiezan los arpegios y el hechizo. El sonido, si cabe, se hace aún más envolvente, irresistiblemente magnético. Reflection es la mejor canción de rock progresivo de la historia. La riqueza de los matices que, durante 11 minutos, se van desarrollando en este tema siempre me producirá escalofríos. Guitarra y bajo siempre tienen la ditorsión adecuada, el efecto preciso para seducirnos y encerrarnos en su perfecto círculo de sonido.

Cuando acaba el Cd, con esa clarificante Disposition, y se evapora la envoltura de Tool sobre nuestras vidas, por un momento, sentimos el frío ancestral del mundo, la soledad innata de nuestra raza, y el incúlume peso que sobre nosotros vierte el futuro a cada paso. Entonces el viaje ha terminado, y solo podemos ver cómo el tiempo ha pasado: "mention something, mention anything, mention this to me, and watch the weather change". Tool no es fácil de escuchar, no se lo recomendaría a todo el mundo; pero cuando entras en su dinámica, que sea hard rock, o que sea progresive metal, deja de importarnos en el acto. Porque, musicalmente hablando, sucumbir al embrujo de esta banda inigualable es de las mejores cosas que me han pasado en la vida.

THE BAVARIAN DRUGLORDS



La voz de las máquinas.

Si me dijeran que la música de The Bavarian Druglords es el producto de una de esas máquinas-ordenador que ocupaban una pared, antigua pero súper potente, y que además tiene cualidades humanas como Hall9000, me lo creería sin dudarlo un segundo. No suenan a humano, y eso es inquietante y, por tanto, atractivo y adictivo. The Bavarian Druglords crea cierta adicción, y por eso me hacen desconfiar, mirar hacia atrás con temor, y dudar de toda la existencia.

Para grupo desconocido, éste. Sé que el proyecto musical es básicamente personal, el de Syed Druglord, un chaval de Brooklyn; sé que detrás de él hay algo llamado Kill Art Movement, que parece que le edita este segundo Cd del que quiero hablar: 229. Y sé que su música es excepcional, y original, y prepotente, y poderosamente atractiva, compleja y tremendamente indescifrable. Por eso es tan cierto lo que acabo de leer de ellos: lo mejor es escucharlos para que la morralla que soltamos los que intentamos poner nombre a algo que no lo tiene, no os confunda o, lo que es peor, os llene de infundados prejuicios o falsas esperanzas. "The Bavarian Druglords, Señores:", debería poner, y lo demás solo sería su música.

En 2009, tras editar tres Eps, vio la luz el primer Cd de esta especie de banda/proyecto personal, llamado 205; en 2010 volvieron con 229, y para 2011 han prometido un nuevo álbum, 301. Parece que a las máquinas se les ha quedado corto el sistema binario. Porque Syed Druglords, o los The Bavarian Druglords, son el eco hueco del metal, un estilo extravagante de rock que parece tener alma de electrónica, piel sintética y la voz propia de un ser virtual y de inteligencia artificial. 205 es más variado, y algo más catalogable que el 229: una especie de mal llamado rock psicodélico, muy personal y particular, inspirado en el rollito Madchester, y con esa especia de alma androide que sueña con ovejas eléctricas.

229, mi toma de contacto con The Bavarian Druglords, es muy similar, pero más sintético aún. Sintético en los dos sentidos: es más compacto y concreto, más preciso y pulido, pero también más industrial, más mecánico, más repetitivo, con las mismas ráfagas de dub, con algún ingrediente más de funky y menos ambiente shoegaze. Piezas como Cascades me vuelven loco. Es como una metonimia musical de tamaño descomunal, como ver la música aumentada un millón, a través del microscopio, hasta el punto de poder ver su propia consistencia química. Podrían ser las voces de los instrumentos eléctricos, captadas a escondidas, subiendo muchísimo el volúmen. Si los dejamos en el estudio una noche, a solas, y escuchamos luego la grabación a un volúmens desorbitado, esto es lo que suena: The Bavarian Druglords: la voz de las máquinas.

