MOGWAI (The Hawk Is Howling, 2008)



Mogwai ha vuelto, aunque nunca se fue. Esto se debe a una regularidad y fluidez de trabajo envidiables, y a que es de esas bandas que produce discos de los que nunca te cansas. Mogwai siempre te proporciona momentos desconocidos o hasta ahora ocultos; sus notas, la larga repetición de sus melodías, armoniosas, incomprendidas, impotentemente románticas, hacen que su música represente, mejor que ninguna, el auténtico paso del tiempo. La espera desde el MR. BEST ha sido plácida porque nunca se agotan sus discos anteriores.

THE HAWK IS HOWLING es el 6º album de estudio de este quinteto de Glasgow. Es, seguramente, el menos atractivo de todos ellos a primera vista, pese a una impresionante y caracterísitica apertura (I'm Jim Morrison, I'm dead) que, desde la primera vez que la oímos, nos da la impresión de que ha formado parte de nuestras vidas desde siempre. A partir de ahí el disco resulta un poco decepcionante, carente de tensión, pese a la cruda y ruidosa pista 2. Tres canciones anestésicas aunque un tanto inocuas y un extraño intento de aproximación al synth-pop no es a lo que nos tenían acostumbrados estos simpáticos postrockeros futboleros y católicos (son muy de Celtic de Glasgow).

En Mogwai subyace siempre un regusto a desgracia, a incomprendida enemistad del mundo hacia quien lo escucha. En Mogwai, en sus grandes temas de verdadero post-rock progresivo e instrumental, donde todo lo canalizan las distorsiones, los cambios de ritmo, la apertura de la batería, los arpegios tendidos y el despliegue final de luz y energía, hay siempre el mágico despertar de la mente romántica, que entiende tristemente su infinita pequeñez frente al inmenso poder de la naturaleza, que se sobrecoge con la asfixiante soledad de su propio ser, pero que camina y continuará caminando, con el alma hecha jirones, el espíritu herido, aún más fuerte, y la firme convicción de que, por la fe, obtendrá la salvación (si me leyeran, creerían que les interpreto a lo protestante, a lo Ranger). Mogwai hace digno y honorable el esfuerzo, la constancia; da fuerzas contra la sombra de la rendición, enciende y canaliza nuestra ira contra la misma creación que nos permite respirar: pero respirar el podrido y delicioso aroma de una dolorosa conciencia.

Lo que le falta al THE HAWK IS HOWLING es esa especie de humor negro, de sonora e incandescente pregunta retórica hacia los cielos, ese regusto a lamento resignado de Travel is dangerous, esa deseperada mirada, a lo Antonius Block en el Séptimo sello, hacia un panteón desgarrado y abandonado de You don't know Jesus, o el desesperanzado y oscuro piano de I know you are, but what am I?, obras que hacen de la música algo incalculablemente grande porque convierte momentos irrepetible en repetible (incluso por encima de la saciedad). Nunca dejarán de emocionarme muchas de las canciones de Mogwai, aunque pasen y pasen los años.

Mogwai es, sin duda, uno de los grupos más valorados y respetados del post-rock y de la música instrumental, muy apreciado por el estilo progresivo que han mostrado en anteriores discos, con larguísimos temas y rasgueo de eléctrica que erizan el cabello y que embellecen profundamente un ordenado y agradable ruido, tan humano como atractivo. Las últimas cuatro canciones recuerdan más al Mogwai evolucionista, más inquieto y curioso, más preguntón y sarcástico, al Mogwai crudo y orgulloso que hace digno el esfuerzo y la fe humana.

A quien no conozca a este grupo le recomiendo que empiece por el principio, aunque el flechazo se produce con el MR. BEST y con el HAPPY SONGS FOR HAPPY PEOPLE. Después, a los amantes del post-rock les digo que no me convence este último trabajo de los escoceses, considerados ya por mi como grupo de culto desde hace un tiempo: esperaba más, un paso más, un punto más de madurez, de evolución. Porque el post-rock se ha de reinventar con mucha más frecuencia que otros estilos de música, no valen las estructuras incólumes, académicas, ortodoxas. Espero con especial ansia un nuevo trabajo de Mogwai, y espero, sinceramente, que no sea más de lo mismo, que es siempre genial, pero ya no sorprendente (salvo los tres temazos que adjunto).


