FILM SCHOOL



Temas que bien valen un disco.

Film school
es una banda californiana de rock alternativo que gira entorno a Greg Bertens. Al principio, de hecho, el grupo era solo él, contando con la colaboración esporádica de miembros de Pavement y del grupo Fuck. De este modo, en 2001, salió a la luz el Brillant career, su primer album. A partir de entonces, la banda se conformó de manera definitiva, pero siempre alrededor de Bertens.

Film school, tal como se presentan en su segundo álbum (de mismo nombre), es un grupo a medio camino entre el grunge de los años '90, y el rock-indie alternativo de los '00. Evidentemente, son mucho más enmarcables en la segunda etiqueta. El Cd se abre con una buena muestra: el single On & on, probablemente el mejor tema del FILM SCHOOL. Esta muestra de sonido envolvente es mayoritaria durante el resto del disco. Aunque no falta el exceso de distorsión, o momentos de cuasi desnudo de bajo y batería (Harmed, Pitfalls o 11:11); eso sí, sin el tono autenticamente grunge, ese constante tono de amenaza del Sonic youth de 1990. El FILM SCHOOL es una dulcificación de ese sonido, con texturas más cálidas, y guitarras tendidas en la noche oscura como las de Breet. Aquí, como en otras canciones, la voz hace un enorme esfuerzo por salir de su apatía.

Film school es una producción Baggers Banquet, un sello británico que en los '80 producía a Bauhaus y a jóvenes promesas del punk nacional, y que en esta última década y media ha apostado por bandas como The National, Calla, iLiKETRAiNS, Bowery electric o los siempre infravalorados Dream city film club. Hoy por hoy, es uno de los sellos más importantes e influyentes de la música indie, siendo además inspiradores del Beggars Group, donde también se cobijan XL Recording, 4AD, la filial adulta, y la norteamericana Matador. Una banda, por tanto, de buena familia.

El disco se cierra con tres temas relativamente convencionales. Un sonido entre los Pavement y I love you but I've chosen darkness, con ritmos y efectos propios del pop-rock alternativo de Twilight sad, Future of forestry o Turn off the stars. No obstante, bajo mi punto de vista, FILM SCHOOL es su álbum más auténtico y genuíno, quizá debido al constante cambio de músicos que se produciría a continuación. Un buen Cd.


On & On

Pitfalls

Breet

THE NATIONAL



No puedo evitar la comparación con Interpol, así que mejor será que empiece con eso. The National es una banda creada en NY por dos parejas de hermanos y un cantante con voz de barítono, originarios todos de Ohio. Su música me recuerda mucho a Interpol, es más, me recuerda al mejor Interpol de todos (según mi gusto y opinión): a ese oscuro sonido del Turn on the bright lights, al de temas como NYC, Hands away o Stella was a driver and she was always down. The National, en general, es un sonido mucho más cálido, tanto por la encantadora voz de Matt Berninger, como por la profundidad y el eco de sus instrumentos.

Me ha pasado que, con el paso de los discos, Interpol ha dejado de interesarme. Como grata consolación, me asombra ver la evolución de The National, y confieso que su HIGH VIOLET me ha convencido del todo a pasarme de bando. En realidad se trata de su 5º Cd, el tercero producido a lo grande, demostrando que, ahora sí, van en serio. Creo que, hoy por hoy, se trata de uno de los mayores referentes de un estilo que podríamos definir como rock indie americano altamente influído por el brit-pop: un sonido que Arab Strap regaló al mundo en su despedida, en ese increíble The last romance. The National es el mas digno heredero de ese concreto sonido, pausado y grave, melancólico, que llama a la reflexión.

HIGH VIOLET es un disco sin demasiados sobresaltos, mantiene un tono constante, con una batería bastante plana, unas guitarras muy bien educadas, y una sorprendente escasez de estribillos melódicos. Quizá esto último sea lo que resulta atractivo de The National: da igual como sea el ritmo de la canción, da igual que sea más o menos triste, la voz de Matt Berninger va a su ritmo, declamando poco a poco su discurso, evitando ostentaciones innecesarias, canta despacio, sin prisa. Y eso me encanta. Como ver la lluvia de esta tarde.