Es cierto que el sonido cansa, después de un buen rato, pero en su justa medida deja un sabor de boca incomparable, una imagen de ciudad nocturna, que se rinde a los pies de la sofisticada actitud que también nos deja preparada en la retina. Syed Druglord hace esta música él solo, por lo que parece, cortando y pegando samplers y loops. Y es uno de esos casos en los que importa más el lenguaje que el contenido...pero ahora sí: The Bavarian Druglords, Señores!

GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR



El infinito musical.

Son profesionales del apocalipsis; observadores y narradores ultraterrenales del fin del mundo. La escatología es su forma de vida, y hacen de ella una obra maestra. Godspeed You! Black Emperor son una banda canadiense de post-rock instrumental que no tiene parangón alguno en este planeta. Con tan solo 3Cds editados desde 1994, y pese a su total aversión por la industria musical, la publicidad y la promoción que ella conlleva, esta numerosa formación de inquietantes caballeros oscuros se ha convertido en uno de esos grupos de culto, inaccesibles y reacios al contacto humano, que fascina a todo aquel que tenga la suerte de conocerles.

Parece un milagro cuando te envuelve su música, porque no es de este mundo, ni de este tiempo, ni de una realidad tangible que no sea fruto de la ciencia ficción. Son la mitad de '28 días después' de Danny Boyle. Son una visión, suspendida en el aire tras el drama: calles vacías, cafés desiertos, terrazas teñidas de espanto, gritos ahogados, canalizados en hirientes guitarras. Son el único testigo de una destrucción masiva, la cámara tirada que graba el horror sin apartar la mirada. Godspeed You! Black Emperor te cuenta cómo fue el fin del mundo, sin llantos, sin falsas esperanzas, sin maquillaje que huela a narrativa barata. Parecen los únicos que han tenido estómago para soportar la fatalidad, para describir el caos, y para observarlo en su nueva y plena armonía con el universo. Redactores sin público para una realidad post-humana.

F♯A♯∞ (1997-8), Litf Your Skinny Likes Antennas To Heaven (2000), y Yanqui U. X. O. (2002) son, básicamente, el trabajo de Godspeed You! Black Emperor. Un puñado de doce canciones, de 20 minutos de media, y divididas en varios movimientos o actos. Cada una de ellas bien podría ser la descripción de una de esas extrañas fotografías de nebulosas, galaxias y fenómenos astronómicos lejanos: atractivas y temibles; una imagen que nos perturba, que escapa a nuestra limitada lógica, que nos oprime y nos pone en contacto con nuestra inútil naturaleza finita. Godspeed You! Black Emperor es la imagen de cuánto nos supera. La transmisión ininterrumpida desde el más allá.

Es cierto, hay un sinfín de bandas que podrían responder, previa audición, a esta descripción. Mono, Yndi Halda, Explosions In The Sky, September Malevolence, The Evpatoria Report o iLiKETRAiNS, por ejemplo; pero esta gente son como la unión de todos ellos: una especie de fusión definitiva y categórica. Nada en la progresión de sus canciones resulta previsible, ni repetitivo, todo sonido se transforma, lentamente, como las miles de explosiones de gases y elementos que inundan, ante nuestra mísera ceguera, el espacio infinito. Los cientos de instrumentos entran y salen a su antojo, destacando uno tras otro: hay baterías que van desde lo más tribal a lo más geométrico, pero siempre rodeando el abismo; guitarras y punteos que toman caminos jamás explorados, adentrándose en la oscuridad para salir después, tras el agujero de gusano sideral, a años luz del panorana normal del post-rock instrumental.

Intentar describir a Godspeed You! Black Emperor es como plantarse frente a lo incomprensible y tratar de hincarle el diente. Medio pestañeo más tarde, como una hueca e incómoda burla, sus formas han cambiado y su apariencia es totalmente distinta. Una vez describí a los japoneses Mono como el reflejo de nuestra propia actividad vital, ya que combina momentos de extrema agitación y cócteles de pasión, con otros de pesada calma y sedante conformismo. Godspeed You! Black Emperor, sin embargo, no puede describir una vida normal, sino la de un lunático, o la de un visionario, que a veces viene a ser lo mismo. Los altibajos son tan enrevesados como hipnóticos, el ritmo se convierte en despótico marcapasos para nuestro débil organismo: es el silencio transformado en música, y al instante, la figura grotesca, tallada en hielo, de los jinetes del apocalipsis, suspendida, intocable y magestuosamente, sobre las mismas puertas del infierno.


