AFGHAN WHIGS



De pioneros y visionarios.

En todos los movimientos sociales, incluídos los culturales y, dentro de ellos, en todos los movimientos musicales, podemos identificar a una serie de pioneros que, con el tiempo y cierto éxito, han acabado siendo considerados visionarios. El grunge, por ejemplo, no habría sido el fenómenos que fue sin la apuesta que en su día realizó el sello Sub pop. Fundado en 1986 en Seattle, sus primeros años se caracterizaron por lanzar al mercado a artistas como Mudhoney, Soundgarden o Nirvana: la florinata de la escena local. Ninguno duró demasiado de todas formas, en un sello que nunca pasó de modesto.

Pues bien, Afghan wighs fue la primera banda de fuera de Seattle que fichaba por esta discográfica impulsora del grunge. Procedentes de Cincinnati, Ohio, y con galopantes problemas internos, Afghan whigs, que no fueron excesivamente apreciados en su momento, han ido acrecentando la concepción que se tiene de ellos como un grupo de culto del rock americano. Se separaron en 2001, tras un largo período de decadencia interna. No obstante, nos dejaron dos discos maravillosos: GENTLEMEN (1993) y Black love (1996), una vez que Sub pop cedió al ya maduro grupo a una discográfica grande como era entonces Elektra.

El sonido de Afghan whigs, por lo tanto, debería ser fácilmente enmarcable, con claras coordenadar geográficas y temporales. Sin embargo, no es un grupo 100% grunge, ni mucho menos. Lo que más me gusta del GENTLEMEN es que detrás de cada canción se esconde una balada; los ritmos son mucho más delicados y la textura infinitamente más suave, limpia y cuidada que las de cualquier banda genuinamente grunge. En cierto modo anticiparon, antes de su defunción definitiva, la evolución de la escena: hacia ese pesado y sentido rock alternativo, de profundos orígenes enraizados en Seattle, en la maravillosa Era Nirvana (1987-94). Una evolución que Chris Cornell (Soundgarden, Temple of the dog y Audioslave), por ejemplo, completó el 1999, con su interesantísimo Euphoria morning.

When we two parted, Be sweet o Now you know, por ejemplo, combinan a la perfección ese comedido desgarro de la voz, y el rasgueo de guitarra deambulante, callejera, nocturna, rechazada y herida. Que Debonair fuese su primer single denota la intención de un sello, Elektra, que fichaba a una banda grunge, que no se sentía cómoda siéndolo, sonando así. El segundo single, What jail is like, caracteriza mucho mejor a Afghan whigs.

Coros y voces femeninas, esporádicos arreglos de piano, ritmos variados y coherentes y una técnica envidiable hacen del GENTLEMEN una referencia, hoy en día, dentro del rock alternativo americano. Como pasa con el buen vino, el sonido de Afghan whigs ha reposado durante años para convertirse ahora en algo paradigmático.


Debonair (live)

Be sweet

What jail is like

EARLY DAY MINERS



El lento transcurrir.

La zona de los Grandes Lagos pasa por ser, actualmente, uno de los epicentros más activos de la música independiente, tanto a un lado como al otro de la frontera. En concreto, en Bloomington, Indiana, se concentra un importante número de sedes de sellos, entre los que destacan Jagjaguwar y Secretly Canadian. Precisamente con esta última discográfica, los también nativos de esta pequeña cuidad, de menos de 80.000 personas, Early day miners, han hecho carrera dentro de la esccena slowcore en esta última década.

Hablar de este colectivo musical (así se definen ellos mismos) es hablar de un concepto sonoro relativamente poco conocido y, en general, poco valorado por la crítica. El slowcore o softrock se define con su propio nombre. Melodías lentas, guitarras sutiles, voces susurrantes, y capas y capas de texturas delicadas, suaves y tímidamente melancólicas. ALL HARMS ENDS HERE es, de entre sus seis discos de estudio, el mejor trabajo de esta banda norteamericana. En cierto modo, es el menos previsible de todos, el menos "paisajístico". El ambiente creado en él es más dinámico, profundo, real y es, seguramente, el álbum más narrativo. El ritmo, en general, sigue imitando el tik-tak de un gran reloj de pared, el latir pausado del corazón, el lento transcurrir de la vida misma.