I'm Jim Morrison, I'm dead


I love you, I'm going to blow up your school

Scotland's shame

CALEXICO



Uno de los fenómenos musicales más interesantes de las últimas dos décadas es la folkización de la música rock, la vuelta a las raíces, la búsqueda del sonido más tradicional, la reinterpretación de las músicas locales, una suerte de regionalismo musical que proporciona una variedad de sonidos en la escena rock que, según mi opinión, no tiene precedentes. Nuevas generaciones que no olvidan a sus muertos, pero capaces de transformar lo viejo en nuevo en base a un poroso eclecticismo. Calexico, en este sentido, es una de las bandas más importantes del momento, delicioso ejemplo del neo-folk-rock del suroeste norteamericano.

FEAST OF WIRE es su cuarto disco de estudio, su obra más madura y ecléctica. Su sonido huele más que nunca a frontera, al sigiloso transcurrir del tiempo bajo el sol de Agua Prieta, sobre el plomizo discurrir del Pecos River. Provienen de Arizona, tierras áridas entre el Bosque Petrificado y el Desierto de Sonora, tierras de western, de pistolas al amanecer, y de resacas de tequila, mezclada con mezcal. Su música refleja la onírica narrativa de Juan Rulfo (quizá más en su último disco, Carried to dust), el respeto hacia una naturaleza incontestable, y el lacónico y poético caminar hacia la nada, en busca de la salvación eterna, del merecido descanso eterno de los corazones negros.

Calexico expone en este disco una tremenda variedad de sonidos e influencias, que van desde el puramente mariachi, hasta lo eletrónico, pasando por el jazz o el pop-rock más sencillo. Pero todos los punteos de eléctrica, por leves y sutiles que sean, recuerdan al reflejos del sol sobre el desierto; todos los ritmos, a veces simples barridos sobre el timbal, nos obligan a entornar los ojos, buscando en el horizonte, entre la calima, un rancho que simplemente sacie nuestra sed. FEAST OF WIRE es un disco abierto, uno de los más interesantes y frescos ejercicios de mestizaje sobre una base de rock que podamos encontrar, con intenso sabor a México, a los orígenes del son de Jalisco. Es una de las muestras más originales de hasta dónde puede llegar la música indie en su vertiente neo-folk.

El FEAST OF WIRE de Calexico está lleno de sonidos sorprendentes, de texturas cuasi fílmicas; hay rincones escondidos de mágicos ecos, melodías intensamente evocadoras, hay quietud y esperanzas subterráneas; es, por momentos, el elegante retrato de un hombre muerto. Creo que todos pueden disfrutar con este disco, con cualquiera de Calexico, pero especialmente aquellos que escuchen Devendra Banhart, Iron & wine, Willard Grant Conspiracy, Black keys, o a los Allman Brothers y toda esa estirpe de enormes músicos que hicieron grande a la música americana desde el country, el blues y el rock and roll (Clapton, Fleetwood Mac, Rory Gallagher y un larguísimo etcétera).


Black heart

Quattro

Woven birds

M. WARD



Esto es una auténtica joya del rock americano. Uno de los sonidos más personales y deliciosos de toda la escena actual del noeoeste norteamericano. Californiano de nacimiento, pero afincado en Oregon desde los 90, Matthew Stephen Ward enamoró a Howe Gelb (Giant Sand) con una rudimentaria maqueta en 1999. Su apuesta por este joven cantautor y guitarrista de voz cálida y mecedora se puede ver como uno de los grandes aciertos que inauguran una fantástica década musical. El segundo capítulo de su colaboración es este END OF ANMESIA, en el que contaron con importantes ayudas.

El estilo de M. Ward es extremadamente dulce, es una caricia a los oidos, es intimidad entre el artista y su público, es unión pura entre creador y su propio arte. Sus influencias van desde Bob Dylan a lo más profundo del country y el folk del oeste, pasando por las grandes figuras del indie americano como Yo la tengo o Lambchop; y su música enlaza perfectamente con toda una nueva generación de jóvenes músicos que están reinterpretando su país y su tradición musical desde la humildad, con una claridad de ideas y de sonido que hacen pensar en una verdadera eclosión de lo que podríamos llamar neo folk-rock americano occidental.