Godspeed You! Black Emperor tocan el domingo 30 de enero en Madrid, en La Riviera. Y grabaría en cinta una final de Champions del Barça si coincidieran. Creo que con eso lo digo todo.

MOGWAI (Hardcore Will Never Die, But You Will, 2011)



Aires nuevos recorren las cuerdas de Mogwai.

Son como ese vecino majete de toda la vida, ese con el que nos encontramos de vez en cuando en la panadería, y con el que siempre cae una agradable cañita y una charla amena que nos endulza el paladar. Rebosan familiaridad, humildad y grandes dosis de trabajo y constancia. Por eso Mogwai rara vez nos decepciona. Los de Glasgow editan este invierno su 7º álbum de estudio, HARDCORE WILL NEVER DIE, BUT YOU WILL, y eso me lleva a dos conclusiones. Uno: que me estoy haciendo mayor si recuerdo casi íntegra la carrera de una banda con 7 discos. Y dos: que a veces ese vecino modesto y de hábito cotidiano, de pronto, se ha convertido, no solo en estrella, sino en una de las más admiradas referencias del post-rock.

Esta vez han vuelto en serio, de verdad; Y son los de siempre: el Mogwai del Mr. Best y del Happy Songs For Happy People, que relega casi al ostracismo a su olvidable y último trabajo, The Hawk Is Howling. De este Cd dije hace unos meses que no me convencía, que le faltaba ese pasito hacia adelante que ya tocaba, una evolución necesaria. Porque el post-rock debe reinventarse casi cada mañana ya que, en teoría, aborrece lo ya establecido. Y el paso ha sido todo un salto, con oca de por medio.


HARDCORE WILL NEVER DIE, BUT YOU WILL suena a nuevo desde la primera nota, desde la aireada y siempre instrumental White Noise. La múltiples capas de guitarra, bajo y teclado vuelven a su sitio, pero proyectan sombras distintas, hábilmente deformadas. Otra novedad: con Mexican Grand Prix demuestran, al parecer, haber superado su asignatura pendiente, la de coquetear con la electrónica manteniendo incólumes sus estructuras progresivas de rock agresivo. Las mismas que, contundentemente, renuevan en Rano Pano, una 3ª pista que completa un primer cuarto de hora brillante. Aires nuevos recorren las cuerdas de Mogwai.

Siempre han sido maestros del contraste: eléctricos y anestésicos; pero ahora nos sorprenden con pequeñas dosis de concentrada contundencia como San Pedro, de remarcada estructura, donde cada nota se ha colocado con martillo. Eso sí, bien rodeada de narcóticos. Sonar a nuevo y a añejo a la vez no es fácil, pero los de Glasgow lo han conseguido. Porque las mejores transiciones se hacen modificando poco a poco las piezas.Y How To Be A Warewolf o Too Raging To Cheers (o las mismas Rano Pano y White Noise), por ejemplo, repiten la clásica progresión Mogwai, pero con fraseos, transiciones y pequeños detalles totalmente inéditos hasta ahora.

Un grupo de culto como este no suele necesitar nuevos argumentos para presentarse en un festival como el Primavera Sound. Sin embargo, en este caso, Mogwai sí nos da una buena razón para volver a verles en mayo. HARDCORE WILL NEVER DIE, BUT YOU WILL proporcionará a su directo las mismas oleadas de suaves y densos guitarreos, la misma profundidad, iluminada por manchas, de su callado instrumentalismo, y el mismo claroscuro rítmico de siempre, que nos hace gravitar desde el torrente al remanso. Pero también habrá un Mogwai más maduro, más pulido, con una mejora técnica que parece haber barnizado su sonido. Es lo que suele pasar cuando un grupo crece tanto desde un sello independiente como Matador Records: siendo tan dueños de su sonido, tarde o temprano, terminan auto-produciéndose. Este es, por tanto, el primer trabajo importante de Rock Action Records, su propio sello discográfico.