Sin embargo, casi todos los temas se reservan para el final una variación, un solo flotando, lleno de dignidad y emoción, o un amargo requiebro hacia lados más oscuros donde, con la mirada y desde lejos, desmadejan el nudo del shoegaze. ALL HARMS ENDS HERE, junto con su siguiente Cd, Offshore, representan el punto cumbre de Early day miners. Éste último, coqueteando, sin salirse del slowcore, con formas muy originales de pop-rock progresivo. No obstante, precisamente al no tener ese leitmotiv recurrente, ALL HARMS ENDS HERE, acentúa e individualiza más cada canción. Éstas denotan mucha más personalidad, se notan más cuidadas, con texturas impregnadas de deliciosos arreglos florales, rebosantes de armonía: son un derroche de paz traducido en música.

Se trata de un Cd que irrevocablemente nos sugiere soledad. Tal vez sea por esa hipnótica capacidad que tiene para aislarnos del resto del planeta. O tal vez sea porque su sonido nos conecta directamente con la parte más dolida de nuestro ser, con la más vulnerable. Y porque la suave caricia, las sutiles pinceladas, y la envultura, tupida y tierna de su música nos basta para arroparno, precisa y solamente en soledad.

Cualquier parentesco con grupos como The american analog set, Low o los Arab strap del Philophobia son meras coincidencias. Coincidencia, eso sí, basada en la defensa y práctica de un mismo concepto musical: un rock introspectivo, que crece hacia dentro, pero que nos puede hacer viajar, con la mente y la evasión, exactamente a dónde queramos.


We know in part

Townes

All harms

LUSH



El efímero paso por el punto medio.

En 1996, en pleno apogeo del britpop, apareció el cuerpo de Chris Acland, batería de Lush, ahorcado en casa de su madre, último escondite de retiro y pozo de la depresión. Año y medio después la banda murió con él. Desaparecía así uno de los eslabones más importantes del puente, colgante, desenfocado y tenso, que unía el shoegaze con el pop (en la Era Nirvana, 1987-1994). Nos dejaron tres LPs, digna muestra de una clara evolución, y testigos clave del poder de influencia que el britpop, poco a poco, fue ganando en los primeros '90, fundamentalmente en Reino Unido. Las inofensivas sombras van desapareciendo de Lush, y el muro de sonido áspero (aunque nunca lo fue demasiado) va cediendo.

SPLIT, editado en 1994, es su segundo Cd: el poso necesario, el interfaz ineludible (si se me permite la terminología arqueológica). Porque, pese a la soberbia producción de Robin Guthrie (Cocteau twins), el sonido de Lush en Spooky, su primer LP, aún no está del todo definido. Es un compendio de buenas intenciones, pero de exagerada idolatría de calzador. Se nota que no desarrollan del todo su propia música: son el producto de la producción. SPLIT, sin embargo, concreta el medio-proyecto de Lush, asienta su propio concepto musical, convirtiendo su sonido en algo categóricamente bien definido: el perfecto axioma del dreampop.

El dúo de voces de Miki Berenyi y Emma Anderson (tras la marcha de Meriel Barham a Pale saints) sigue en el centro de la composición, en la que ambas se alternan, pero la relación entre melodía instrumental y vocal ha mejorado claramente. En el SPLIT, la larga sombra de Liz Fraser (cantante de Cocteau twins) se ha disipado. Ahora Berenyi y Anderson, como también venía haciendo Dolores O'Riordan, provocan una sensación bien distinta: son el sonido de una actitud más amarga, del conocimiento de un miedo ya irreductible hacia el abismo de la modernidad. Recordarían más al primer Cranberries, al del Everybody else is doing it, so why can't we?, si los de Limerick no padecieran tanto la anestésica influencia de U2, si no fueran tan irlandeses. Lush mantiene un suspense mucho mayor en el SPLIT. Y, fundamentalmente, aun siendo de los mejores ejemplos de dremapop, de pre-britpop, hace gala de ser un disco bastante rockero (sobre todo en Blackout y Undertow); potente y delicado, pesimista y luminoso: una música lúgubre y abovedada.