END OF AMNESIA es una obra especial. Desde el principio conectas con el artista que hay detrás. No imaginas un concierto donde le cante a miles de espectadores: oyéndolo tan solo puedes concebirlo susurrándote al oido a tus espaldas, hablándote en la más absoluta intimidad, hablándote de tí mismo, de tu nostalgia y de tu pasado. Es un disco eminentemente acústico, pero con leves reflejos eléctricos, con una lenta y sutil percusión, constante, rica y muy limpia, y unos arreglas que confieren a cada canción un aura distinta. Solitarias todas ellas, pero llenas de motivos por los que merece la pena vivir. END OF AMNESIA es un disco inolvidable, capaz de convertir un día cualquiera en un recuerdo imborrable.

Lo recomiendo absolutamente a todo el mundo, no podía ser menos. Pero sobre todo a lo que viven al son de Yo la tengo, Fleet Foxes, Lambchop, Neil Young, Bob Dylan, Bon Iver, Cat power, Caléxico, Iron & wine, My morning jacket, Pavement o She & him y Monsters of folk (otros dos proyectos de M. Ward). Pienso que podemos entender un poco más a ese gran desconocido norteamericano a través de artistas como estos. Desde luego son un regalo para los oidos. Yo, por lo menos, me voy de vacaiones con M. Ward, y a dónde él quiera!


Carolina

Half moon

From a pirate radio sermon, 1989

BARDO POND



Segundo disco; primero con Matador Records. Se abre despacio, con un despertar de 4 minutos; de pronto, se despliega toda una marea de música y ruido en la monumental Limerick: un inmenso edificio sin apenas estructura, con melodías difusas, asentado en un monólogo distinto y espiritualmente unido de cada uno de los instrumentos. Como el ciego caminar de los costaleros en la Madrugá, cada integrante de Bardo pond disfruta de su propia liturgia, pero de la mano y sobre un mismo camino.

Muchos definen a esta banda de Pennsylvania como rock psicodélico por sus narcotizadas letras. Lo cierto es que parecen más cómodos en el campo de la improvisación que en el de la repetición de una estructura convencional. Sin embargo, ambos conceptos se unen de manera magistral en algunos de los temas del AMANITA. Yo los colocaría más en una escena noise, aunque pulcros y tremendamente detallistas.

Su sonido roza la autocrítica más encarnada, invita a escarbar en la profundidad, en tierra oscura y mojada; su sonido, duro e implacable, es, a veces, el fiel reflejo de nuestro lado más sucio en un espejo manchado. Dilata una realidad engañosa, empaña las pupilas de ruido y mierda, pero muestra y saca a la luz una energía que, sin tú saberlo, habita en tus entrañas. Con un interesante componente electrónico, una distorsión exagerada, y un inestable muro de sonido, crean un ambiente limpio y acristalado, de obligado esfuerzo auditivo, de incansable aceptación y amor por la imperfección, y de verdadera pasión por el rock y la electricidad en la música post-moderna.

AMANITA, ese ruidoso disco cargado de nobleza, acompaña bien en la estantería a los discos de My bloody Valentine, Pale saints, The Jesus and Mary Chain, o al primero de Bowery electric. Gustará a quien disfrute con Mono, con Mogwai, y con todo lo instrumental post-rock, pero que alcance niveles de entrega quizá mas exigentes. Eso sí, sin duda se perderá durante horas, como yo, por los laberínticos punteos y solos de Bardo pond en AMANITA.


Limerick

Tantric porn

Be a fish

FLEET FOXES



Con los primeros calores del verano, el cuerpo nos pide ritmos calmados y harmónicas melodías para poder pasar la tarde tumbados bajo el aire acondicionado. La tensión nos baja hasta donde casi la podemos pisar, los párpados flaquean y las manos, sudorosas, se hacen más anchas y torpes. Si en un certero gesto vamos a darle a un play, que sea para escuchar a Fleet Foxes. Quizá la siesta te sorprenda, o puede que entres en perfecta harmonía con el suave y placentero ambiente de distensión.