The National es un grupo muy recomendable para todos los amantes del poprock y de la música independiente; también para quienes hayan quedado decepcionados ante la evolución de Interpol, también para sus fans, claro. Alligator (2005), Boxer (2007) y este HIGH VIOLET (2010) se han convertido, para mí, en discos de referencia; y The National, en una de las bandas del momento. Lamentaría que su gira no les trajese por aquí.


Bloodbuzz Ohio

Sorrow

Converstion 16

TOKYO POLICE CLUB



Ya no nos resulta demasiado sorprendente que las nuevas promesas del rock independiente surjan de Canadá, un país que ha experimentado una auténtica eclosión de bandas de gran interés y aceptación en los últimos años. Hoy por hoy, y según Wikipedia, es uno de los países más activos dentro de la escena del rock alternativo. Digamos que la zona de los Grandes Lagos sigue siendo uno de los centros más importantes de producción de música rock. Desde Bloomington, Indiana, hasta Montreal o Toronto, al otro lado de la frontera, la música independiente tiene un buen terreno abonado donde desarrollarse plenamente, y con buenas perspectivas de exito comercial y de público.

Tokyo police club no es la recomendación del año, ni el grupo revelación, ni una promesa a tener en cuenta. Son simplemente una banda de pop-rock con un disco capaz de animarnos en momentos delicados. El CHAMP no pasará a la historia como un disco inolvidable, pero sí creo que (a quien le guste) recurriremos a él en alguna de esas situaciones de cambio, de nostalgia no invitada; en esos momentos tan contradictorios en los que se mezclan la alegría y la tristeza de la vida, del seguir caminando. En ese sentido, y salvando las diferencias, es comparable al genial Inside in/Inside out de The kooks. También me han recordado un poco, en Breakneck speed, al tono de Placebo, aunque sin esa malicia y acidez que siempre ha caracterizado a los de Londres.

CHAMP está compuesto a base de frases musicales muy sencillas y directas, donde algunos temas podrían servir perfectamente de himno para la banda sonora de una peli de vidas universitarias (canadienses, eso sí). Es un sonido muy juvenil, incluso en determinados momentos casi demasiado adolescente, infantil. Pero en la superficialidad de su música descansa gran parte de su atractivo. Como pasa con The kooks, Val Emmich, Wilco o Chavez (en un tono ya más grunge). Tokyo police club demuestra en este disco una clara evolución con respecto a su debut, demuestra una mayor claridad de ideas, un concepto musical más concreto, un sonido situado entre los Artic monkeys, Blonde redhead y 30 seconds to Mars. Más entretenido que interesante, de todas maneras.




THE TALLEST MAN ON THE EARTH



Aquellos extraños e intolerantes fans de Bob Dylan, aquellos que le abuchearon, que le negaron el aplauso, y que le tildaron de traidor (a ellos, a sí mismo y a la música) concierto tras concierto, seguramente habrían entregado sus corazones a este joven sueco (de estatura media-baja) que tan bien está interpretando la música folk. Sin embargo, aunque bien podría provenir de la más profunda América, The tallest man on the Earth es, sobre todo, un sonido universal.

Cargado tan solo con una guitarra, un banjo y una voz alucinante, este chico desarrolla una música sencilla, intimista y dulce: hace del folk una experiencia tierna, un apacible viaje, al aterdecer, a través de interminables y suavizadas explanadas. THE WILD HUNT, su segundo Cd, refleja eso hasta en la portada. Sin embargo, he elegido la de su primer EP, pues describe más al artista que al sonido: un hombre medio desnudo, sencillo, sin complejos, que toca, nace y crece junto a la tierra y la naturaleza.

Es inevitable la comparación. Pero en este caso, es también un placer y una gran riqueza. The tallest man on the Earth, como decía antes, enlaza con la tradición musical en la que nació el gran mito americano de Bob Dylan, con la de los fieles herederos de Woody Guthrie. Su concepto rítmico (creado, cómo mandan los cánones, solo en base a guitarra y banjo) y estético son el 'abc' del folk del suroeste norteamericano, sin adornos ni florituras insustanciales. Tan solo suma la virtud de la juventud y de la vitalidad, el desahogo de un sonido puro y natural; la delicadeza y la frescura de sus composiciones.