SPLIT es una foto fija, colgada en la pared de la nostalgia, que muestra uno de esos estilos que, en la antesala de los '90, comenzó la dilatación de las fronteras del pop y del rock. Poco más tarde volvería la contracción. De hecho Lovelife, su siguiente y último trabajo, se mueve por un terreno mucho mas angosto, reduciendo y subordinando la amplitud conceptual de su estilo al fuerte oleaje del britpop.

7 meses después del lanzamiento de su último álbum sobrevino la desgracia. Lush, paradigma de ese delicado dreampop, siempre en peligro de extinción.


Light from a dead star

Hypocrite

Undertow

STEREOLAB



Esta atractiva francesa de ojos oscuros es Laetitia Sadier. Cansada del rock producido en su país, y ansiosa por musicalizar sus comprometidas letras, acudió, allá por el final de los '80 a un recital de rock en París, donde enamoró al lider de una banda inglesa underground llamada McCarthy. De esa relación amorosa y musical, nació Stereolab.

Y es que la personalidad de este grupazo de post-rock(pop) depende mucho de la voz de esta reina del noise. TRANSIENT RANDOM-NOISE BURSTS WITH ANNOUNCEMENTS, su tercer álbum (el segundo editado en 1993), el primero con sello importante, en una buena muestra de hasta dónde llegó el grunge británico (si es que eso existe...) a principios de los '90. Lo cierto es que hay un punto de inflexión en la ya dilatada carrera de esta banda (que nunca fue un dúo): la inmparable marea eléctrica de los 4 primeros Cd desaparece con el aclamadísimo Emperor tomato ketchup (1996), dando inicio a una etapa más ecléctica y electrónica, y menos desquiciantemente postrockera. A mí, personalmente, me gusta más su primera etapa, y este TRANSIENT RANDOM-NOISE BURSTS WITH ANNOUNCEMENTS, el auténtico paradigma de un sonido, tan inconfundible como inclasificable.

Stereolab, en 1993, estaba muy cerca de muchas cosas. Su guitarra tensionada, cuyo rasgueo notas en la piel, estaba cerca de Sonic youth; su incansable dostorsión y su ritmo seco y abrasivo, cerca de los míticos My bloody Valentine; su ambientación de pop desafinado y transochado cerca de aquel maravilloso Darklands de The Jesus and Mary Chain; y su sonido lineal, repetitivo y tendente al trance, cerca del efecto shoegaze de bandas como Ride, Pale saints o Slowdive. Sin embargo, una de las particularidades que hacen de Stereolab uno de los grupos europeos más interesantes de los '90, es la utilización que hacen de teclados y órganos analógicos, algo anticuados pero, según ellos, más controlables. Sintetizadores Moog, órganos electrónicos Farisa y Vox (wikipedia) serán, sobre todo desde 1996, los elementos más definitorios del sonido de Stereolab. En TRANSIENT RANDOM-NOISE BURSTS WITH ANNOUNCEMENTS son tan solo un instrumento más que apoya sus melodías planas, solo aderezadas con las dulces subidas de tono de Laetitia.

No es un disco que se le pueda recomendar a todo el mundo. Es un sonido desgastado, repetitivo y, en casos extremos como Jenny Ondioline, realmente agotador. A excepción de Pack yr romantic mind, Pause y del tema que cierra el disco, Lock-groove lullaby, el resto de canciones son un derroche de electricidad, un infinito galopar sobre alambradas puntiagudas y algo oxidadas; una experiencia, por momentos casi catártica, pero por lo general, bastante perturbadora. En cualquier caso, una auténtica y genuina joya del rock underground británico de principios de los '90.


I'm going out of my way

Crest

Pack yr romantic mind

FILM SCHOOL



Temas que bien valen un disco.