Es curioso que esta banda de Seattle, surgida de su propio myspace, haga una música tan de atardecer de domingo veraniego. No me imagino este grupo sin un inmenso y benévolo sol sobre sus notas, sin una camisa blanca sin mangas, muy abierta; su sonido evoca la absoluta relajación del reflejo del mar sobre una playa, y no son música hawaiana; evoca un día en el que nada es una obligación. Las notas te acompañan, se acompañan los instrumentos, las voces: y todos entre ellos te llevan en volandas hacia un lugar tranquilo, intensamente melódico y ligeramente folk.

El FLEET FOXES es un buen debut, es un increible debut; producido por una filial de la Warner, sobre unas canciones llenas de detalles de gran belleza, instrumentos sorpendentes y un sonido con fuertes raíces en ese folk del noroeste norteamericano tan exigente y evocador de la naturaleza más noble y emancipadora. Representan uno de los nuevos valores de la música ecléctica norteamericana: un rock súmamente amable, un pop lento barroco, y sumido en la calmada deriva de un río de montaña baja y prados de un verde infinito, y un fuerte olor a folk norteño.

Fleet Foxes es un sonido limpio, acústico y refrescante, con coros capaces de hacernos pensar que todo va a ir bien. El FLEET FOXES, su debut de 2008 (esperamos disco para este 2010!), hace perfecta compañía con cualquiera de Bon Iver, Iron & wine, Band of horses, Beirut o los Grizzly bear, cálidos, cuidadosos y con voces de la textura más suave y aterciopelada. Desde luego, son un grupo para seguir muy de cerca en los próximos años.


Ragged wood

Your protector

While winter hymnal

MASSIVE ATTACK



Dos personas cuya opinión musical respeto a ciegas me han dicho lo mismo de este disco: "no es tan redondo como el 100th window"; y sé que no se han puesto de acuerdo. Y es que para muchos, incluso por encima del Mezzanine, el penúltimo es el mejor disco de esta banda de Bristol. En cualquier caso, la evolución de Massive Attack siempre ha sido sorpendente y, a la larga, muy admirada y envidiada. Ha necesitado 3 oportunidades, aunque reconozco que las dos primeras no fueron en el contexto adecuado.

HELIGOLAND no pasará a la historia como su mejor album, pero sí como uno paso más en la experimentación rítmica presente en todos sus trabajos. La oscuridad sigue de telón de fondo, los ecos del dub, siempre atractivos, siempre tentadores. Siempre elegantes, pese a la desnudez de algunos temas, pese a la contundencia de su melódica electrónica. Porque este trabajo combina algunos de los elementos más clásicos del grupo (desde la inconfudible voz de Horace Andy hasta esa arritmia que podríamos llamar trip-dub-hop) con la incansable búsqueda, con ese viaje onírico por las desconocidas tierras de la electrónica rock, que tan bien recorrió, creando el auténtico sonido triphopero, en Protection y en Mezzanine (Girl I love you = Spying glass).

Es verdad, no es redondo. No es como el 100th window; pero éste es comparable al () de Sigur Rós, y vive de esa sensación cíclica, repetitiva pero siempre incisiva: pequeños y sutiles cambios apenas pecibidos son capaces de cambiar el prisma a un mismo discurso musical. Todo en esos discos fluye a la perfección, nada parece cambiar, pero el desarrollo es intensísimo. Sin embargo, como el Med sud í eyrum... para los islandeses, el HELIGOLAND para Massive Attack significa una nueva aventura en busca de nuevas geografías musicales, pero manteniendo su inconfundible sello: ritmos valientes, de rompehielos, un tendido instrumental en alta tensión, melodías de una intrigante y cálida oscuridad. Una elegante llamada a la orgullosa y experimentada decadencia postmoderna. Y cuanto más lo escucho, más ganas tengo de coger el coche, y conducir al son del HELIGOLAND hacia costas estigias, siguiendo las señales del estigma.