Y, claro está, una voz especial. Lo bueno, en este caso, es que pese al tremendo parecido, THE WILD HUNT es un disco que no podría ser de Dylan. Entre otras muchas cosas, porque es mucho más clásico que cualquiera de los suyos, porque es amigo de los finales felices, porque la disciplina de su forma de cantar le resta ese punto de genialidad, y porque este pequeño gran chico sueco apenas ha empezado a caminar. Kristian Matsson ha demostrado que domina un determinado estilo de música. Su apuesta, pese a ser clasicista, es arriesgada (por la evidente comparación). El futuro dirá si es capaz de evolucionar esa estética y perfilar aun más su personalidad musical. Por lo menos esa es la apuesta del joven sello independiente Dead Oceans (hermano pequeño de Secretly Canadian y Jagjaguwar). Otra prueba de la buena salud del indie americano.


You're going back

The wild hunt (en intimidad)

Burden of tomorrow

HOLA A TODO EL MUNDO



El álbum de debut de esta banda madrileña, HOLA A TODO EL MUNDO, es toda una declaración de intenciones, de proyección, y de hasta dónde quieren llegar con este ambicioso sonido que practican. Una música fresca, intimista y expansiva a la vez, que juega a ratos con nuestras emociones, y a ratos con nuestra más inocente imaginación. Es la banda sonora de nuestros sueños más hermosos.

El sonido de Hola a todo el mundo no es habitual en nuestro país. No es tanto una rareza que canten en inglés, sino la apuesta por una desheredada tradición musical, por la ambientación neo-folk de sus canciones, por la riqueza y delicadeza instrumental (violines, banjos, acordeones, flautas, xilófonos, y todo tipo de panderetas), y por la búsqueda, a medio camino entre el pop y el soft-rock indie, de un sonido propio y personal, de evidentes y notables referencias, y con un sabor a la paleta de colores luminosos más amplia que podamos imaginar. Discípulos avanzados de Arcade fire, herederos de la incansable magia orquestal de lo último de Sigur Rós (Med sud í eyrum...), y amantes de la tierra y las raíces, como Fleet foxes, Hola a todo el mundo puede considerarse una de las apariciones más necesarias en la escena musical española. Vienen a llenar un gran vacío.

HOLA A TODO EL MUNDO es un disco potente, donde cada nota huele a primavera, a ilusión y a energía vital positiva, de decorados tremendamente desenfadados, y delicados por momentos. Cada canción es un universo propio de ritmos y estructuras cambiantes, complejas composiciones llenas de talento, de grandes aspiraciones, y de una humildad difícil de ignorar. Hola a todo el mundo han creado un sonido inconfundible que, espero, marque un antes y un después en la música indie nacional.


Making your mum your best friend


Amor fati

Inuit tale

LA FUGA



El rock español ha gravitado, desde finales de los años '80, sobre dos pivotes forzados al entendimiento: el pop y el punk-rock revival. En la última década, a parte de la eclosión de pequeños y aislados proyectos más alternativos, se ha visto el definitivo despegue del primero de ellos, y un definitivo estancamiento del segundo. En ese caso, el rock español, en esta variante, no ha podido sobrevivir a la quizá demasiado exigente sombra de Heroes del Silencio y, sobre todo, de Extremoduro. CALLES DE PAPEL es una muestra de su última buena noticia: La fuga.

La propuesta de La fuga, como la de Marea, Los suaves, Leño o Reincidentes descansa, por lo general, en estructuras sencillas, livianas, pero de intensa púa, en una cañera sucesión de quintas, una batería sin excesos, básica, y en la linea que seapara la tenacidad de la testarudez, en el verso directo y punzante, en la descarnada lucha interior de la complejidad humana; el punk-rock revival de La fuga, sin embargo, tiene un tono de acercamiento al pop mucho mayor que sus predecesores: en la voz herida de Rulo, en la soledad aguda que esconden sus palabras, en sus limitadas aunque personales estructuras que no pueden ocultar al cantautor que lleva dentro. Es la desesperanzada e inútil brazada de un náufrago en medio del mar, carente de un verdadero movimiento musical en que resguradarse, en que influenciarse. Su disolución puede marcar el definitivo cierre de la adolescencia española, el fin tardío de un punk-rock, que parece que ya solo sobrevive en California, de la mano del sello Epitaph (el también llamado hardcore melódico).