Film school
es una banda californiana de rock alternativo que gira entorno a Greg Bertens. Al principio, de hecho, el grupo era solo él, contando con la colaboración esporádica de miembros de Pavement y del grupo Fuck. De este modo, en 2001, salió a la luz el Brillant career, su primer album. A partir de entonces, la banda se conformó de manera definitiva, pero siempre alrededor de Bertens.

Film school, tal como se presentan en su segundo álbum (de mismo nombre), es un grupo a medio camino entre el grunge de los años '90, y el rock-indie alternativo de los '00. Evidentemente, son mucho más enmarcables en la segunda etiqueta. El Cd se abre con una buena muestra: el single On & on, probablemente el mejor tema del FILM SCHOOL. Esta muestra de sonido envolvente es mayoritaria durante el resto del disco. Aunque no falta el exceso de distorsión, o momentos de cuasi desnudo de bajo y batería (Harmed, Pitfalls o 11:11); eso sí, sin el tono autenticamente grunge, ese constante tono de amenaza del Sonic youth de 1990. El FILM SCHOOL es una dulcificación de ese sonido, con texturas más cálidas, y guitarras tendidas en la noche oscura como las de Breet. Aquí, como en otras canciones, la voz hace un enorme esfuerzo por salir de su apatía.

Film school es una producción Baggers Banquet, un sello británico que en los '80 producía a Bauhaus y a jóvenes promesas del punk nacional, y que en esta última década y media ha apostado por bandas como The National, Calla, iLiKETRAiNS, Bowery electric o los siempre infravalorados Dream city film club. Hoy por hoy, es uno de los sellos más importantes e influyentes de la música indie, siendo además inspiradores del Beggars Group, donde también se cobijan XL Recording, 4AD, la filial adulta, y la norteamericana Matador. Una banda, por tanto, de buena familia.

El disco se cierra con tres temas relativamente convencionales. Un sonido entre los Pavement y I love you but I've chosen darkness, con ritmos y efectos propios del pop-rock alternativo de Twilight sad, Future of forestry o Turn off the stars. No obstante, bajo mi punto de vista, FILM SCHOOL es su álbum más auténtico y genuíno, quizá debido al constante cambio de músicos que se produciría a continuación. Un buen Cd.


On & On

Pitfalls

Breet

THE NATIONAL



No puedo evitar la comparación con Interpol, así que mejor será que empiece con eso. The National es una banda creada en NY por dos parejas de hermanos y un cantante con voz de barítono, originarios todos de Ohio. Su música me recuerda mucho a Interpol, es más, me recuerda al mejor Interpol de todos (según mi gusto y opinión): a ese oscuro sonido del Turn on the bright lights, al de temas como NYC, Hands away o Stella was a driver and she was always down. The National, en general, es un sonido mucho más cálido, tanto por la encantadora voz de Matt Berninger, como por la profundidad y el eco de sus instrumentos.

Me ha pasado que, con el paso de los discos, Interpol ha dejado de interesarme. Como grata consolación, me asombra ver la evolución de The National, y confieso que su HIGH VIOLET me ha convencido del todo a pasarme de bando. En realidad se trata de su 5º Cd, el tercero producido a lo grande, demostrando que, ahora sí, van en serio. Creo que, hoy por hoy, se trata de uno de los mayores referentes de un estilo que podríamos definir como rock indie americano altamente influído por el brit-pop: un sonido que Arab Strap regaló al mundo en su despedida, en ese increíble The last romance. The National es el mas digno heredero de ese concreto sonido, pausado y grave, melancólico, que llama a la reflexión.

HIGH VIOLET es un disco sin demasiados sobresaltos, mantiene un tono constante, con una batería bastante plana, unas guitarras muy bien educadas, y una sorprendente escasez de estribillos melódicos. Quizá esto último sea lo que resulta atractivo de The National: da igual como sea el ritmo de la canción, da igual que sea más o menos triste, la voz de Matt Berninger va a su ritmo, declamando poco a poco su discurso, evitando ostentaciones innecesarias, canta despacio, sin prisa. Y eso me encanta. Como ver la lluvia de esta tarde.