Es posible que sea el disco más difícil de oír de Massive attack, porque cada canción es un nuevo acto, no hay continuidad; y porque, en el fondo, solo hay cuatro o cinco Temazos. Rezo por ver algo de esta gira, porque el directo de este trabajo puede ser inolvidable. Luces, sonidos, sombras, denuncia social. Quien esté dispuesto a ir al sudoeste portugués a principios de agosto que cuente conmigo! Creo que este disco por fin ha entrado en mi cabeza, a ver ahora cómo y cuándo puedo sacármelo. Su sonido es pegadizo, vicioso y lleno de diminutos detalles maestros, fruto de una precisión instrumental digna del mejor rock: sus arpegios premonitorios y largas estructuras cortantes recuerdan a Tool. El Third de Portishead, bastante similar también, abrió un camino inhóspito que el HELIGOLAND recorre con mayor seguridad. Es el trip-hop del siglo XXI? O tan solo el lento y nostálgico alejamiento hacia la electrónica? El tiempo lo dirá.


Atlas air

Girl I love you

Paradise circus

BOWERY ELECTRIC



No es tan lagro el trecho que separa al shoegaze del trip-hop, y éste ha sido recorrido, en cuatro etapas y seis años, por este dúo de NYC. En 1994 parecía todo dicho en la escena más apática y lánguida del rock eléctrico, pero Bowery electric nacía para desarrollar una sorprendente evolución electrónica de la retórica oscura y reverberada del sonido shoegazing.

En su debut (Bowery electric, 1994) marcan el inicio con una propuesta académica, potente y "adecuadamente aburrida": voces melancólicas y sombrías, largas distorsiones pendulantes y un comandante y melódico bajo acompañan a ese ritmo pegajoso y tentador del que nace el rap y la elegancia del trip-hop que inventaba Miles Davis, Herbie Hancock o Geoff Barrow (Portishead) desde hacía un par de años. El duo Lawrence Chandler - Martha Schwendener contó con un batería de mano experta y cansina, encarnando el latir cadencioso que, más tarde, sería robotizado; un latir que nace y muere bien cerquita de Gales, en el corazón de Bristol y de Beth Gibbons.

Lo que siguió de Bowery electric fueron dos discos de experimentación electrónica (Beat, 1995; Vértigo, 1997): la luz, poco a poco, va entrando en los dilatados compases, y el teclado esconde, gradual y educadamente, a guitarras y pedales. Batería en extinción: una simple base y el bajo marcarán la pauta. Pero, sobre todo, experimentación (incluso remixes) y entrada de luz.

Nada más poner el esperadísimo LUSHLIFE te das cuenta de que tienes algo bueno entre manos. No han perdido el tiempo en estos tres años. Un nacarado trip-hop emana (y sorprende, por delicado) de la armoniosa conjunción instrumental. El nuevo sonido se basa en estructuras domadas, refinados arreglos de azulado fondo, sutiles gotas de eléctrica, y en el mismo bajo de siempre, potente y rompehielos. El ritmo, marcado por una base de aguja de zafiro y surcos en stereo, es 100% trip-hop, 100% Bristol. El LUSHLIFE es, seguramente, la última gran noticia en esta escena en los últimos 10 años: un sonido tan tenue que resulta cuasi imperceptible, cuasi perecedero ante la luz del nuevo siglo.

En resumen, quien (como yo) disfrute con Bethany curve disfrutará con el primero de Bowery electric; quien (como yo) ame a Portishead por encima de casi todas las cosas de este sucio mundo, disfrutará con el LUSHLIFE de Bowery electric. Lushlife

Floating words

DEAD MEADOW



Coincidencias; o es que la genialidad va por familias.

The wire, última temporada: McNulty visita a sus hijos, ya adolescentes, que apenas le prestan atención. Uno juega a la consola; el otro acaricia su eléctrica, tras dar un concierto al que McNulty no asistió. Está decepcionado, apenas le mira y rechaza hacerle una demostración, a destiempo, de lo que hace con su grupo. McNulty va perdiendo su sonrisa y no acierta a bromear con la música que suena en la habitación: "Qué grupo es ese?" pregunta, "Dead meadow" responde su otro hijo, el de la consola. "Dead metal?", "No! Meadow, Dead meadow". "Y qué pasó con los Ramones...?". Ante lo cual los dos hijos se miran, tristes y avergonzados.