CALLES DE PAPEL, no obstante, es un disco conceptualmente muy compacto. Bajo el limitado abanico de acordes, ritmos y efectos, de tonos y tonalidades de sonido, subyace un intenso grito de desacuerdo, de disconformidad, y de esa benévola displacencia que ha perdido Fito tras Platero y tú (aunque sin su sarcasmo, del cual tampoco hay ya noticias). Comparte, como la linea maestra del rock español, esa extraña sensación que todos hemos sentido alguna vez, de no pertenencia, de insensata pequeñez ante la inmensa maquinaria, ante ese gran todo que a veces representa al Estado, al futuro, o a la vida en sí misma.

Con el Agila, Extremoduro marcó la cumbre del rock español, allá por 1996. Dos años después se certificó la defunción de un movimiento musical que ha perdido fuelle y originalidad. Los grandes clásicos están en claro declive, y los jóvenes grupos, pese al persistente éxito de público, carecen de medios, de proyección internacional y de influencias suficientemente enrriquecedoras.

Los discos de La fuga quedarán en la memoria, quizás, como las últimas piezas de una época que ya ha pasado, piezas a las que volveremos los nostálgicos de vez en cuando. Porque el sonido de La fuga es, quizá ya a destiempo, la última propuesta de genuino rock español de los '90 (aunque ya no tan trangresivo como el de Roberto Iniesta).


Mi canción

Nunca máis

En vela

MONO



Los japoneses Mono se auto-definen como la banda sonora del fin del mundo, y no les falta razón. Desde este primer álbum, UNDER THE PIPAL TREE, hasta el Hymn to the inmortal wind, pasando por el proyecto electrónico ambiental junto a World's end girlfriend, esta banda ha seguido, sin desviación alguna, la más ortodoxa linea del post-rock instrumental, y ha sido fiel a un sonido estructuralmente poco complejo, pero estéticamente puro y conceptualmente bien definido. Mono es una de las fórmulas más exportables del rock japonés, una de las propuestas más detallistas de la escena a la que pertenecen: una apuesta segura para los fans de Explosions in the sky o Godspeed you! Black Emperor.

El disco de debut de esta banda comienza con una tímida guitarra en cascada, con el eco del delay; poco a poco se incorpora una desvergonzada batería de largo desarrollo, un contundente y edificante bajo, y otra guitarra, cargada de toneladas de distorsión. Karelia - Opus 2 es un ejercicio de rock progresivo crudo, directo y con una clásica cadencia que ensalza la coordinada y sorprendente segunda explosión de electricidad (allá por el minuto 7). Es la versión más paradigmática y, a la vez, extrema de Mono: una auténtica pasada en directo.

La mitad de las canciones del UNDER THE PIPAL TREE duran más de 9 minutos, una práctica que, de hecho, irá a más durante los casi diez años de carrera de esta banda de Tokyo. Todas son instrumentales al 100%, pero, en general, solo algunas parecen estar cargadas de verdadera tensión. Mono hace discos con livianas llanuras y escarpados picos de sonido. Por eso, en cierto modo, reflejan un poco nuestra propia actividad vital, que combina momentos de extrema agitación y cócteles de pasión, con otros de pesada calma y sedante conformismo. Al menos 4 de las canciones de este Cd (Kirelia - Opus 2, The kidnapper bell, Jackie says y Error #9) tienen una estructura de máxima progresión, que permite alcanzar momentos de amplios, distorsionados y abismales guitarreos, acompañados siempre de armónicas melodías, un constructivo bajo y una expresiva batería que huele a sacrificio humano y dolor.

La expresión del post-rock instrumental tiende siempre a la nostalgia, a la silenciosa melancolía y, en el caso concreto de Mono, a la cálida y digna soledad de una tarde oscura de invierno. Suena al pálido color azulado del hielo en la ventana, al inmaculado gris del cielo en un campo empapado de escarcha; pero también a la rojiza sensación de paz que desprende el fuego, en el interior de una casa, suena a la entrañable y cálida imagen que nos sugiere a cada uno nuestro hogar cuando estamos lejos. Puede que no derrochen creatividad en la estructura de sus composiciones, pero éstas están siempre adornadas con texturas puras, sinceras e inequívocas. Mono es un frío torrente de pasión, canalizado a través de una técnica y una producción muy cuidadas.