The National es un grupo muy recomendable para todos los amantes del poprock y de la música independiente; también para quienes hayan quedado decepcionados ante la evolución de Interpol, también para sus fans, claro. Alligator (2005), Boxer (2007) y este HIGH VIOLET (2010) se han convertido, para mí, en discos de referencia; y The National, en una de las bandas del momento. Lamentaría que su gira no les trajese por aquí.


Bloodbuzz Ohio

Sorrow

Converstion 16

TOKYO POLICE CLUB



Ya no nos resulta demasiado sorprendente que las nuevas promesas del rock independiente surjan de Canadá, un país que ha experimentado una auténtica eclosión de bandas de gran interés y aceptación en los últimos años. Hoy por hoy, y según Wikipedia, es uno de los países más activos dentro de la escena del rock alternativo. Digamos que la zona de los Grandes Lagos sigue siendo uno de los centros más importantes de producción de música rock. Desde Bloomington, Indiana, hasta Montreal o Toronto, al otro lado de la frontera, la música independiente tiene un buen terreno abonado donde desarrollarse plenamente, y con buenas perspectivas de exito comercial y de público.

Tokyo police club no es la recomendación del año, ni el grupo revelación, ni una promesa a tener en cuenta. Son simplemente una banda de pop-rock con un disco capaz de animarnos en momentos delicados. El CHAMP no pasará a la historia como un disco inolvidable, pero sí creo que (a quien le guste) recurriremos a él en alguna de esas situaciones de cambio, de nostalgia no invitada; en esos momentos tan contradictorios en los que se mezclan la alegría y la tristeza de la vida, del seguir caminando. En ese sentido, y salvando las diferencias, es comparable al genial Inside in/Inside out de The kooks. También me han recordado un poco, en Breakneck speed, al tono de Placebo, aunque sin esa malicia y acidez que siempre ha caracterizado a los de Londres.

CHAMP está compuesto a base de frases musicales muy sencillas y directas, donde algunos temas podrían servir perfectamente de himno para la banda sonora de una peli de vidas universitarias (canadienses, eso sí). Es un sonido muy juvenil, incluso en determinados momentos casi demasiado adolescente, infantil. Pero en la superficialidad de su música descansa gran parte de su atractivo. Como pasa con The kooks, Val Emmich, Wilco o Chavez (en un tono ya más grunge). Tokyo police club demuestra en este disco una clara evolución con respecto a su debut, demuestra una mayor claridad de ideas, un concepto musical más concreto, un sonido situado entre los Artic monkeys, Blonde redhead y 30 seconds to Mars. Más entretenido que interesante, de todas maneras.




THE TALLEST MAN ON THE EARTH



Aquellos extraños e intolerantes fans de Bob Dylan, aquellos que le abuchearon, que le negaron el aplauso, y que le tildaron de traidor (a ellos, a sí mismo y a la música) concierto tras concierto, seguramente habrían entregado sus corazones a este joven sueco (de estatura media-baja) que tan bien está interpretando la música folk. Sin embargo, aunque bien podría provenir de la más profunda América, The tallest man on the Earth es, sobre todo, un sonido universal.

Cargado tan solo con una guitarra, un banjo y una voz alucinante, este chico desarrolla una música sencilla, intimista y dulce: hace del folk una experiencia tierna, un apacible viaje, al aterdecer, a través de interminables y suavizadas explanadas. THE WILD HUNT, su segundo Cd, refleja eso hasta en la portada. Sin embargo, he elegido la de su primer EP, pues describe más al artista que al sonido: un hombre medio desnudo, sencillo, sin complejos, que toca, nace y crece junto a la tierra y la naturaleza.

Es inevitable la comparación. Pero en este caso, es también un placer y una gran riqueza. The tallest man on the Earth, como decía antes, enlaza con la tradición musical en la que nació el gran mito americano de Bob Dylan, con la de los fieles herederos de Woody Guthrie. Su concepto rítmico (creado, cómo mandan los cánones, solo en base a guitarra y banjo) y estético son el 'abc' del folk del suroeste norteamericano, sin adornos ni florituras insustanciales. Tan solo suma la virtud de la juventud y de la vitalidad, el desahogo de un sonido puro y natural; la delicadeza y la frescura de sus composiciones.