El disco, por cierto, se filtró en internet el 31 de diciembre, pese a que la fecha oficial del lanzamiento es el 14 de febrero. Definitivamente, la industria musical ya ha cambiado. Y Mogwai navega viento en popa simplemente porque son buenos y hacen bien su trabajo.

BROADCAST (Elegía a Trish Keenan)



La muerte de Trish Keenan, cantante del dúo de indiepop electrónico británico Broadcast, ha conmocionado al mundo de la música. Tanto Warp Records como la organización del Primavera Sound 2011 notificaron la mañana del pasado sábado la desaparición de ‘una voz única, un extraordinario talento y un ser humano maravilloso’. La cantante contrajo Gripe A en su reciente visita a Australia, y poco después de volver al Reino Unido ingresó en el hospital por una neumonía derivada que, tras varias semanas de lucha, finalemente ha acabado con su vida. Broadcast echa el cierre, y el Primavera queda huérfano y sensiblemente marcado por la tragedia.

Conocí poco tiempo a Trish Keenan, pero el suficiente como para saber que este pasado sábado nos ha dejado una de las figuras más interesantes del la música independiente británica: la inestimable voz de Broadcast, la mitad de un dúo que, en esta última década, ha caracterizado, quizá mejor que nadie, la línea del dreampop británico y de la electrónica indie.

Primavera Sound 2011 emitió un comunicado en la mañana del 15 de enero para anunciar la desaparición de Keenan y, por consiguiente, la caída de Broadcast del cartel del festival. Será un evento, por tanto, marcado por el luto y el homenaje. O, al menos, así lo espero. Porque estoy convencido de no ser el único que esperaba con gran ilusión poder verlos aún por primera vez poco antes del próximo verano. Después de la buena acogida que tuvieron en el Sónar 2010, Broadcast fue de las primeras confirmaciones del Primavera, uno de los primeros alicientes.

James Cargill y Trish Keenan han sido, sobre todo en los últimos 5 años, las constantes de una banda por la que han pasado hasta 5 baterías distintos, y que se caracteriza por un sonido base semi-electrónico de rítmica pop, engalanado con la voz de Keenan, y con un sinfín de delicados arreglos y detalles instrumentales, para los cuales cuentan con la colaboración habitual de otros músicos, en estudio y en los directos. Siento que Broadcast ha desaparecido antes de tiempo, pero también creo que nunca tuvieron demasiado respeto por ese tipo de coordenadas y medidas cronológicas: su música pertenecía al pasado, y se proyectaba hacia el futuro sin miedo ni complejos. Nunca han sonado a presente.


En su incorporeidad, la voz de Trish Keenan ha mantenido viva la herencia del dreampop británico, de inolvidables voces femeninas como las de Laetitia Sadier (Stereolab), Mariel Barham (Pale Saints), Dolores O’Riordan (The Cranberries) o el dúo Berenyi-Anderson, de los también desaparecidos Lush, pero con una actitud, en cierto modo, más segura. La oscuridad de sus predecesores, producto de un narcotizado pavor por el nuevo siglo, ha derivado en Broadcast en el sonido de una sombra pulcra y pulida, en un atractivo llamamiento para que participemos en la cálida modernidad. Ya no existe el miedo. Ahora, a toda velocidad, y más que nunca, el mañana se ha convertido en el ayer.

Broadcast no ha revolucionado nada, ni siquiera serán recordados por el gran público, ni por la crítica especializada como un hito inesquivable; pero sí permanecerá en la mente colectiva de los enfermos de la música alternativa e independiente: Trish Keenan hizo lo que quiso, cantó a su manera, y murió entre el respeto y la admiración de todo el gremio de artistas indie. Y dadas las circunstancias, imagino que el Primavera Sound 2011 servirá de sentido y digno funeral musical colectivo. Descanse en paz.