UNDER THE PIPAL TREE es el primero de 5 discos de estudio que han consagrado a esta banda como una de las más importante dentro del post-rock instrumental y, quizá, como el grupo actualmente más conocido fuera de Japón. No defraudará a los amantes de este estilo de música, tan melódico y armónico como enérgico y contundente; tan detallista como shoegaze.



TIRED PONY



El concepto 'supergroup' no es nuevo, pero está de moda: una formación de artistas, conocidos ya por su pertenencia a grupos con fama y renombre, una banda compuesta por músicos de otros grupos que, pese a lo que pueda pensarse, no generan una simple suma matemática de sonidos ya practicados, sino una puesta en común, un nuevo viaje, una apuesta que va más allá de la básica mezcla química de notas y pedales. Desde Cream, en los años '60, a los últimos nacimientos como Atoms for peace, el nuevo proyecto de Thom Yorke, Monsters of folk o The Dead weather, pasando por los ya míticos A perfect circle, Zwan, Raconteurs, Audioslave, o el colectivo Broken sociel scene, el concepto supergroup ha generado siempre gran espectación, a la par que grandes espectativas. Tired pony, en ese sentido, es un disco que merece la pena escuchar.

THE PLACE WE RAN FROM es un proyecto que gira entorno a Gary Lightbody, líder de Snow patrol, y a su amor por el country. Le acompañan Richard Colburn, batería de los Belle & Sebastian, Peter Buck de R.E.M., Iain Archer, Scott McCaughey, Troy Stewart y el afamado productor irlandés Jecknifer Lee (U2, R.E.M., Editors, Bloc party, etc). Una mezcla tal vez demasiado británica para el 'country-tinged' que pretenden hacer. Porque lo cierto es que, en este caso, Tired pony sí parece una continuación de Snow patrol, una leve variación con aires de mayor madurez, pero poco más.

Las canciones más 'americanas' (si no las únicas) son: Point me at Lost Island, donde el sonido acústico y la aparición de los violines nos transporta, por breves instantes, a una cabaña de madera a lo 'Casa de la Pradera (la película...)'; I'm a landslide, cuyo ritmo y repertorio instrumental recuerda tímidamente al lento galopar de un corcel del Ulster sobre el duro asfalto de la R'66; y Get on the road, la mejor canción del disco, fundamentalmente gracias a la preciosa y genuinamente americana voz de Zooey Deschanell. Es, en mi opinión, la mejor noticia del Cd. La pareja de M. Ward en She & Him, la califoniana especialista en dúos, la polivalente Zooey. El contraste de voz con Gary Lightbody es emocionante, y la suma del piano al acompañamiento de guitarra, bellísima. Cuando el tema estalla, aún sigue sin divisarse la costa americana: viajamos de noche sobre el Atlántico, por una inmensa tirolina, agarrados, con los brazos en alto, a esa dos grandes voces, tan distintas, tan iguales.

THE PLACE WE RAN FROM es una propuesta poco original, sobre todo en relación a Snow patrol, y a toda la escena del poprock de la década de los '00. Es un disco agradable, fácil de escuchar, pero con poco que ofrecer (salvo la bendita Zooey). La impecable producción recuerda demasiado al sonido manido de las bandas del post-britpop, al delicado tañir de las guitarras al atardecer: una propuesta dulce, con una creciente carencia de esa fuerza que tanto amamos del country y de la música genuinamente americana. Recomendado a fan de Snow patrol, Editors, Doves y a todos los que coquetean con el pop. Yo esperaba más.

ARCADE FIRE (parte 3)



(Continuación)

Trilogía de la pasión vanidosa. (PARTE 3)

Arcade fire no puede mantener el nivel de sus tres pirmeros discos sin que, con el tiempo (poco más), se conviertan en una de esas bandas legendarias que unen, bajo su tranquilizador y perfecto sonido, a padres e hijos, a moros y cristianos y, por momentos, al cielo y la tierra, en una imperturbable y bella harmonía vital.