Y, claro está, una voz especial. Lo bueno, en este caso, es que pese al tremendo parecido, THE WILD HUNT es un disco que no podría ser de Dylan. Entre otras muchas cosas, porque es mucho más clásico que cualquiera de los suyos, porque es amigo de los finales felices, porque la disciplina de su forma de cantar le resta ese punto de genialidad, y porque este pequeño gran chico sueco apenas ha empezado a caminar. Kristian Matsson ha demostrado que domina un determinado estilo de música. Su apuesta, pese a ser clasicista, es arriesgada (por la evidente comparación). El futuro dirá si es capaz de evolucionar esa estética y perfilar aun más su personalidad musical. Por lo menos esa es la apuesta del joven sello independiente Dead Oceans (hermano pequeño de Secretly Canadian y Jagjaguwar). Otra prueba de la buena salud del indie americano.


You're going back

The wild hunt (en intimidad)

Burden of tomorrow

HOLA A TODO EL MUNDO



El álbum de debut de esta banda madrileña, HOLA A TODO EL MUNDO, es toda una declaración de intenciones, de proyección, y de hasta dónde quieren llegar con este ambicioso sonido que practican. Una música fresca, intimista y expansiva a la vez, que juega a ratos con nuestras emociones, y a ratos con nuestra más inocente imaginación. Es la banda sonora de nuestros sueños más hermosos.

El sonido de Hola a todo el mundo no es habitual en nuestro país. No es tanto una rareza que canten en inglés, sino la apuesta por una desheredada tradición musical, por la ambientación neo-folk de sus canciones, por la riqueza y delicadeza instrumental (violines, banjos, acordeones, flautas, xilófonos, y todo tipo de panderetas), y por la búsqueda, a medio camino entre el pop y el soft-rock indie, de un sonido propio y personal, de evidentes y notables referencias, y con un sabor a la paleta de colores luminosos más amplia que podamos imaginar. Discípulos avanzados de Arcade fire, herederos de la incansable magia orquestal de lo último de Sigur Rós (Med sud í eyrum...), y amantes de la tierra y las raíces, como Fleet foxes, Hola a todo el mundo puede considerarse una de las apariciones más necesarias en la escena musical española. Vienen a llenar un gran vacío.

HOLA A TODO EL MUNDO es un disco potente, donde cada nota huele a primavera, a ilusión y a energía vital positiva, de decorados tremendamente desenfadados, y delicados por momentos. Cada canción es un universo propio de ritmos y estructuras cambiantes, complejas composiciones llenas de talento, de grandes aspiraciones, y de una humildad difícil de ignorar. Hola a todo el mundo han creado un sonido inconfundible que, espero, marque un antes y un después en la música indie nacional.


Making your mum your best friend


Amor fati

Inuit tale

LA FUGA



El rock español ha gravitado, desde finales de los años '80, sobre dos pivotes forzados al entendimiento: el pop y el punk-rock revival. En la última década, a parte de la eclosión de pequeños y aislados proyectos más alternativos, se ha visto el definitivo despegue del primero de ellos, y un definitivo estancamiento del segundo. En ese caso, el rock español, en esta variante, no ha podido sobrevivir a la quizá demasiado exigente sombra de Heroes del Silencio y, sobre todo, de Extremoduro. CALLES DE PAPEL es una muestra de su última buena noticia: La fuga.

La propuesta de La fuga, como la de Marea, Los suaves, Leño o Reincidentes descansa, por lo general, en estructuras sencillas, livianas, pero de intensa púa, en una cañera sucesión de quintas, una batería sin excesos, básica, y en la linea que seapara la tenacidad de la testarudez, en el verso directo y punzante, en la descarnada lucha interior de la complejidad humana; el punk-rock revival de La fuga, sin embargo, tiene un tono de acercamiento al pop mucho mayor que sus predecesores: en la voz herida de Rulo, en la soledad aguda que esconden sus palabras, en sus limitadas aunque personales estructuras que no pueden ocultar al cantautor que lleva dentro. Es la desesperanzada e inútil brazada de un náufrago en medio del mar, carente de un verdadero movimiento musical en que resguradarse, en que influenciarse. Su disolución puede marcar el definitivo cierre de la adolescencia española, el fin tardío de un punk-rock, que parece que ya solo sobrevive en California, de la mano del sello Epitaph (el también llamado hardcore melódico).