MODEST MOUSE



Muchas veces me han preguntado (o me pregunto yo mismo) qué es exactamente el rock indie, y suelo responder que más que un determinado sonido, es una actitud. La música independiente, en principio, está alejada de las multinacionales, se basa en una importante red de sellos pequeños o jóvenes, y es, por decirlo de alguna manera, la antítesis de la música mercantilista. Evidentemente sigue siendo un negocio, y los grupos indie también son capaces de llenar estadios y encabezar listas de ventas, aunque usando canales de difusión bien distintos. No es fácil acceder a ellos, y por eso muchos triunfan aun manteniendo el semi-anonimato. Pero un grupo indie no es simplemente un grupo desconocido, si no más bien aquel que es capaz de aprovechar las condiciones que otorga una discográfica pequeña (y por tanto más ágil y preparadas para el riesgo y la apuesta) para desarrollar y mostrar un sonido libre (de las presiones del mercado y de la producción) caracterizado por la creatividad.

En otras palabras, cuando quiero resumir: música indie es lo que hacen tipos como los de Yo La Tengo o los Modest Mouse: plena libertad creativa, pura y constante creación artística, pero que no sigue fielmente ninguna norma. Estas dos bandas, de hecho, pese a carecer prácticamente de similitud alguna, son parecidas en ese aspecto: demuestran un inmenso abanico de sonidos, una enorme polivalencia, gran capacidad de absorción y una camaleónica forma de producir. Crean, más que estilos, sistemas de sonidos, con tantos elementos como seamos capaces de imaginar, percibir y escuchar, perfectamente relacionados y equilibrados entre sí.


Modest Mouse es como una especie de Yo La Tengo del Pacífico Norte. No tienen la sofisticación ni esa aureola de élite legendaria del rock del trío de Jersey, pero son incluso más eclécticos. Puede que sus canciones no sean tan mágicas e inolvidables, pero Modest Mouse coquetea con más etiquetas musicales que nadie, y su sonido es más vanguardista que impresionista. Además, la coherencia de su carrera está por encima de los varios cambios de componentes, y del contrato que tienen con Epic, una grande que ha sabido respetar el característico sello de sonido que ya poseía la banda cuando la ficharon, hace ya una década.


THE MOON & ANTARCTICA es su tercer Cd, el primero con sello importante, y el disco que, hasta ahora, ha recibido mejores críticas. Para Pitchfork (mi gran referencia) fue el tercer mejor álbum de 2000 (tras el Kid A de Radiohead y el Ágaetis Byrjun de Sigur Rós); y pasados 10 años se sigue manteniendo como el 6º mejor de la década (Kid A, por cierto, sigue en 1ª posición). Esto según la crítica especializada. Pero cualquiera que escuche este Cd percibirá que no es algo convencional, ni vulgar, pese a la naturalidad con la que van sucediéndose las notas, las texturas, los tonos y las poses. Cualquiera puede engancharse en cualquiera de sus múltiples y variados momentos: todos somos bienvenidos!


Se podría decir que en THE MOON & ANTARCTICA ninguna canción se parece a otra, aunque se reconoce perfectamente la matriz común de la que surgen cada una de ellas. También les delata la interesante costumbre de cantar a duo, el efecto poliédrico de las voces y de los muchos instrumentos añadidos; esa sombra, siempre presente, de irreverente humildad, ese rollo de "Joder, son buenísimos, y ni siquiera se lo tienen creído!", esa aplastante dosis de realismo, de música terrenal, hecha para seres humanos reales, imperfectos, y no para prototipos robóticos enganchados a la música (peyorativamente llamada) popular. Pero a pesar de todo, en cada canción se reinventan casi desde cero, administrando el ritmo y cuidando la estructura del disco: la parte central (The Cold Part, Alone Down There y The Stars Are Projectors) es la versión más intimista de Isaac Brock (líder, compositor, guitarrista y vocalista principal), pero son capaces de ir mucho más allá de ese sonido oscuro y dignamente desgarrado.