Cuando puse este disco en el coche, atravesando las verdes tierras de Galicia, Arcade fire me atravesó a mí. El comienzo de muy pocos discos han hecho estremecerse a mi cuerpo de tal manera. Al pasar de The suburbs a Ready to start, un pequeño sollozo de inmensa felicidad, efímera y estúpida, pero tan pura y clara, se desató en mí. THE SUBURBS sigue la linea de los dos primeros discos de este grupo canadiense, demostrando que, lejos de ser un mero espejismo, tienen repertorio para rato, una inagotable fuerza de creación y un estilo que, pese a leves transformaciones, sigue dejándonos boquiabiertos.

THE SUBURBS, sin embargo, es un disco más convencional, con estructuras menos arabescas, más directas y lineales. Quizá hayan perdido algo de profundidad, algo de ese encanto sorprendente. THE SUBURBS es luminoso, sí, pero hay esparcidas ciertas gotas de melancolía a lo largo del Cd que lo hacen menos invulnerable que los otros dos. Quizá lo que han perdido, simplemente, sea la inocencia. La absoluta madurez de su sonido esconde cierto cansancio, una tenue disminuición del entusiasmo, de la frescura, del impactante tono de incompleta esperanza.

En Arcade fire, no obstante, en la perfección y el atractivo embrujo de su sonido, todo eso se convierte en simple adjetivo. THE SUBURBS sigue derrochando detalles de increible belleza, cambios de ritmo, de color, y hasta de inclinación del mundo en sus canciones. Los dúos de voz, la música coral, la excelencia instrumental, el trabajado muro de sonido natural, acústico y grandilocuente, siguen ahí. El eclecticismo (han manifestado que este disco se sitúa entre Depeche mode y Neil Young) sigue ahí; el constante y estimulante acompañamiento de los vientos sigue ahí; la coherente y harmónica compenetración instumental. Todo sigue sonando a Arcade fire, a nuevo y a viejo a la vez. Es un disco largo, generoso, con pocos momentos para la distracción, para la evasión.

THE SUBURBS es un signo más de madurez, un primer síntoma de estancamiento, eso sí, a un nivel estratosférico. Se respira el mismo aire a inmortalidad, la misma atmósfera atemporal, y cuando llega Sprawl II (Mountains beyond mountains) no quieres que el Cd termine. La nostalgia ha acabado con la inocencia, pero no con el genuino e inconfundible sonido de Arcade fire: es solo un matiz más. Como cualquiera de los discos de esta increible banda de Montreal, éste es total y absolutamente recomendable para cualquier amante del indie-rock, del rock, y de la Música.


Ready to start (live)

Empty room (live)

Sprawl II (live)

ARCADE FIRE (parte 2)



(Continuación)

Trilogía de la pasión vanidosa. (PARTE 2)

Después del FUNERAL, mucho se esperaba de Arcade fire, y eso es precisamente lo que nos han dado en el NEON BIBLE: mucha, muchísima música más. Con la misma ambición, la misma frescura, el mismo impresionante repertorio de instrumentos, el mismo inmejorable gusto por los detalles, Arcade fire vuelve a maravillarnos con este disco, parcialmente grabado en una iglesia, que para siempre formará parte de la más selecta colección de música de culto. La delicadeza, la harmonía y la energía más luminosa siguen siendo las coordenadas de acción de esta banda canadiense que parece haber embrujado al público y a la crítica de manera unívoca. Arcade fire es, a día de hoy, el grupo más sorprendente y prometedor de toda la escena indie, y se lo han ganado a pulso con verdaderos himnos, y con un sonido perfilado por el único rasero para mí válido: la calidad y el profundo amor a la música.

NEON BIBLE es, quizá, algo más compacto que su primer disco (que tiene el justo desequilibrio necesario para ser obra de arte), pero sigue sin poder abarcarse con la mente: sus horizontes son más anchos que los del imperio de Felipe II; la profundidad de su sonido sigue siendo abismal, descubriendo, a cada instante, pequeños y bellísimos detalles, genadilocuencia instrumental, místicos y angelicales coros, y un desbordamiento orquestal que, por momentos, pone los pelos de punta. Es la misa del siglo XXI, la de una religión sin infierno ni pecados imperdonables. NEON BIBLE reluce como una preciosa y luminosa cúpula barroca italiana, por donde el sol solo filtra dignidad, y arrojo frente a la vida.