CALLES DE PAPEL, no obstante, es un disco conceptualmente muy compacto. Bajo el limitado abanico de acordes, ritmos y efectos, de tonos y tonalidades de sonido, subyace un intenso grito de desacuerdo, de disconformidad, y de esa benévola displacencia que ha perdido Fito tras Platero y tú (aunque sin su sarcasmo, del cual tampoco hay ya noticias). Comparte, como la linea maestra del rock español, esa extraña sensación que todos hemos sentido alguna vez, de no pertenencia, de insensata pequeñez ante la inmensa maquinaria, ante ese gran todo que a veces representa al Estado, al futuro, o a la vida en sí misma.

Con el Agila, Extremoduro marcó la cumbre del rock español, allá por 1996. Dos años después se certificó la defunción de un movimiento musical que ha perdido fuelle y originalidad. Los grandes clásicos están en claro declive, y los jóvenes grupos, pese al persistente éxito de público, carecen de medios, de proyección internacional y de influencias suficientemente enrriquecedoras.

Los discos de La fuga quedarán en la memoria, quizás, como las últimas piezas de una época que ya ha pasado, piezas a las que volveremos los nostálgicos de vez en cuando. Porque el sonido de La fuga es, quizá ya a destiempo, la última propuesta de genuino rock español de los '90 (aunque ya no tan trangresivo como el de Roberto Iniesta).


Mi canción

Nunca máis

En vela

MONO



Los japoneses Mono se auto-definen como la banda sonora del fin del mundo, y no les falta razón. Desde este primer álbum, UNDER THE PIPAL TREE, hasta el Hymn to the inmortal wind, pasando por el proyecto electrónico ambiental junto a World's end girlfriend, esta banda ha seguido, sin desviación alguna, la más ortodoxa linea del post-rock instrumental, y ha sido fiel a un sonido estructuralmente poco complejo, pero estéticamente puro y conceptualmente bien definido. Mono es una de las fórmulas más exportables del rock japonés, una de las propuestas más detallistas de la escena a la que pertenecen: una apuesta segura para los fans de Explosions in the sky o Godspeed you! Black Emperor.

El disco de debut de esta banda comienza con una tímida guitarra en cascada, con el eco del delay; poco a poco se incorpora una desvergonzada batería de largo desarrollo, un contundente y edificante bajo, y otra guitarra, cargada de toneladas de distorsión. Karelia - Opus 2 es un ejercicio de rock progresivo crudo, directo y con una clásica cadencia que ensalza la coordinada y sorprendente segunda explosión de electricidad (allá por el minuto 7). Es la versión más paradigmática y, a la vez, extrema de Mono: una auténtica pasada en directo.

La mitad de las canciones del UNDER THE PIPAL TREE duran más de 9 minutos, una práctica que, de hecho, irá a más durante los casi diez años de carrera de esta banda de Tokyo. Todas son instrumentales al 100%, pero, en general, solo algunas parecen estar cargadas de verdadera tensión. Mono hace discos con livianas llanuras y escarpados picos de sonido. Por eso, en cierto modo, reflejan un poco nuestra propia actividad vital, que combina momentos de extrema agitación y cócteles de pasión, con otros de pesada calma y sedante conformismo. Al menos 4 de las canciones de este Cd (Kirelia - Opus 2, The kidnapper bell, Jackie says y Error #9) tienen una estructura de máxima progresión, que permite alcanzar momentos de amplios, distorsionados y abismales guitarreos, acompañados siempre de armónicas melodías, un constructivo bajo y una expresiva batería que huele a sacrificio humano y dolor.