Antes y después de este tremendo intemezzo, el disco rebosa creatividad: a ambos lados encontramos, desde canciones casi dadaístas tipo Velvet como Wild Packs Of Family Dogs, o temazos electro synth-pop como Tiny Cities Made Of Ashes, a auténticos hits del poprock como Paper Thin Walls o Gravity Rides Everything. Todos los temas tienen algo especial, y todos comparten (A Different City quizá es el mejor elemplo) ese frescor calado de realismo del que hablaba antes, ese toque cubista que provoca el juego de voces, esa libertad de sonido, asida con desfachatez y un poco de insolencia, . Modest Mouse ha venido a romper los moldes, pero con inmaculados modales de caballero rudo del noroeste. THE MOON & ANTARCTICA es un Cd que crece a medida que se escucha, que gana con los años, que permanecerá siempre bien hidratado en el olimpo de esta increíble década musical.






LO MEJOR DE 2010



Cloud Nothing - The Soft Pack - Ariel Pink's Haunted Graffiti - Triángulo De Amor Bizarro - Deerhunter - Wavves - Best Coast - Blonde Redhead - The Tallest Man On The Earth - Lower Dens - Surfer Blood - The Bavarian Druglords - Band Of Horses - Tokyo Police Club - Wild Nothing - Broken Bells - Beach House - Maika Makovski - Warpaint - The National - The Besnard Lakes - Tired Pony - Bear In Heaven - The Morning Benders - Arcade Fire - Tame Impala - Massive Attack - Hidden Orchestra - Grinderman - Titus Andronicus - Hola A Todo El Mundo - Klaxons - LCD Soundsystem - Kings Of Leon - Interpol - Vampire Weekend - Caribou - Hot Chip - Twin Shadow - Four Tet - The Walkmen - Crystal Castles - Delorean - Broken Social Scene - Of Montreal - These New Puritans - Broken Social Scene - Of Montreal -




Lo mejor de 2010Hace pocos días el Congreso de los Diputados rechazó la nueva Ley de Economía Sostenible, que incluye la reformulación y el reajuste de los derechos de propiedad intelectual, la conocida como Ley Sinde, que pretende reconstituir el entramado de derechos que regulan la propiedad y el uso de los productos culturales tras la revolución y la no tan caótica anarquía que ha provocado la llegada de internet al negocio del arte audiovisual. Desde esta plataforma de comunicación cultural, hasta ahora, no nos hemos pronunciado abiertamente en contra ni a favor de dicha Ley, no hemos hecho apología de la libre descarga, ni apoyamos ni fomentamos el cyber–terrorismo o la plena eliminación de los derechos de propiedad de cualquier tipo. No obstante, y como la inmensa mayoría de las personas de nuestra generación, caeríamos en un imperdonable cinismo si no diéramos eternamente las gracias a esta década de inmensa libertad que ahora termina, a estos años de agigantados pasos hacia la democratización del arte y la información; seríamos cínicos si no admitiéramos que algo que a priori es ilegal nos ha proporcionado un mucho mayor bagaje cultural.

El libre acceso al material cultural beneficia a todo el mundo, evidentemente, menos a los que, como hasta ahora, ganaban dinero en base a un papel de intermediación entre artista y público. Es lógico pensar, por lo tanto, que al aparecer un mecanismo que hace prescindibles todas esas fases de intermediación, un mecanismo que permite al artista colocar su obra al alcance del espectador sin necesidad de nadie más, el negocio se transforme. Distribuidores, promotores y publicistas se convierten en innecesarios gracias a internet. Pensemos en ello como una especia de nuevo sistema de mercado que, como el sistema económico mundial, se rige por sus propias dinámicas, por sus propias leyes de oferta y demanda, un sistema que se auto-perpetúa y auto-gestiona en base a las actitudes de consumo.

Dejando al margen cine y televisión, para quienes valen otro tipo de discursos, y en contra de lo que pueda pensarse o decirse, la salud de la música independiente es, hoy por hoy, excelente, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Ni la crisis económica ni el libre acceso al material producido han provocado que los artistas dejaran de nacer, ni que abandonen sus carreras, y ni siquiera que se vendan y compren menos Cds. Lo que ha provocado, en todo caso, es que se produzca mejor: con más calidad o apostando por sonidos más arriesgados y particulares. Lo que ha provocado, a largo plazo, es que el público sea más exigente, que no trague cualquier mierda promocionada hasta la saciedad, que no viva bajo la dictadura de las distribuidoras, que no sean ellas las que elijan qué se escucha en cada país, en cada ciudad. Ha provocado que todos hayamos accedido a los Beatles, a Pink Floyd, a la Velvet, a Neil Young, a Carlos Gardel, Lehonard Cohen, a la música de cualquier momento y de cualquier lugar. Internet ha hecho posible que el público español se pusiera al día. Nos ha hecho más cultos, musicalmente hablando. Desde aquí me gustaría plantear el debate: Ley Sinde de propiedad intelectual frente a las positivas consecuencias del libre acceso de la ciudadanía de un Estado al material cultural.