Nuevamente, la propuesta de Arcade fire destaca por su descaro, por su originalidad, y por una genética avanzada en composición y puesta en escena. La seguridad y madurez con la que gestionan el sonido está al alcance de muy pocos. Su sonido ya es inconfundible, ya es una referencia. Keep the car running empieza como si un entero palacio de la ópera temblara de la espectación, y no defrauda (inolvidable el sonido de la zanfona); Intervention hace que nuestra mente se pierda por infinitos y deliciosos laberintos florales, deleitando nuestros cinco sentidos hasta el orgasmo; y en No cars go gozamos, junto a ellos, del exquisito sabor de la inocencia (por citar mis tres favoritas). Un disco entero de regalos que dejan huella.

Quizá el NEON BIBLE no sea tan espectacular como el FUNERAL, pero mantiene un nivel altísimo: estamos ante la confirmación de una banda de las de verdad, de las que romperan las barreras del tiempo; una de esas bandas que juegan a la comba con nuestra estúpida manía de etiquetar el sonido: una banda que se ha ganado, cum laude, el etiquetado de art-rock. Es un disco que alcanza momentos de climax absolutos (como el Med sud í eyrum de Sigur Rós) gracias a la aportación de la orquesta húngara, en los decorados, una sincera teatralidad en las voces, y una inmensa capacidad de transmitir sentimientos. Su música es, realmente, un soplo de aire fresco, las campanas de lo que ha de ser un nuevo día, el sonido más sincero de la purificación, del renacimiento interior. Las oraciones serán a ritmo de indierock, y los beatos tan solo mirarán al cielo, que es a donde nos lleva la música de Arcade fire con este NEON BIBLE. La nueva misa ha llegado.

(Continuará)


Keep the car running

Intervention

No cars go

ARCADE FIRE (parte 1)



Trilogía de la pasión vanidosa. (PARTE 1)

Sorprendentes, distintos, inconfundibles, admirados, revitalizadores, descarados, barrocos, preciosistas. Así son Arcade fire, probablemente la banda de música indie más respetada y exitosa de la década. Rebosantes de buena crítica (apadrinados por Pitchfork desde el 9,7 con que calificaron su primer album FUNERAL), cargados de una infinita riqueza instrumental (más que riqueza, es una auténtica fortuna), y con un sonido muy trabajado, personal y artísitco, esta formación de Montreal (Canadá) ha conseguido una unánime declaración de amor eterno por parte del público, en general, en tan solo cinco años. Con tan solo tres discos. Son tan altas las espectativas creadas, que algunos hablarán del THE SUBURBS (2010) ya como una obra menor. Pocas bandas han debutado de la manera que lo ha hecho Arcade fire con el FUNERAL, un disco de culto de grupo imprescindible.

Hay un trasfondo rítmico en el FUNERAL que recuerda mucho a Interpol, The National o a sus compatriotas The new pornographers; y a su alrededor se expande el barroquismo instrumental de Arcade fire. Cada compás es distinto al anterior, en cada segmento de cada canción, las infinitas cuerdas de esta numerosa banda se entremezclan con puntualidad y precisión, compartiendo y creando el ritmo, para regalarnos, en cada segundo, más que muchos grupos en Cds enteros. En este disco los violines, violas, violonchelos, el teclado, acordeón, xilófono y hasta el arpa, no son simples arreglos, sino protagonistas indiscutibles: como pasa con las grandes novelas y series, su grandeza reside en que es una obra coral.

Escuchando el FUNERAL enseguida te das cuenta que estás ante algo realmente grande. Arcade fire tienen algo; algo distinto, especial. No son solo las energéticas y atrevidas voces del matrimonio co-fundador, compuesto por Régine Chassagne y el tejano Win Butler; ni la compleja simplicidad preciosista de sus melodías, ni los bellísimos y sorprendentes arreglos manuales que pueblan cada compás; ni la intensidad y riqueza instrumental que, con oportunos y bien marcados cambios de ritmo, nos hacen sonreir, chasquear los dedos, aplaudir y hasta bailotear.

(Si a usted le ha ocurrido lo mismo al llegar a la genial Rebellion, bienvenido: ya está enamorado de Arcade fire.)