Y es que Jason Simon, vocalista de Dead Meadow, es el sobrino de David Simon, genio creador de The Wire y de Treme. Yo sabía que me sonaba de algo este grupo, y ahora por fin sé el por qué. El grupo nació antes que la serie, y creció en solitario e independiente hasta formar parte de la cartera de grupazos de Matador Records.

Provenientes de un sonido que recuerda al mismísimo Jimi Hendrix, Dead Meadow evoluciona hacia un rock maduro y experimentado, hacia un sonido calmado y potente en su pose, y que sabe a elixir de reconstrucción interior, a terapia de autosuficiencia. Los rifs de guitarra, los cambios de ritmo de la batería, los punteos con guagua y el claroscuro que evoca la conjunción de éstos con el bajo alcanzan la brillantez en sus dos últimos discos (Feathers, 2005; OLD GROWTH, 2008).

La arrogancia en la voz de Jason casa perfectamente con el sonido provocador y semiacústico de las cuerdas, y con el ritmo soberbio, prepotente, con la inmensa llanura estival que crea la batería. Si el Feathers es, seguramente, la consagración del sonido de este grupazo, OLD GROWTH es una pequeña demostración más de la progresiva dilatación de los horizontes musicales de los de Washington DF.

Un sonido particular, atractivo y que genera cierta adicción. Gustará a quien pueda pasar de un dico a otro de Pearl jam sin disminución de entusiasmo, a quien disfrute con Morphine, Calla, Pavement, o con el punto de dejadez de Richard Ashcroft (The verbe). Disfrutará con el FEATHERS y con el OLD GROWTH de Dead Meadow el verdadero amante del rock. De ese al que apenas se le pueden poner apellidos.


Let it all pass

What needs must be

At her open door

iLiKETRAiNS



Estos ingleses parecían un grupo más de post-rock instrumental hasta que Guy Bannister abrío la boca. Los solitarios punteos, el acompañamiento distorsionado y la batería en íntima progresión no son lo que más distingue a iLiKETRAiNS entre otros muchos grupos parecidos. Cuando Guy no canta/declama todo parece normal, hasta anodino: el sonido nos recuerda a Explosions in the sky, a Yndi halda; pero apenas ocurre, por suerte.

Cuando Guy canta/declama, a modo chansón francesa, o emulando al gran Leonard Cohen, con su voz profunda, sabia y en la más absoluta y derrotada paz. Después los instrumentos, como impulsados por el escondido halo de esperanza que hay tras la voz, se revolucionan y buscan ellos también la gloria: una brillante y, a veces, resplandeciente batería de platos ligeros y redobles de caída libre es el oscuro telón de fondo de una guitarra y un bajo cargados de ilusión y de esa sensación tan cálida de que siempre hay un mañana.

Pero sobre todo es la voz, su forma de cantar, el profundo olor a muerte digna, a tierra mojada al amanecer que desprende. La imagen que evoca el baile de su tono, de montañas y verdes valles desiertos de vida occidental, y de problemas sin solución. Por triste y decaída que pueda ser, es un faro en la oscuridad. Es una voz que parece tan poderosa, que diría que el resto del sonido nace de ella, de su voluntad, que los instrumentos no son más que sus extremidades ocultas, las de un cuerpo fuerte y recio oculto por la sombra.

Pese a la cercanía con cualquier otro grupo de post-rock instrumental, iLiKETRAiNS no lo es. Muy del agrado de quien adore a Mogwai, aunque más limitados y vocalistas, o a September malevolence. Quien difrute con Piano magic, con los abismos de Hope of the States y con el súper-eco desarrollado del rock progresivo disfrutará, sobre todo, con el ELEGIES TO LEASSONS LEARNT de iLiKETRAiNS, algo más generoso que el anterior y también cojonudo PROGRESS REFORM (pero no tan refinado).