Enriquecimiento intelectual frente a la defensa de la propiedad. Y a un nivel más práctico: ¿El nuevo sistema de distribución musical (llamémosle internet) ha provocado el descarado aumento de eventos al que asistimos en nuestro país? ¿Hay más conciertos y giras que pasen por nuestro país ahora que hace 15 años? Y de ser así, y al margen de la subida de renta per cápita evidente: ¿Está esto directamente relacionado con la clara elevación del nivel del espectador medio español, con el mayor bagaje y preparación musical del público nacional? El redactor de este artículo cree firmemente en ello. Y, por supuesto, ese mayor bagaje se traduce también en una mayor calidad de las formaciones españolas, con mejores y mucho más variadas influencias.

Swim, de CaribouNo es que el negocio de la música esté cambiando, es que ya ha cambiado. Al margen de la pugna jurídica sobre los derechos de autor, sería estúpido pensar que internet, que ha alterado toda forma de vida humana, no vaya a transformar también un fenómeno de masas como es el musical. Los nuevos grupos, en lugar de esperar la llamada de la despótica empresa discográfica, pueden producir y colgar su música, y llegar en relativamente poco tiempo a llenar salas prestigiosas. Por lo general, y por raro que parezca, ahora el público accede antes a los grupos, y los grupos tienen mucha mayor y más rápida proyección. Así es como los mejores grupos de 2010 pasarán por los festivales españoles de primavera – verano de 2011. El Festival de Benicàssim y el Primavera Sound son ya citas obligadas en la gira de los más importantes grupos del momento. Lo mejor de la música independiente, y no tan independiente, se suelen reunir en la primavera barcelonesa y el verano, plagado de guiris, de la costa levantina. Ambos van sacando a la luz, poco a poco, confirmaciones y demás ases en las mangas, peleando cual celosas novias por un mismo hombre, con lo que se plantean dos eventos de proporciones bíblicas. Para que no nos pillen poco preparados, hemos preparado una lista con los mejores lanzamientos de 2010, como base de recomendación para los dos eventos más importantes (junto al Sónar) de 2011 a nivel musical.

Los más grandes, en general, defraudaron:

Exceptuando The Suburbs, de Arcade Fire, para algunos el mejor disco del año, o el Brother de The Black Keys, el resto de los esperadísimos lanzamientos de bandas ya reputadas no han colmado las expectativas de público y crítica: Cds como el 4º de Interpol, Heligoland, el 5º de Massive Attack o Come Around Sundown de Kings of Leon han decepcionado a muchos, por una clara pérdida de vitalidad, y por el paultino abandono de un sonido característico y lleno de energía. Por otro, álbumes como This is Happening, de LCD Soundsystem, o High Violet de The National, aunque no sean los mejores trabajos, ni de uno ni de otro grupo, han estado a la altura de sus impecables carreras.

El salón de la fama eleva su aforo:

Maika, de Maika MakovskiLas buenas noticias empezaron, fundamentalmente, con bandas que definitivamente se han reivindicado: Beach House con su Teen Dream, Deerhunter con el aclamadísimo Halcyon Digest, Vampire Weekend con Contra, Caribou con Swim, el trío italo-japonés Blonde Redhead con Penny Sparkle, Yeasayer con su Odd Blood o el joven Matsson, The Tellest Man On The Earth con su The Wild Hunt, han dejado de ser promesas para convertirse en firmes realidades. En grupos de primera línea de cartel. Por otro lado, en el panorama nacional, grupos como Delorean, con su Subiza, Triángulo de Amor Bizarro, con Año Santo, El Guincho con Pop Negro, Standstill con Adelante Bonaparte, Havalina con Las Hojas Secas y, sobre todo, Maika Makovski, se han convertido en la vanguardia de la música contemporánea nacional. Y nacimientos como el de DePedro u Hola A Todo El Mundo hacen que seamos optimistas de cara al futuro panorama español.