Pocos álbumes de debut han dado tanto de qué hablar. FUNERAL hizo grande a un pequeño sello independiente de Carolina del Norte (Merge Records) que apostaba, entre otros, por incipientes artistas como M. Ward. Fue declarado mejor disco del año por Pitchfork y No Ripcord (las más prestigiosas plataformas de crítica musical), recibió máximas puntuaciones en innumerables revistas especializadas, vendieron medio millón de copias en un año (lo nunca visto en Merge Rec.), y el éxito de público fue impresionante en su primera gira. Pero Arcade fire no son solo arte barroco y apabullantes números que prueban su calidad. Arcade fire tienen algo; algo distino, especial. FUNERAL es algo grande y monumental.

(Continuará.)


Neighborhood #2 (Laika)

Wake up

Rebellion (lies)

PORTISHEAD



La oscuridad se cierne sobre Portishead.

La oscuridad se cierne sobre Portishead. El trip-hop ya no existe. Ejecutado por sus propios creadores. Portishead ha vuelto, pero ya no estamos en los años '90. Tras un larguísimo y angustiante silencio de diez años, por fin salió a la luz el tercer disco de estudio de esta banda de culto que, desde Bristol, ha sorprendido y enamorado al mundo con apenas un puñado de canciones, eternas e inolvidables todas ellas. Una banda que no tiene fans, tiene devotos; que han guardado, durante estos últimos años, como auténticas reliquias atemporales de música, envasadas al vacío, aquellas 22 canciones, aquellos 2 discos (3 contando el directo en el Roseland) que, a mediados de los '90, convirtieron a Portishead en uno de los grupos más influyentes y respetados de toda la escena musical contemporánea. Referente para tantos estilos como seamos capaces de concebir; síntesis de todo un siglo de música, de todo un mundo (occidental) de sonidos.

El tiempo ha pasado, y acabando ya el primer decenio del siglo XXI, nos damos cuenta de que el futuro futurista no existe: ni 1984, ni el mundo feliz, ni bomberos quemadores de literatura, ni blade-runners, ni terminators, ni coches voladores ni teletransporte molecular. Portishead siempre ha sido como una cápsula, como un vehículo hiperespacial que nos permitía (a sus devotos) viajar en el tiempo. Hoy, con el THIRD, nos enseñan una clara y cruda visión del futuro que vivimos sin darnos ni cuenta. Como si todos estos años de silencio, sin aparentemente nada nuevo que decir, se hubieran dedicado a observar, pantocráticos, desde lo alto de su templo, cómo la sociedad se degrada; cómo el futuro acecha, aún más oscuro de lo que nos habíamos llegado a imaginar; cómo se cierne la oscuridad sobre el hombre.

El THIRD es como un profundo y tenebroso agujero, sombrío e inquietante, pero con ese impresionante poder de seducción primitivo, instintivo y ancestral que provoca en el hombre el olor a muerte, a destrucción, a sangre de color burdeos. Es el placer de degustar, lentamente, la amargura de lo inevitable. Portishead (porque es mujer) siempre resultó muy atractiva y misteriosa; la desmaterialización del poder de Greta Garbo; el sonido de la elegante resignación, de la silenciosa y honorable derrota. Un sonido que enmascaraba bien la vulnerabilidad que hay en todos nosotros. Que nos reconcilia, de algún modo, pacífica y dolorosamente, con el lado oscuro de nuestra mente. En el THIRD, oímos a una Beth Gibbons más hermética y herida que nunca. Portishead ya no hace piezas de museo: son monumentos a la incomprensión, al siempre latente conflicto interior que hay en el ser humano; son crueles sentencias; declaraciones de oscuros y lacerantes secretos, confesiones de complejas luchas, de dialéctica inacabada, de tensión irrefrenable; de reacción atómica mental.

Que nadie espere otro Dummy, ni otro Portishead, porque se llevará una profunda decepción. El THIRD no es fácil de escuchar; como no es fácil vivir en un mundo que llama débil al romántico, iluso al soñador, y mariquita a quien muestra un ápice de sensibilidad. Las joyas del THIRD no nos harán sentir mejor, ni más fuertes, ni más altos ni más guapos. Son las miradas más autocríticas y punzantes que un espejo nos pueda devolver. No hay harmonía, ni ese delicioso olor a viejo que producían los surcos del vinilo. Pero me da la sensación que este disco me acompañará durante años, como los tres anteriores. Parece un buen narcótico para sobrellevar los envites, desconcertantes e implacables, del oscuro mar abierto por el que navegamos con Portishead.


We carry on

Small

Magic door