La expresión del post-rock instrumental tiende siempre a la nostalgia, a la silenciosa melancolía y, en el caso concreto de Mono, a la cálida y digna soledad de una tarde oscura de invierno. Suena al pálido color azulado del hielo en la ventana, al inmaculado gris del cielo en un campo empapado de escarcha; pero también a la rojiza sensación de paz que desprende el fuego, en el interior de una casa, suena a la entrañable y cálida imagen que nos sugiere a cada uno nuestro hogar cuando estamos lejos. Puede que no derrochen creatividad en la estructura de sus composiciones, pero éstas están siempre adornadas con texturas puras, sinceras e inequívocas. Mono es un frío torrente de pasión, canalizado a través de una técnica y una producción muy cuidadas.

UNDER THE PIPAL TREE es el primero de 5 discos de estudio que han consagrado a esta banda como una de las más importante dentro del post-rock instrumental y, quizá, como el grupo actualmente más conocido fuera de Japón. No defraudará a los amantes de este estilo de música, tan melódico y armónico como enérgico y contundente; tan detallista como shoegaze.



TIRED PONY



El concepto 'supergroup' no es nuevo, pero está de moda: una formación de artistas, conocidos ya por su pertenencia a grupos con fama y renombre, una banda compuesta por músicos de otros grupos que, pese a lo que pueda pensarse, no generan una simple suma matemática de sonidos ya practicados, sino una puesta en común, un nuevo viaje, una apuesta que va más allá de la básica mezcla química de notas y pedales. Desde Cream, en los años '60, a los últimos nacimientos como Atoms for peace, el nuevo proyecto de Thom Yorke, Monsters of folk o The Dead weather, pasando por los ya míticos A perfect circle, Zwan, Raconteurs, Audioslave, o el colectivo Broken sociel scene, el concepto supergroup ha generado siempre gran espectación, a la par que grandes espectativas. Tired pony, en ese sentido, es un disco que merece la pena escuchar.

THE PLACE WE RAN FROM es un proyecto que gira entorno a Gary Lightbody, líder de Snow patrol, y a su amor por el country. Le acompañan Richard Colburn, batería de los Belle & Sebastian, Peter Buck de R.E.M., Iain Archer, Scott McCaughey, Troy Stewart y el afamado productor irlandés Jecknifer Lee (U2, R.E.M., Editors, Bloc party, etc). Una mezcla tal vez demasiado británica para el 'country-tinged' que pretenden hacer. Porque lo cierto es que, en este caso, Tired pony sí parece una continuación de Snow patrol, una leve variación con aires de mayor madurez, pero poco más.

Las canciones más 'americanas' (si no las únicas) son: Point me at Lost Island, donde el sonido acústico y la aparición de los violines nos transporta, por breves instantes, a una cabaña de madera a lo 'Casa de la Pradera (la película...)'; I'm a landslide, cuyo ritmo y repertorio instrumental recuerda tímidamente al lento galopar de un corcel del Ulster sobre el duro asfalto de la R'66; y Get on the road, la mejor canción del disco, fundamentalmente gracias a la preciosa y genuinamente americana voz de Zooey Deschanell. Es, en mi opinión, la mejor noticia del Cd. La pareja de M. Ward en She & Him, la califoniana especialista en dúos, la polivalente Zooey. El contraste de voz con Gary Lightbody es emocionante, y la suma del piano al acompañamiento de guitarra, bellísima. Cuando el tema estalla, aún sigue sin divisarse la costa americana: viajamos de noche sobre el Atlántico, por una inmensa tirolina, agarrados, con los brazos en alto, a esa dos grandes voces, tan distintas, tan iguales.

THE PLACE WE RAN FROM es una propuesta poco original, sobre todo en relación a Snow patrol, y a toda la escena del poprock de la década de los '00. Es un disco agradable, fácil de escuchar, pero con poco que ofrecer (salvo la bendita Zooey). La impecable producción recuerda demasiado al sonido manido de las bandas del post-britpop, al delicado tañir de las guitarras al atardecer: una propuesta dulce, con una creciente carencia de esa fuerza que tanto amamos del country y de la música genuinamente americana. Recomendado a fan de Snow patrol, Editors, Doves y a todos los que coquetean con el pop. Yo esperaba más.