Twenty five sins

The deception

Spencer Perceval

MOJAVE 3



Parece como si aquel verano de 1995 Neil y Rachel se hubieran quitado un gran peso de encima. En febrero publicaban ese último, enigmático y pseudoelectrónico Pygmalion con Slowdive, y para octubre parecían haber ya superado esos traumas, heridas y dudas existenciales que parecen habitar en el interior mismo del shoegaze.

Las voces y el alma de Slowdive encontraron la paz aquel verano, dejaron algo atrás, algo roto y luminosamente sombrío que ya no volvería. En octubre, el océano musical del eco de las eléctricas se había calmado tras la tormenta, y el mismo susurro cantaba ahora el sonido de un nuevo día, de una nueva era.

ASK ME TOMORROW, de los rebautizados Mojave 3 abandona por completo la senda de la electrónica, para entrar de puntillas en una especie de dremapop americanizado, con interesantes influencias de grandes artistas que han evolucionado el country y el folk (desde Bob Dylan a Leonard Cohen, pasando por Nick Cave, Tom Waits o Neil Young). Inconfundibles sus voces, su hermanamiento y fascinación por el acompañamiento coral y su ritmo meloso. Pero ahora la batería solo marca el lento pasar de los minutos, como no queriendo molestar. Pocos efectos, cero artificios: Mojave 3 es natural y fluye tranquilo entre arpegios acústicos, violines y un piano que convierte en himno más de un tema.

El camino que sigueron se adentra aún más en un pop equilibrado y cada vez más alejado de las raíces de Rachel y Neil. Pero quien disfrute con los arriba mencionados, con Lambchop, con lo más tranquilo de Yo la tengo, con el Boy with the arab strap de Belle & Sebastian, con José González, Iron & wine, Bon Iver o Cat power, disfrutarán con el ASK ME TOMORROW de Mojave 3. Los que amen el lado oscuro de Slowdive, o a Bethany Curve, lo encontrarán interesante, pero ya. Unos que obtuvieron la paz...


After all

Sarah

Mercy (un paso más)

BARK PSYCHOSIS



El término "post-rock" fue utilizado por primera vez por Simon Reynolds (de la revista Mojo) en 1994 para describir el album HEX de Bark Psychosis. Lejos de los ruidos del noise y de los últimos coletazos del auténtico grunge, esta banda inglesa, personalizada en el genial Graham Sutton, nos regala un sonido acristalado, como de eterno atardecer, donde hay espacio para la cómoda experimentación, pero también para melodías dulces, envueltas en un suave y enigmático susurro, y para tímidas notas de jazz, ocultas tras una odenada y precisa variedad instrumental. Sus canciones parecen planear (a veces casi silenciosas) sobre nosotros, desnudas y delicadas, y parece que pueden romperse con un solo soplido

Diez años después Sutton volvió a rodearse de músicos para editar su segundo y, hasta ahora, último LP, CODENAME: DUSTSUCKER, con un sonido más concentrado y un poco más electrónico.

Aquellos que disfruten con la parte tranquila de Yo la tengo, con iLiKETRAiNS, Mogwai, Slowdive, Bethany Curve, Piano magic, o incluso con Low o Arab Strap, disfrutarán con el HEX y con el CODENAME: DUSTSUCKER de Bark Psychosis.


Big shot

Eyes and smile

The black meat

TRISTEZA



Desde San Diego (CA) nos llega el primer grupo de Jimmy LaValle (The Album Leaf): un sonido instrumental post-rock que coquetea con la electrónica que sí se cultivará en The Album Leaf. Es una música cercana a Explosions in the sky, pero sin el previsible encanto de su melodía progresiva. Tristeza camina tranquila sobre una batería sutil y delicada, pero constante en su empeño de anestesiarnos, camina sobre arpegios y puntiagudas notas de (A) COLORES. No sabes bien dónde ha empezado todo, ni imaginas cómo acabará, pero tu mente viaja tranquila por las cálidas laderas del interior de un caleidoscopio gigante.

Aquellos que disfruten con Sigur Rós, Múm, The Evpatoria report, Mono, Boards of Canadá, Early day miners, Four tet o incluso con Nathan Fake, disfrutarán con el A COLORES de Tristeza.


Balabarista


La tierra sutil