Las estrellas de la década que viene:Big Echo, de The Morning Benders

2010 ha sido un gran año, musicalmente hablando, sobre todo por el masivo nacimiento de bandas nuevas, de jóvenes formaciones que más allá de la crisis y cabalgando la nueva ola tecnológica, han irrumpido con fuerza, con excelentes álbumes de debut que auguran brillantes futuros. Ha sido un año donde muchos primeros discos se han posicionado entre los 20 o 30 mejores de las más prestigiosas listas (Rolling Stone, AllMusic, Mondo Sonoro, Pitchfork). Y eso es buenísimo. Desde el indie electrónico de Twin Shadow, Broken Bells o Bear in Heaven al pop-rock de tendencia más postrockera de Wild Hothing, The Drums, Cloud Nothing o The Morning Benders, pasando por un amplísimo abanico de sonidos, tan evocadores como personales, de bandas como Surfer Blood, Tame Impala, Warpaint, The Bavarian Druglords, Lower Dens, o Beast Coast, todo el panorama de la música independiente se ha refrescado con la aportación de estas nuevas formaciones. Proyectos como Hidden Orchestra, Ariel Pink’s Haunted Graffiti han destacado por genialidad y originalidad, y nuevos supergrupos como Tired Pony o Grinderman han tenido críticas dispares, con evidente mejor acogida de la banda de Nick Cave.


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Los 50 de 2010:

- THE TALLEST MAN ON THE EARTH. The Wild Hunt
- GRINDERMAN. Grinderman 2
- BEACH HOUSE. Teen Dream
- KLAXONS. Surfing The Void
- THE BLACK KEYS. Brothers
- BROKEN BELLS. Broken Bells
- KINGS OF LEON. Come Around Sundown
- BEST COAST. Crazy For You
- WAVVES. Kings Of The Beach
- SURFER BLOOD. Astro Coast
- ARCADE FIRE. The Suburbs
- VAMPIRE WEEKEND. Contra
- MAIKA MAKOVSKI. Maika Makovski
- ARIEL PINK’S HAUNTED GRAFFITI. Before Today
- LOWER DENS. Twin-Hand Movement
- DELOREAN. Subiza
- WILD NOTHING. Gemini
- CARIBOU. Swim
- BLONDE REDHEAD. Penny Sparkle
- HOLA A TODO EL MUNDO. Hola A Todo El Mundo
- INTERPOL. Interpol
- THE DRUMS. The Drums
- TAME IMPALA. Innespeacker
- TWO DOOR CINEMA CLUB. Tourist History
- MASSIVE ATTACK. Heligoland
- TIRED PONY. The Place We Ran From
- DEERHUNTER. Halcyon Digest
- THE MORNING BENDERS. Big Echo
- CRYSTAL CASTLES. Crystal Castles 2
- THE SOFT PACK. The Soft Pack
- BEAR IN HEAVEN. Beast Rest Forth Mounth
- EL GUINCHO. Pop Negro
- THESE NEW PURITANS. Hidden
- FOUR TET. There Is Love In You
- TWIN SHADOW. Forget
- THE BAVARIAN DRUGLORDS. 229
- CLOUD NOTHING. Turning On
- HOT CHIP. One Life Stand
- TOKYO POLICE CLUB. Champ
- THE NATIONAL. High Violet
- WARPAINT. The Fool
- HIDDEN ORCHESTRA. Night Walks
- TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO. Año Santo
- LCD SOUNDSYSTEM. This Is Happening
- THE BESNARD LAKES. The Besnard Lakes Are The Roaring Nights
- TITUS ANDRONICUS. The Monitor
- THE WALKMEN. Lisbon
- BROKEN SOCIAL SCENE. Forgiveness Rock Record
- OF MONTREAL. False Priest